ZETA recoge los primeros relatos de Manuel Vilas en un libro nuevo que rinde homenaje a su literatura
Zeta
Manuel Vilas
Los dos primeros libros de relatos de Vilas totalmente corregidos y reescritos por el autor, reunidos en un solo volumen para crear un libro nuevo que homenajea su primera literatura
Zeta es una explosión pura y dura de literatura levantada sobre un
misticismo sucio que busca conocer cuáles son nuestros males más pro
fundos y qué somos como sociedad. Su escritura es mágica y, a la vez,
sublime y terrible. Su universo gótico y existencial se encuentra lleno
de símbolos, lleno de seres sobrenaturales, lleno de electrodomésticos
que hablan. Es un libro disolvente, personal, inasumible, ácido y negro.
Un Manuel Vilas rebelde, pleno de fantasía y de humor que nos inter
na en su primera literatura a través de un libro escrito por un Kafka
triturado por el pop.
DEL PRÓLOGO DE MANUEL VILAS
¿Quién era Manuel Vilas, es decir, yo mismo, cuando escribí Zeta? Era un hombre de unos treinta y ocho años;
no era el Vilas genuino (¿genuino?, mira que eres cursi) de libros posteriores: libros de poemas como Resurrección
(2005) o de novelas como España (2008) y Aire Nuestro (2009). Porque Zeta se escribió en torno al año 2000.
Vilas en Zeta era otro tipo de escritor, y Zeta es un libro singular que tiene su propia veta literaria, es decir, que no
se trata de un anticipo o de un embrión de mis libros posteriores, sino un libro de un Vilas completamente distinto
y con personalidad propia. Por eso, me apetecía sobremanera que se reeditara este libro. Por una sencilla razón: mis
lectores no lo conocen. Muchas veces me preguntan por él al verlo citado en mi bibliografía y me comentan que
no lo encuentran en ninguna librería. Y la verdad, hermano, merece muchísimo la pena que conozcas este libro
porque te va a dejar noqueado. Da igual que esto lo diga quien lo ha escrito: todo ya está permitido, en un sentido
dostoievskiano.
Zeta es un delicioso libro de relatos sentimentales, de ternura, de realismo social, de bondad cristalina, de exal
tación humanista de la vida española, de cariño profundo a la patria chica, donde la naturaleza, con sus arbolitos y
sus riachuelos, es la protagonista. Sí, es para partirte la cara.
Zeta es un libro sobre la desolación y Zeta es el nombre literario que yo di a la ciudad de Zaragoza en este libro.
Zaragoza, que es la ciudad en la que vivo, había sido llevada a la literatura bajo los acueductos del casticismo, del
costumbrismo, de la solemnidad sentimental, del romanticismo, es decir, de la alta cultura, es decir, de la cursilería.
Como mucho, había habido una representación literaria basada en el costumbrismo pop de la ciudad de Zaragoza.
Todo era muy Mesonero Romanos. Que no sabes quién era Mesonero Romanos, pues el Jefe del costumbrismo
de la literatura española. Mesonero era el Comandante del costumbrismo, y Larra era el Capitán General del cos
tumbrismo español. Y en los siglos XX y XXI las representaciones literarias de Zaragoza, en mi opinión, no eran
más que actualizaciones del costumbrismo de toda la vida. Yo a esas actualizaciones las llamo costumbrismo pop.
Pero lo mismo ocurría con todas las ciudades españolas, eso no era, en absoluto, patrimonio de Zaragoza. Pasaba
lo mismo con las representaciones literarias de ciudades como, yo qué sé, Sevilla, Toledo, Granada, Soria, Valencia,
Bilbao, Burgos, Teruel, La Coruña, Pamplona, Logroño, Pontevedra, Ciudad Real, Albacete, Córdoba, Ceuta y
Melilla, y por supuesto Madrid y Barcelona. Y Badalona. Yo respeto esa actualización pop del costumbrismo, me
parece perfecto. Cualquier cosa en literatura tiene validez. A mí todo me parece perfecto, hermano, ¿no ves que me
quedan cinco minutos y probablemente a ti diez en el mejor de los casos, porque igual te quedan menos que a mí,
o sea tres, o dos, o uno o ya nada? No obstante, a mí eso no me servía. Yo quería otra cosa, y esa otra cosa es Zeta.
Yo quería el caos, la muerte, el dolor inconmensurable, la exaltación de la pobreza, la distorsión, la degeneración, la
demencia, la ficción asesina, la fantasmagoría, el humor que quema, yo deseaba que Franz Kafka viviese en Teruel, y
todo eso quería que se fundiese con la ciudad en la que estaba viviendo, con Zaragoza. Y eso es Zeta. De modo que
Zeta no es Zaragoza: es y no es, eso era lo que yo buscaba, un ser y no ser, algo muy cervantino.
Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y su obra lírica se ha compilado en Una
sola vida (2022). Su obra narrativa la inicia España, a la que le siguen otros títulos
como Aire Nuestro y libros de relatos como Setecientos millones de rinocerontes. Es
autor del libro de viajes América. Entre sus novelas destacan Ordesa (2018), que
fue traducida a más de veinte lenguas, elegida libro del año por Babelia y obtuvo el
Premio Femina, concedido en Francia a la mejor novela extranjera; Alegría (2019),
traducida a varias lenguas, fue finalista del Premio Planeta; Los besos (2021); Nosotros,
galardonada con el Premio Nadal de Novela 2023; El mejor libro del mundo (2023),
así como Islandia (2026).
Colabora con El País, La Vanguardia, RNE y la Cadena SER.
ENTREVISTA
Después de tantos años, vuelve a los inicios de sus mecanismos na
rrativos en prosa. ¿Cómo se ha sentido con este ejercicio de “arqueo
logía” del Vilas que no es “ni por asomo”? ¿Se reconoce?
Al principio me costó reconocerme. Pensé que Zeta eran mis comienzos
como escritor, pero me equivoqué. No son mis comienzos. Yo en Zeta era
otro tipo de escritor, y mi sorpresa ha sido positiva. Y sí que me reconozco,
y celebro la aparición de este libro, que va a dejar ojiplático a muchos. Zeta
no fue leído ni atendido en su día, por muchas razones; ninguna de las
cuales tiene que ver con la literatura. Me importa insistir en esta idea: Zeta no son mis comienzos. Zeta
fue una manera de ser escritor que no continué por razones que se me escapan. Y esa razones misteriosas
hacen grande a la literatura.
¿Cómo ha articulado desde el amor que declara hacia sus obras la corrección y el ensamblaje de
Z Y Magia?
Los dos libros hablan de Zaragoza. Yo quería darle a Zaragoza un baño de posmodernidad, convertirla
en una Gotam, y los dos libros inventaban una Zaragoza alternativa, llena de reflexiones existenciales,
de crítica al capitalismo, y aparecían personajes dolientes, y fantasmas y vampiros y pisos oscuros con
espacios teológicos y barrios con seres sobrenaturales. Y los electrodomésticos y los coches y los autobuses
urbanos se ponían a hablar. Era un gótico existencialista lo que hice con Zaragoza. Quería extender la
percepción de la ciudad. Quería convertirla en una Comala de casi un millón de habitantes. En cualquier
caso era un intento de hacer con la ciudad algo completamente distinto a lo que se había hecho hasta
entonces. Creo que las ciudades en la que hemos vivido se merecen mirarlas desde otro ángulo distinto a
como las miraron quienes nos precedieron.
Z., Zaragoza. Cualquier ciudad. O cualquier juventud atravesada por la vida. ¿Corren en para
lelo las explosiones de la escritura y de la existencia en una suerte de “hojas de oro”, o como diría
Rimbaud: “¿No tuve yo alguna vez una juventud amable, heroica, fabulosa, como para escribirla en
hojas de oro? ¡Demasiada suerte!”?
Yo quería que el orden estallara en mil pedazos a través de la literatura. Sí, era una actitud muy rimbal
diana, muy rebelde, pero llena de fantasía creadora. Y de humor. Era literatura reinventándose.
“Disolvente, personal, ácido, negro, inasumible, inaceptable”. ¿Prosiguen esos adjetivos en su
obra, en su poética, en su mirada de la literatura, “su sirvienta fiel”? ¿Qué hay de ese Kafka tritura
do por el pop?
Esos adjetivos deberían de rondar más la literatura actual. Históricamente han sido los adjetivos de la
literatura de vanguardia del siglo XX. Kafka es el escritor más grande que ha pisado este planeta. No me
extrañaría nada que ahora esté escribiendo en otro planeta. Warhol pintó a Kafka. Warhol solo pintaba
lo decisivo: Kafka, Marylin y Elvis. Solo Kafka sabía qué demonios hacemos en este mundo y no nos lo
quiso decir del todo, para no asustarnos. Hacemos literatura burguesa, eso es lo que hacemos todos. Y
es una gran literatura, está llena de premios nobel, y es la gran literatura de estos tiempos. Pero una vez
yo intenté no hacer literatura burguesa, y esa vez fue Zeta. Sin embargo, ahora que lo pienso ni Kafka ni
Joyce hicieron literatura burguesa. Esa la hizo Proust, al que adoro. No hay certezas en la historia de la
literatura, como tampoco las hay en la vida.
Lo biográfico y lo literario. De la mano, pese a todo y pese a todos. Y por encima de ello su in
quebrantable fe en la vida. ¿Es este eje, camino, es este todo, desde Z que sigue siendo su creencia
inmutable?
Mi libro Zeta es muy corrosivo, y muy cinematográfico, muy visual. Puede que en este libro el humor
sea superior al amor. El amor a la vida vendría años después. En Zeta domina el sarcasmo inapelable,
la indigencia feroz de la condición humana, la intemperie de nuestra especie. ¿Por qué tenemos alma y
conciencia?, esa es la pregunta de Zeta. Los narradores de Zeta viven obsesionados con la finalidad de sus
vidas. No saben por qué están en este mundo y para qué. Por cierto, ¿alguien lo sabe?
Manuel Vilas

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