El palmarés de la V edición de Espígol Fest reivindica la defensa del medio rural

El festival de cine de Herbers supera con creces el millar de asistentes y refuerza su papel como punto de encuentro del audiovisual valenciano Herbers ha puesto fin a la quinta edición de Espígol Fest con una gala de clausura marcada por el humor y la proyección de No als poalets, de la directora Laura García Andreu. El festival cierra una edición que ha superado el millar de asistentes, ha reunido a destacados profesionales del sector audiovisual valenciano y ha consolidado un modelo de crecimiento sostenible, manteniendo el equilibrio entre programación, participación vecinal y visitantes. "El festival ha logrado un crecimiento sostenible y un buen equilibrio entre actividades, proyecciones y público asistente", destaca Pau Guillén, director del certamen. La programación en Herbers ha finalizado, aunque Espígol Fest continuará durante los próximos días con las tres últimas proyecciones de Més Espígol Fest, la extensión del festival que este año llega a Coratxà, Mont-roig y Morella. Esta iniciativa, una de las principales novedades de la quinta edición, nace con el objetivo de ampliar la propuesta cinematográfica centrada en la ruralidad, los derechos humanos y la cultura más allá de la localidad anfitriona. "No solo queremos dinamizar Herbers, sino contribuir a crear una red de actividades que ayude a revitalizar también las poblaciones de nuestro entorno", explica Daniel Pallarés, alcalde de Herbers. Durante toda la edición se han celebrado cerca de una treintena de actividades, entre proyecciones, encuentros profesionales, coloquios y propuestas culturales. El festival ha vuelto a superar el millar de asistentes, manteniendo el equilibrio entre la implicación de los vecinos y vecinas de Herbers, su principal público, y la llegada de visitantes atraídos por el certamen. "El año pasado ya superamos esa barrera y este año la participación ha sido todavía mayor. Pero no se trata de crecer por crecer, sino de hacerlo con sentido y manteniendo el equilibrio", señala Javier Vilalta, vecino de Herbers y director de Àmbit, entidad organizadora del festival. Herbers como espacio de encuentro del audiovisual valenciano En sus cinco ediciones, Espígol Fest se ha convertido en un punto de encuentro para profesionales del audiovisual valenciano gracias a actividades abiertas tanto al sector como al público general, como la IV Trobada de Guionistes o la presentación final de los proyectos de la Residencia de Escritura de Guion. En estas actividades participaron la actriz y presidenta de la Acadèmia Valenciana de l'Audiovisual, Gloria March; la presidenta de EDAV, Teresa Cebrián; la guionista María Mínguez; el director y productor Óscar Bernàcer; la responsable de contenidos de CaixaForum, Isabel Puig; y representantes de Morella Negra com la Trufa, entre otros profesionales. Estos encuentros han servido además para cerrar nuevos acuerdos de colaboración que permitirán seguir impulsando Herbers como espacio de creación audiovisual. Entre ellos, la confirmación de la segunda edición de la residencia de guion en 2027 y un convenio para facilitar estancias de escritura a guionistas de diferentes puntos del territorio. Un palmarés comprometido con la ruralidad y el territorio El cortometraje Una mujer que conoció que se llamaba Yudita, del asturiano Rodrigo Agüero, obtuvo el Premio al Mejor Cortometraje del Jurado Oficial. El jurado destacó "su mirada sobre la vida rural y su defensa, tanto en el fondo como en la forma de los hablares propios". El Premio Espígol Nest al Mejor Guion fue para el documental El ressò de la mirada, de Carles Bover. El director agradeció este reconocimiento "poco habitual para un documental" y aprovechó su intervención para denunciar el genocidio del pueblo palestino por parte de Israel y la indiferencia de la comunidad internacional, en línea con el contenido de la obra. El Jurado Xeic concedió el premio a la Mejor Obra Valenciana a MAT (Molt Alta Tensió), de Joan Alamar, destacando su denuncia del uso extractivista del medio rural mediante la implantación de actividades contaminantes o peligrosas que dificultan la vida en los pueblos del interior. Por su parte, el premio a la Mejor Obra Rural recayó en Marxar, de Inés García-Mertín y Marta Herrero. El jurado valoró que, en apenas un minuto de duración, el cortometraje logra transmitir "con escenas sencillas y frases breves, pero muy contundentes, el drama de la despoblación que afecta a buena parte del medio rural". El Premio del Jurado Joven fue para Raxnaquil K'asleman: Plenitud de la vida, de Anna Pla-Narbona, por transmitir, sin recurrir al dramatismo, "un mensaje contundente sobre las consecuencias de un modelo basado en la globalización, la explotación de los recursos y la destrucción del territorio". El Jurado Joven concedió además una mención especial a El Mocador de Seda, de Mar Molina, por "la sensibilidad con la que pone el foco en una realidad a menudo invisibilizada: la vida sentimental de las personas mayores en los pueblos pequeños". El Premio Diversidad reconoció a Madre moderna, de Olga Fernández, por representar la diversidad de manera natural a través de un protagonista sordo sin convertir esa circunstancia en el eje de la narración. El Premio Àmbit Centros Penitenciarios, otorgado por las personas internas del Centro Penitenciario Castellón II de Albocàsser, fue para Ser un hombre, de Lucas Parra. Finalmente, el Premio del Público, convocado por primera vez en esta edición, fue para Pálpito, de Marisa Crespo y Moisés Romera, que obtuvo una valoración media de 4,75 puntos sobre 5.

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