LOS ELEGIDOS, una novela emocionante y nada convencional de Nando López sobre las caras del amor y la identidad sexual en la época del franquismo
Editorial Destino. 512 páginas
Rústica con solapas: 20,90€ Electrónico: 8,99€
Eligieron arriesgarse. Eligieron combatir.
Eligieron atreverse a ser a pesar de las consecuencias.
Eligieron la coherencia y el compromiso.
Y eligieron la poesía, el teatro y el cine para que se escucharan sus voces.
Ellas y ellos son los «elegidos».
Nando López construye en LOS ELEGIDOS una novela emocionante y nada convencional sobre las distintas caras del amor y la identidad sexual en la época del franquismo. En un país sometido por el miedo y la represión, donde era imposible
vivir libremente la homosexualidad, los protagonistas de esta historia, Asun y Santos, inventan una forma de amar y vivir nada convencional. Un mundo propio construido gracias a los pasajes de sus «elegidos», cinco libros teatrales que los acompañan en su clandestinidad.
«¿Por qué en este país no se lee a Alberti, ni a Hernández, ni a Cernuda?
¿Cuántas veces más van a matar a Lorca?»
Así, con ese grito, empezó una revuelta que marcó los años 54 al 56. Y así nacieron LOS ELEGIDOS.
NOTA DEL AUTOR
«A las personas LGTBI+ nos preceden demasiadas luchas, demasiadas vidas, demasiados nombres que han caído en el olvido de la Historia -porque la Historia a
menudo es ingrata con quienes la construyen- como para traicionar su memoria callando ante quienes atentan contra su legado.
En 1954, la modificación del artículo 6º de la Ley de Vagos y Maleantes incluyó
a los homosexuales, que desde ese momento fueron perseguidos, torturados y
encerrados en cárceles y campos de concentración como el de Tefía
(Fuerteventura). Si he pasado los últimos siete años documentándome y
escribiendo Los elegidos es porque necesitaba arrojar luz sobre esa lucha. Sobre
esos nombres con los que, desde la ficción, quería homenajear a quienes
estuvieron allí. Jugándose la vida para que hoy podamos disfrutar de unos
derechos que no habríamos conquistado sin el camino que, desde la oscuridad
en quisieron encerrarlos, intentaron abrirnos.
Santos no es real. Ni Asun. Ni Miguel y Alonso. Ni Carmen o la Teodora. Ninguno
de los protagonistas de esta novela lo es, pero sí son reales tanto los secundarios
que los rodean como los hechos que atraviesan esta historia. Del mismo modo
que sus palabras recrean y literaturizan las de quienes me han ayudado a
documentarme en estos años, compartiendo conmigo experiencias y recuerdos
que no siempre les ha sido fácil desenterrar. Las palabras de quienes me pedían
cambiar sus nombres para contarse y que, al mismo tiempo, insistían en cuánto
les importaba que su lucha perviviese a través del relato.
Este libro nace de esa doble voluntad: por una parte, la de devolver el nombre y
la dignidad a quienes, como Santos, no pudieron vivir su identidad a plena luz,
siempre bajo la amenaza de leyes que criminalizaban su existencia; por otra, la
de reivindicar el poder de la ficción y, en concreto, la fuerza y la necesidad de la
poesía, el teatro y el cine para remover conciencias y convertirse en las armas
cargadas de futuro de las que hablaba Celaya.
En este ahora, en el que hay voces que cuestionan libertades y derechos
ampliamente peleados, necesitaba volver la vista atrás para recrear las luchas
sobre las que se ha construido nuestro hoy y que nos recuerdan por qué el
silencio, la equidistancia y la indiferencia jamás son una opción.»
¿QUIÉNES SON LOS ELEGIDOS?
Los «elegidos» en esta novela son —en primer lugar— los 5 libros que Santos
esconde bajo su cama. Cinco libros que comparte con Asun en las noches en
que buscan el modo de construir una historia de amor que solo admite los
adjetivos nacidos de esos textos teatrales, con los que inventan juntos una
realidad sustentada en la fuerza de sus 5 protagonistas:
- La Rosaura de Calderón
- La doña Rosita de Lorca
- La señorita Julia de Strindberg
- La Antígona de Sófocles
La Salomé de Wilde
Ninguna de esas elecciones es inocente: al revés, todas ellas nacen de la
necesidad del bibliotecario de definirse y expresarse a través de autores con
quienes, como Lorca o Wilde, comparte lucha por una libertad imposible.
También Santos, como Lorca, será perseguido por «rojo y maricón», con el
mismo desprecio con el que uno de los verdugos del poeta granadino presumió
de haberle quitado la vida.
Pero los «elegidos» no son solo esos cinco libros que estructuran esta novela —
dividida a su vez en cinco partes en las que cada una de ellas está presidida por
una de esas mujeres literarias, del mismo modo que la vida de Santos sería
imposible de explicar sin Asun—, sino que son también todas las personas que,
como el matrimonio que protagoniza esta novela, lucharon durante el
franquismo por unos derechos que entonces ni siquiera era posible soñar
y que hoy, gracias a su esfuerzo y a su valentía, disfrutamos.
La presencia a lo largo de esta novela de figuras como Alfonso Sastre, Gerardo
Diego o Juan Antonio Bardem, así como las alusiones a Lorca, Machado,
Hernández, Sánchez Ferlosio u Ortega y Gasset, no son tampoco casuales.
El libro está construido desde las referencias históricas y culturales de esos años,
siguiendo de manera escrupulosa la cronología real y buscando en ella la
cotidianidad de las vidas que, junto a esos grandes nombres, pelearon por
desamordazar a una sociedad sumisa y aletargada.
Los «elegidos» son los tachados por la Historia. Los condenados a vivir en el
margen por los guardianes de la moral. Los hombres y las mujeres que no se
conformaron con el simulacro de vida que les permitía la dictadura y que, desde
sus respectivos ámbitos personales y profesionales, trataron de abrir caminos
que fueron imprescindibles para que la democracia actual —por imperfecta que
sea— exista.
EL ARGUMENTO
Asun y Santos se conocen una noche de enero de 1950 en el tablao en el que
ella canta coplas desde los diecisiete.
Él no solo no pertenece a su clientela habitual, sino que tampoco se parece a
ella. A sus recién cumplidos cuarenta, compagina su trabajo como bibliotecario
en el Ateneo, al que el Régimen había despojado de su naturaleza liberal para
convertirlo en un vehículo de propaganda franquista, con su labor como director
de un grupo de teatro universitario. Este último le permite captar a jóvenes para
su «tribu calderoniana», un grupo cercano a la Juventud Universitaria con el que
sigue las tareas y directrices impuestas por el clandestino PCE, al que Santos
pertenece junto con Carmen y Ginés, sus dos mejores amigos y dueños de
sendos negocios —una mercería, ella; una librería, él—, que les sirven de
tapadera para sus acciones políticas.
Del encuentro entre Asun y Santos nace una relación que pronto los convertirá
en un matrimonio. Nada más casarse, ella deja el tablao y se dedica a atender a
los jóvenes estudiantes a quienes alquilan una habitación en su piso de la calle
Bordadores. El bibliotecario, por su parte, continúa con sus labores en el Ateneo
y con sus actividades en la Complutense —entonces, la Universidad Central,
aunque extraoficialmente ya se la conociera con el nombre actual—, donde
empieza a gestarse un clima de protesta que encontrará en la poesía, el teatro y
el cine sus primeros cauces de expresión.
Tras la fachada de pareja convencional que Santos y Asun aprenden a construir,
se esconde una realidad distinta: él se casó con ella para aparentar ser un
«hombre de bien» y ocultar que es un «violeta» y que lleva años manteniendo
relaciones con hombres en espacios como las últimas filas del cine Carretas, los
urinarios públicos o los últimos vagones de metro. Solo Carmen y Ginés conocen
la verdad y le urgen a casarse con Asun: si alguien descubre lo que llaman «sus
costumbres», estarían en peligro tanto Santos como la causa que representa.
Asun, sin embargo, nunca ha sido ajena a su secreto y, a pesar de la
imposibilidad de una relación convencional, ambos encuentran un modo de
amarse que nace de su admiración recíproca: la de Asun por el conocimiento y
la pasión lectora de Santos; la de Santos por la fortaleza y el espíritu artístico y
coplero de Asun.
Juntos crean un vínculo diferente y un rito propio: cada noche, en la cama,
Santos le lee a Asun un pasaje de uno de sus «elegidos», cinco libros teatrales
protagonizados por otras cinco mujeres —la Rosaura de Calderón, la Antígona
de Sófocles, la Salomé de Wilde, la doña Rosita de Lorca y la señorita Julia de
Strindberg— en las que Asun se convierte para él. Su forma de vivir el sexo es
a través de esas palabras que los unen y que sustituyen al cuerpo que ambos
siguen compartiendo con otros hombres ajenos a su relación.
Pero todo se complica en el curso de 1954, cuando llegan a su casa dos nuevos
inquilinos: Miguel y Alonso. El segundo es hijo de Hernán, un cacique próximo a
la cúpula falangista, mientras que el primero se presenta a sí mismo como su
«medio hermano», pues su madre es una mujer que trabaja en casa del padre
de Alonso, quien lo ha «adoptado» como si también fuera su hijo. En cuanto
Santos y Asun comprueban que ambos son susceptibles de sumarse a la «tribu
calderoniana», les proponen unirse a un proyecto que Santos ha puesto en
marcha con gran emoción: su «función roja».
El objetivo es representar una versión libre de La vida es sueño en el marco del
Primer Congreso Nacional de Escritores, organizado por gente afín al Partido
Comunista. Lo que ninguno de los cuatro imagina es que se creará entre ellos
una relación que lleva a Asun a encontrar en Miguel el sexo que sueña
inalcanzable junto a Santos y que le permite a Santos experimentar con Alonso
la posibilidad de esa vida que a ninguno de los dos les está permitida. Sin
embargo, la inclusión —ese mismo 1954— de los homosexuales en la Ley de
Vagos y Maleantes volverá su situación más frágil y les exigirá una cautela que
ni la pasión nacida entre los cuatro ni su compromiso político les pone fácil.
Convencidos de la necesidad de remover las conciencias de un país sometido
por el miedo y la represión, los cuatro formarán parte de los «sucesos del 56».
Su implicación junto a la «tribu calderoniana» sellará sus destinos y serán
obligados a separarse en el mismo momento en que los grises derriben la puerta
de su piso de la calle Bordadores, ese lugar en el que ha sido posible una
realidad que no tiene cabida fuera de sus muros.
A partir de ese instante, Asun destinará todas sus fuerzas a buscar a los tres
hombres desaparecidos de ese piso —su marido y los dos medio hermanos—,
mientras que Santos tendrá que encontrar razones para seguir viviendo en el
infierno al que lo destierran: la Colonia Agrícola de Tefía (Fuerteventura), un
campo de concentración donde convivían delincuentes comunes, presos
políticos y «violetas» como él.
LOS PROTAGONISTAS,
ASUN
Su vida quedó marcada tanto por la prisión y posterior muerte de su padre,
represaliado por el Régimen, como por la lucha de su madre, la Reme, por
sacarlo de la cárcel —primero— y dar con su cadáver —después—. Su fracaso
en ambos empeños convierte a su hija en una mujer mucho más escéptica y la
dota de una fuerza interna que aplica a cuanto hace, convencida de que la vida
debe ser mucho más de lo que su difícil contexto le ofrece.
Dotada de una gran intuición —sus «avisos» la alertan sobre posibles
amenazas—, Asun encuentra en la copla un canal para expresarse a través de
las mujeres que, gracias a sus versos, se vuelve en el escenario. En cuanto ella
y Santos se conocen, los dos inventan un modo de vivir diferente, lejos de la
prosa de una existencia sin horizontes y donde comparten tanto la lucha política
activa contra la dictadura como la pasión por el teatro —que él inocula en ella—
y que Asun siente que le permite ser de un modo que nunca había
experimentado antes.
SANTOS
Bibliotecario en el Ateneo, aprovecha su trabajo y su buena posición social —
heredada de unos padres a los que perdió en su infancia— para captar a jóvenes
de familias generalmente acomodadas que puedan ser parte de la que él llama
su «tribu calderoniana», un grupo de universitarios con quienes realiza parte de
las tareas que le encomiendan Ginés y Carmen, siempre a partir de las
directrices del PCE.
A pesar de que sabe que su labor es importante, siente la necesidad de que su
nombre no quede en el olvido y piensa que solo si logra llevar a cabo alguna
acción reseñable podrá ocupar el lugar que su realidad le ha negado y que, sin
embargo, sí ocupan figuras a las que admira y con las que coincide en espacios
como el Club Tiempo Nuevo o las Cuevas del Sésamo.
Su día a día está marcado por el silencio y la ocultación. La imposibilidad de vivir
libremente su homosexualidad condiciona su vida y es la razón que lo lleva a
casarse con Asun, al tomar conciencia de que necesita una coartada que impida
que los rumores del vecindario sobre sus «costumbres» sigan avanzando. Sin
embargo, la llegada de Alonso a su vida acabará con esa rutina tejida de
anonimia y sordidez y le permitirá imaginar un futuro que su encarcelamiento y
posterior traslado a Tefía hará imposible.
Sobre el autor
Nando López (1977) es novelista, dramaturgo y Doctor Cum Laude en Filología Hispánica. En 2010 fue finalista al Premio Nadal con La edad de la ira, un long-seller convertido en serie televisiva con el que inició una sólida trayectoria narrativa en la que figuran Hasta nunca, Peter Pan, Presente imperfecto, Cuando todo era fácil o El sonido de los cuerpos. Galardonado con el Premio Triángulo Cultura 2022 por su compromiso social y literario y Premio Gran Angular 2020 por La versión de Eric, es también un reconocido autor de libros juveniles (El río de las primeras veces, Nadie nos oye) y sus obras teatrales se han estrenado en numerosos países. Además, ha abordado la creación audiovisual como guionista y productor ejecutivo de contenido en Red Flags, serie basada en una idea original suya.
Twitter: @Nando_Lopez_
Instagram: @nandolopez_autor

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