ANA ALBIOL pregunta si hay mayor sufrimiento que vivir una vida que no quieres y responde con su nueva novela, A MUERTE COL LA V.I.D.A.

Editorial Espasa. 312 páginas

Rústica con solapas: 17,90€ Electrónico: 8,99€


Tras el éxito de V.I.D.A. De un culo inquieto, Ana Albiol se preguntó si hay maor sufrimiento que vivir una vida que no quieres. La respuesta, o su respuesta a esta inquietud, está plasmada en su nuevo libro: A MUERTE CON LA V.I.D.A.


"Estoy totalmente perdida. No sé quién soy, a dónde voy, ni qué quiero hacer. Tonta sería si pasara por alto las resistencias que me estoy encontrando. Ya nos entendemos y lo he pillado. Por aquí no es. Renuncio a todos mis planes, me rindo y me abro a cualquier alternativa que me ofrezca la V.I.D.A.


Así recé, necesitaba ayuda, mirar dentro de mí con honestidad, porque en ninguno de los caminos que había elegido yo misma había hallado la libertad y plenitud que buscaba.


Ansiaba sentirme libre, cambiar y descubrir mis propias respuestas. Para conseguirlo he soltado, saltado y confiado para encontrar la libertad que soñé y seguiré haciéndolo. Cambiaré de vida tantas veces como sea necesario para seguir siendo libre y vivir la V.I.D.A. a muerte. ¿Y tú?


Suelta la estabilidad


"Suelto la preocupación por incomodarte o el temor a no parecer el ser de luz y amor incondicional que se supone que soy.


Suelto mis expectativas sobre tus expectativas, el jabón de Lagarto por la lengua por los tacos que me voy a permitir y la culpa de expresar desde cualquier emoción que te confronte.


Suelto el pánico a que mi pasión al comunicar y la firmeza en mis ideas sean confundidas con imposición o intolerancia.


Suelto, incluso, el objetivo de que te guste.


Soltar sin soltar no funciona."


Primer paso: Suelta.


Y para soltar quitate esos miedos que te acompañan. Di adiós a ese miedo a que salga mal, di adiós a la autoexigencia exagerada, a lo que no es importante, a las prisas, a lo que te hace daño, a las excusas, a la culpa,... di adiós a lo que te ata.


"Incontables personas quieren darme consejos de estabilidad y felicidad aun cuando tienen formas de mirar, pensar y vivir muy diferentes a la mía. No sé si es por ignorancia, ceguera, falta de empatía o soberbia, pero me llama la atención que, antes de abrir la boca, no sepan ver que no soy ellos, que no pienso como ellos, y, sobre todo, que si no estoy viviendo su modelo de V.I.D.A. es porque no lo elijo."


Hola, dejadme vivir.


No es fácil soltar. La culpa del cambio muchas veces sirve de freno a la hora de continúar con el objetivo de dejar atrás aquello que no nos gusta o que necesitamos modificar.


Suelta Salta Confía


Ana Albiol, en el capítulo de la culpa nos cuenta la historia de sus perros y cómo ese culpa le frenaba en su cambio de V.I.D.A. y en seguir su capítulo a Bali.


"—Ana, ¿qué sientes al verlos delante de ti, sabiendo que quieres irte a Bali y que vas a dejarlos unos meses con tu amiga y su familia?

Mucha culpa y tristeza. Siento que soy egoísta por anteponer mis necesidades a las suyas y que los estoy abandonando. Me duele el corazón, me da vergüenza, soy una zorra desalmada.

Rompí a llorar.

Muy bien, ahora te invito a que cambies de silla y te sientes en la de Pepa. Ponte en sus zapatos, como si fueras la perra, y fíjate en cómo se ve la situación desde ahí. ¿Qué puedes percibir?

La perra está encantada con la idea, porque en mi casa no entra el sol. En la terraza de Irene se torra a pata suelta y puede hacer carreras con Paco. Con ellos nunca se quedan solos en casa y yo hay días que salgo a trabajar durante horas. Además, los pasean por el campo, tienen chimenea y sofá cuando quieren y son los mimados de la casa. Cree que me vendrá bien el viaje porque me nota un poco estresada y dice que lo he pagado con ellos. La perra vota porque me vaya.

Seguía llorando.

Muy bien, tranquila. Ahora te pido que te pongas en la silla de tu izquierda y veas la situación como una simple observadora. ¿Qué está pasando?

Veo a una chica que intenta dar lo mejor a esos perros a la vez que quiere elegirse a sí misma. Está tan cegada por la culpa que no es capaz de ver las opciones con perspectiva.



Salta a pesar del miedo


Hemos normalizado una existencia gris, corriendo en la rueda del hámster para llegar a poseer un quesito que, casi seguro, no nos saciará. Hemos normalizado que no nos guste lo que hacemos y, sin embargo, continuamos.


Si no quieres hacer lo que haces ni estar donde estás, la V.I.D.A se convierte en una jaula que, aunque la adornes con flores y flecos, acaba pesando.


No creo que puedas contribuir a la felicidad de los tuyos si no eres feliz. Quizá lo consigas por un tiempo a base de esfuerzo y renuncias pero, a largo plazo, vivir de mentira atenta contra tu propia VERDAD. Y sin verdad, no hay sentido.


Segundo paso: Salta


¿Por qué hay que saltar? Para acercarte a lo que quieres, para vivirlo a tu manera, para creer en la magia, para experimentarlo todo, para descubrir tu verdad y cuestionarlo todo. Al saltar miras por ti, hablas alto y claro y juegas a ser libre. Decides tu vacíos, te eliges aunque duela, sales de tu zona de confort y aprendes a expresar el miedo, el silencio y a dejarte estar.


¿De qué te quieres alejar?


¿Qué quieres mantener?


¿A qué te quieres acercar?


"Me quiero alejar de lo que no funciona para mí, de esforzarme para que me acepten y me quieran, de la idea de perfección y su amiga la autoexigencia, del látigo, de creer que no puedo o que no soy suficiente, de decir «sí» cuando siento «no», de la culpa por traicionarme, del amor que duele, de la comodidad que me estanca en lo conocido, de todos los hábitos que no me nutren, de las elecciones que no me cuidan, de mi necesidad de control y mis expectativas, de mi techo de cristal y de la identidad que ya no me define.


Quiero mantener mi alegría, mi sentido del humor y mi forma de jugar con todo. Mi pasión al hablar, mi intensidad al sentir, las ganas de vivir, la ilusión por lo nuevo, la curiosidad por todo, la empatía hacia los otros, la valentía para arriesgar, el compromiso con mi crecimiento, la vulnerabilidad que me hace humana, la resiliencia que me ayuda a levantarme cada vez que me caigo, y cada vez más sabia, mi capacidad de acción a pesar del miedo y mi forma de ir a muerte en el proceso.


Me quiero acercar al desapego para soltar lo que me lastra, a la flexibilidad para no romperme cuando no es como yo quiero, a la autenticidad para no perderme, a la paciencia para construir a largo plazo, al silencio para poder escucharme, a la serenidad para calmar mis aguas, a la observación para entenderme, al perdón y a la compasión para abrazarme, a la fe para confiar en lo que no depende de mí, al amor propio para elegirme y a la libertad para vivir la V.I.D.A. que siempre soñé."


Confiar es una manera de estar en el mundo


En dos años he vivido en diez lugares diferentes, he publicado un libro sin saber quién soy, me he arrastrado por migajas de no amor con un narciso, y como mis amigos están repartidos por todas partes, he hecho malabares para verlos.


He sentido que la V.I.D.A. es un plan perfecto que no entendemos y en el que solo podemos confiar. Cuánto más vivo, menos dudo. La V.I.D.A. sigue.


Arrugarnos ante la V.I.D.A. y dejar de vivirla porque no somos capaces de aceptar la muerte, o abrirnos a confiar en lo que no sabemos ni controlamos.


Tercer paso: Confía


Ya llevas dos de tres... ahora toca confiar. ¿En qué hay que confiar? Confía en tu resilencia, confía en tu océano de posibilidades, confía en que puedes saltar tus límites, confía en tu cuerpo, en dar antes de reibir, en tu propósito, en tu capacidad para decir "no", en el presente. Confía en tu experiencia, en tus valores, en lo que fluye. Confía en la V.I.D.A. y en la muerte.


"Lo que buscas no es estar sola o viajar, sino sentirte libre, y eso es un valor. Mi «V» de V.I.D.A. es por los valores, porque he comprobado que son los motores para vivir con sentido. Son lo que de verdad te importa. Me he dado cuenta de que no queremos coches, casas o viajes por lo que son en sí, sino por lo que creemos que nos harán sentir cuando los tengamos. Porque en el fondo de todo anhelo experiencial o material hay la búsqueda de un valor, un estado o una emoción. Saber esto me ha cambiado la forma de vivir. De hecho, me ha permitido estar a favor de la famosa frase: Si quieres, puedes.


¿Crees que es verdad? Yo no comulgo con ella. Me parece un peligro porque no es realista y la gente se frustra.


Lo sé. He pasado años diciendo que no creo en ella, pero me retracto porque depende del matiz que le des. Si pones el foco en los valores, la frase es cierta. La cuestión es que hay que hacer un trabajo interno para identificar para qué quieres lo que quieres y, entonces, poder encontrar todas las formas posibles e infinitas de llegar a vivir ese valor. ¿Me sigues?


No. Demasiada intensidad.


Has venido diciendo que quieres dejar tu trabajo y viajar sola para sentir libertad, pero no estás dispuesta a pagar el precio de dejar a tus hijos, ¿no?


Supongo que no.


Bien, seguimos. ¿De qué otra forma podrías sentirte libre?


Trabajando menos horas, con más tiempo para mí.


Dime otra forma. Vamos a ver todas las que se te ocurren. ¿Qué tiene que pasar para que te sientas libre?


No sé.


Venga, que la vida pasa. Dale. Sí sabes.


Poder viajar con mi marido sin los niños de vez en cuando y tener tiempo para ir a la peluquería o para ducharme tranquila.


¿Y qué más?


-Quedar con mis amigas y poder ir a yoga sin prisa. O poder ponerme las cremas caras que he comprado por tu culpa.


Si no te las pones, te las compro. ¿Y qué más?


Jugar con los niños sin horarios y sin ir corriendo de aquí para allá. Siento que no los estoy educando como quiero.


¿Y qué más?


No tener que ir a casa de mi suegra los domingos.


¿Y qué más?


Escaquearme de las reuniones de madres del colegio.


Te voy a presentar el club de Laura Baena. ¿Y qué más?


Ponerme la ropa que me gusta sin que se burlen de mí. He engordado y se me marca todo, pero a mí me gusta ir con ropa ajustada, aunque ya no esté tan delgada como antes.


¿Te estás dando cuenta de todas las alternativas que tienes para sentir la libertad que buscabas sin necesidad de dejar a tu familia para irte a viajar sola? Podemos ponernos manos a la obra y crear un plan de acción para lograrlas poco a poco.


Pero son tonterías… ¡Lo otro es a lo grande!


Cuidado, que un montón de tonterías a favor de tus valores y sostenidas en el tiempo pueden llevarte a la libertad que quieres de una forma que aún no sabes ver.


Sí. Si quieres, puedes."


Sobre la autora


Ana Albiol (Valencia, cosecha del 87), culo inquieto y alma libre. Cuando tenía 19 años, su inconformismo la llevó a iniciar un viaje interior en busca de su propia definición de libertad. Certificada en coaching y programación neurolingüística (PNL) y speaker de emprendimiento, dedica la mayor parte de su tiempo a lo que asegura es su mayor logro profesional: su comunidad.


Su recorrido vital la ha hecho experta en:


Quebrarse

Sentirse culpable

Autoexigirse

Sentirse sola

Hacerse preguntas

Cambiar de opinión

Pedir ayuda

No conformarse

Pasar a la acción

Seguir adelante

Buscar libertad


Por todo ello, se declara apta para hablar de la V.I.D.A. 



 

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