PARA OLVIDAR QUIÉN FUISTE, de Fernando García Calderón, la historia de unos cazanazis que hipotecaron su futuro en el empeño de no olvidar y, a la vez, ser olvidados
Editorial
Algaida. 360 páginas
Rústica
con solapas. 20,00€ Electrónico: 7,99€
Un relato de la Europa de
la posguerra que nos traslada desde el campo de concentración de
Mauthausen hasta la Alemania de los encubridores de criminales del
nazismo, el Vaticano, la España preconstitucional y una Lisboa que
recibe con júbilo la revolución de los claveles. Una Europa en
evolución, marco irrepetible para la persecución sin cuartel de uno
de los muchos médicos tristemente famosos por el trato que
concedieron a los prisioneros de la contienda mundial. Esta novela
escapa de las clásicas obras de género para construir un relato
intimista, poco complaciente, de unos cazanazis que hipotecaron su
futuro en el empeño de no olvidar y, a la vez, ser olvidados.
Para olvidar quién
fuiste es una novela sobre cazadores de nazis que comienza con la
caída de Berlín y tiene su desenlace en la Patagonia argentina.
¿Qué relevancia cobran estos escenarios?
La novela se inicia con un
detonante ético. Wilhelm Lohaus, combatiente alemán que reniega de
la guerra, sale de Berlín en una misión que ha de llevarlo hasta
Mauthausen. Lo que ve lo horroriza hasta el punto de sentir la
obligación moral de pedir perdón. Él es el faro de esperanza para
un prisionero español del campo de exterminio que acabará asumiendo
la misión de capturar nazis. Aún es posible, se dice, salvar el
alma de una Europa reducida a la condición de estercolero por la
falsa superioridad de unos hombres sobre otros.
La Patagonia argentina,
por desgracia, ofrece un último reducto a los nazis derrotados que
viven de la nostalgia y sueñan con el resurgir del populismo
caudillista que los convirtió en dueños y verdugos.
¿Novela histórica o
thriller?
Toda línea argumental se
enmarca en un contexto. Espacio y/o tiempo. En este caso, la novela
se centra en cuatro periodos muy concretos, comenzando por 1945 y
terminando en el 83. Todos ellos con resonancias históricas de gran
relevancia. No creo, sin embargo, que se trate de una novela que deba
ser catalogada comercialmente como histórica. Si he de asignarle uno
de esos dos atributos, me quedo con la idea de intriga y suspense que
se le supone al thriller.
¿Qué le atrae de la
figura del cazanazis para dedicarle esta novela?
No existe el arquetipo del
cazador de nazis. No hay un modelo ni una forma de hacer en que se
encuadren sus acciones. No se estudia la profesión de cazanazis.
Estos hombres y mujeres parten de la convicción de que proporcionan
un servicio a la humanidad, realizado a partir de una máxima: No
puede producirse un renacer tras la Segunda Guerra Mundial si no se
hace justicia. Es el cimiento sobre el que construir un mundo nuevo y
mejor. Pero no son héroes de cómic. Son personas como cualquiera de
nosotros, sometidas a las pasiones y debilidades de cualquier ser
humano. Es decir, desarrollan un modus operandi que nace de la
intuición, actúan en misiones heroicas y son vulnerables. ¿No cree
que es un buen cóctel para una novela?
Pero usted no sólo
habla de justicia en la novela. También emplea el término venganza.
Pretender hacer del
cazador de criminales un aspirante al santoral es una simpleza, como
lo sería echar por tierra su figura señalándolo por tal o cual
pecado ajeno a su tarea. Simon Wiesenthal insiste en el concepto
universal de justicia y así debe ser. Representa la postura
ortodoxa, públca. El cazanazis voluntariamente anónimo, por el
contrario, sólo se representa a sí mismo y a un reducido grupo de
afines. Y no me cabe duda de que los crímenes cometidos por tantos y
tantos monstruos son de tal magnitud que su conocimiento puede
conducir a la indignación y el odio. Del odio al deseo de venganza
media un paso. La novela indaga en el día a día de estas personas
en una lucha sin cuartel por la consecución de unos objetivos
tangibles, determinados.
Ya que menciona esos
objetivos, entiendo que el éxito del cazanazis, como el de cualquier
cazador, se mide por el número de piezas cobradas. ¿El fin
justifica los medios?
Para olvidar quién
fuiste ofrece los dos tipos de cazanazis descritos. Tenemos al
cazanazis convertido en sombra, para el que, en efecto, el fin
justifica los medios. Es el caso de Peter Behrens. Pero también
tenemos al cazanazis del que se hace eco la opinión pública. En la
novela, se corresponde con Hannah. Hannah sería el equivalente a los
Klarsfeld, personalidades de fama internacional, sometidos a la
disciplina de la ejemplaridad para mayor gloria de la causa. Esta
sustancial diferencia permite abordar dos formas de conducirse que me
motivaron sobremanera a la hora de escribir esta obra.
Hannah Behrens viene a
recordar la figura de Beate Klarsfeld. ¿Se inspiró en ella?
Me interesé por Beate
Klarsfeld hace más de tres décadas, al conocer sus acciones en
países gobernados por regímenes dictatoriales que acogieron nazis
en fuga. Ella es la prueba de que una novela como ésta es posible.
Desde luego, sirve de inspiración. En la práctica, las similitudes
con Hannah que el lector pueda percibir son puramente
circunstanciales.
Usted ha dicho que se
identifica con esta cazanazis de su novela en un aspecto muy
concreto: la lucha contra el tiempo. ¿Qué quería expresar?
El cazanazis trabaja en un
oficio que tiene fecha de caducidad. Como el técnico que repara
máquinas de escribir o el limpiabotas. Es una actividad que se
extinguirá con la muerte del último criminal de guerra. La lucha
contra el tiempo deriva de esa condición. Cada uno de estos asesinos
despiadados que muere en su cama representa una derrota para el
cazanazis. La familia Behrens persigue a Heinrich Hyer durante
veintiocho años y llega a percibir que la arena del reloj se les
escapa entre los dedos. Algo similar le ocurre al escritor en su
búsqueda de la obra que lo deje enteramente satisfecho.
Se le reconoce por la
estructuración de sus obras, por el estilo. ¿Es ese afán de
perfección lo que ha impulsado esta novela?
La perfección no debe
confundirse con la satisfacción. Teóricamente, la perfección es
evaluable, medible, mediante una serie de parámetros que han de
estar presentes en la novela. Cualquier profesional trata de mejorar
en cada trabajo, aproximarse a esa perfección. La satisfacción, en
cambio, es completamente subjetiva. No hay forma de acotarla. Para
olvidar quién fuiste nace de unos cuantos propósitos que no tienen
que ver ni con la estructura ni con eso que resumimos en la palabra
“estilo”.
Hábleme de esos
propósitos.
He procurado escribir una
historia de personajes que se ceden el protagonismo a lo largo del
relato, entregando el testigo en esta singular carrera de relevos que
es Para olvidar quién fuiste. Tanta importancia concedo a Wilhelm,
Peter o Hannah como a Bruno. Sus caracteres conforman la obra,
desencadenan los sucesos que se narran. De modo que contemplamos, o
eso he pretendido, personas corrientes en un entorno extraordinario
que no han elegido y del que, por una razón noble o innoble, no
pueden escapar. Nuestra sensación de intriga como lectores, nuestra
expectación por lo que ha de ocurrir, es la misma que expresan
ellos. Hasta el final.
Pero no me negará que
Bruno es un tipo fuera de lo normal. ¿Cuánto cuesta plasmar un
personaje como Bruno?
Bruno es otro de los
propósitos de esta novela. En él se halla el origen de las
atrocidades que comete el médico Hyer. Constituye el contrapunto en
una trama que se acelera con cada nuevo descubrimiento. Bruno desnuda
al estúpido que cree en la pureza de la raza y en la supremacía
desde la cuna. El prejuicio conduce a la cortedad de miras y, en
consecuencia, al error. Para escribir sobre Bruno sólo hay que
entenderlo, entender su distinción y ponerse en su lugar.
Se le atribuye fama de
autor que no hace concesiones al lector. ¿Es bueno o malo que le
digan que esta novela se lee con facilidad?
Como alguna vez he
expresado, sólo clasifico las novelas en buenas o malas. Que se lea
con facilidad, si es buena, ha de ser positivo. La supuesta
complejidad de la obra no debe ser un objetivo para el autor. Cada
tema, cada proyecto exige un argumento, unos personajes, un tono, una
forma de expresión y un mensaje. El adecuado equilibrio entre todo
ello posibilita el éxito. Cualquier desajuste, intencionado o no,
sería artificio.
Finalmente, ¿por qué
el título Para olvidar quién fuiste?
Es la paradoja de los
cazadores de nazis. En la solapa del libro se menciona el empeño de
estos hombres y mujeres por no olvidar y, a la vez, ser olvidados.
Nadie muere del todo si permanece en la memoria de un semejante. Mi
intención, como la del narrador de esta novela, es que ellos
pervivan. Su trabajo nos dignifica.
Sobre
el autor
FERNANDO GARCÍA CALDERÓN
nació en Sevilla, aunque reside en Madrid desde los diez años,
donde estudió Ingeniería de Caminos. Es autor de nueve novelas y
tres volúmenes de relatos. Tras ser galardonado en numerosos
certámenes de cuentos como el Gabriel Miró o el Max Aub, en 1997
obtuvo el premio Félix Urabayen por la novela El vuelo de los
halcones en la noche y dos años después el Ateneo de Valladolid por
El hombre más perseguido. Desde entonces ha publicado las novelas Lo
que sé de ti (2002), La noticia (2006), La judía más hermosa
(2006), La resonancia de un disparo (2008), Yo también fui Jack el
Destripador (2015), Nadie muere en Zanzíbar (2016) y De lo visible y
lo invisible (2018). Durante todo ese tiempo también ha intercalado
volúmenes de relatos como El mal de tu ausencia (2000), Sedimentos
en un pantano (2005, con Eulalia Banda) y Diario de ausencias y
acomodos (2016).

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