Ana Merino, la novelista que hace literatura con la bondad, gana el Nadal con EL MAPA DE LOS AFECTOS
Editorial
Destino. 224 páginas
Tapa
dura con sobrecubierta: 20,00€ Electrónico: 9,99€
La ganadora del Premio
Nadal 2020 es Ana Merino, la novelista que hace literatura con la
bondad: "La gente buena tiene un don para irradiar cariño, para
producir campos de fuerza donde poder cobijar a los demás, y en
parte gracias a esas personas y a la constancia de sus gestos
amables, la humanidad todavía no se ha extinguido.Me interesa el
sustrato literario que comunica de forma transversal y nos hace
reflexionar sobre la humanidad como un espacio atemporal en el que
todos formamos parte. Pero, ir matizando ese concepto en una trama
abierta de seres humanos como entes universales me parecía un reto.
Quería transcender del yo al nosotros con la misma intensidad que
ofrece un poema."
Valeria, una joven maestra
de escuela que tiene una relación secreta con Tom, que le lleva
treinta años, se enfrenta al dilema de los sentimientos y quiere
entender el significado del amor. En el pueblo donde enseña, Lilian
desaparece sin motivo aparente mientras su marido está en la otra
punta del mundo. Greg, un hombre a quien le pierden las mujeres,
frecuenta un club de alterne de los alrededores para ahuyentar su
descontento, hasta que un día se ve descubierto de la peor manera
posible.
A partir de momentos como
estos en el transcurrir de una pequeña comunidad rural, nos
adentramos en los misterios cotidianos de sus habitantes. Las vidas
de todos ellos no solamente se irán cruzando a lo largo de más de
dos décadas, sino que estarán condicionadas por la fuerza magnética
de los afectos, la aleatoriedad del azar o por la justicia poética
que a veces nos traen los acontecimientos más inesperados.
EL MAPA DE LOS AFECTOS, la
primera novela de Ana Merino, persigue el rastro de las personas que
construyen las historias escondidas de los lugares; sitios donde se
evocan ausencias, sucesos extraños, donde ocurren crímenes
inexplicables, se convive con las tensiones personales y familiares y
donde solo la pulsión del bien sedimenta el poso necesario para
seguir viviendo.
¿Qué llevó a Ana
Merino a América? ¿Y qué encontró allí o qué la retiene tantos
años después?
La curiosidad, el querer
conocer otro país. Había estudiado un año en los Países Bajos, en
Groningen, y me encantaron las grandes bibliotecas universitarias y
lo que ofrecía la investigación. Estados Unidos era otro espacio
que me producía enorme curiosidad y estaba lleno de posibilidades.
Creo que lo que me ha retenido son las bibliotecas y las
oportunidades para investigar y desarrollar cosas. Abrir campo
académico en el estudio de los cómics en el contexto hispánico. El
poder desarrollar proyectos pedagógicos, inventarse programas
creativos y que la imaginación constructiva se materialice.
Más que un mosaico de
vidas o una novela coral, El mapa de los afectos es una historia
protagonizada por un personaje colectivo: La comunidad. ¿Por qué
eligió esta opción para su debut a la novela? ¿Supuso una mayor
dificultad narrativa?
Cuando llegué a Estados
Unidos en 1995 estaba fascinada con el imaginario poético de Edgar
Lee Masters y su Antología de Spoon River. Los espacios colectivos
me atraen mucho, el sentido de la supervivencia desde el eje de la
comunidad. Por eso, me encantan los Hermanos Hernández, porque en
sus cómics construyen ese sentido de comunidad. Me interesa la idea
literaria de definir nuestra propia existencia como una construcción
colectiva. Mis personajes fueron apareciendo con enorme naturalidad,
pero fue el ritmo de las imágenes de cada capítulo lo que más me
costó, porque los escuchaba con la misma intensidad que si fueran
poemas. Ha sido una prosa que me ha obsesionado y he dado muchísimas
vueltas.
Pese a las geografías
precisas, el Medio Oeste americano y el sur de España, el alcance de
estas historias entrelazadas pareciera universal. ¿La cartografía
de los afectos no conoce de fronteras?
Efectivamente, no conoce
fronteras, ni tiempos históricos. Hay momentos y guiños en los que
esa universalidad afectiva transciende no solo las geografías, sino
también, el tiempo de la historia. Me interesa el sustrato literario
que comunica de forma transversal y nos hace reflexionar sobre la
humanidad como un espacio atemporal en el que todos formamos parte.
Eso la poesía sabe hacerlo muy bien porque apela a la emocionalidad
lectora desde la subjetividad del “yo poeta”. Pero, ir matizando
ese concepto en una trama abierta de seres humanos como entes
universales me parecía un reto. Quería transcender del yo al
nosotros con la misma intensidad que ofrece un poema. Por otra parte,
me interesaba el territorio narrativo de la novela y su escenografía
y ritmo. Quería que los personajes tuvieran mucha entidad y fluyeran
solos. Que cada capítulo tuviera la textura de su personaje y sus
formas de expresar afectos: la curiosidad, la admiración, la ira, el
desafecto, el compañerismo, el amor, la empatía, los celos, la
nostalgia, el miedo, la imaginación, la fe…
El lirismo de la prosa
no es casual en la novela. ¿Cree que la poesía es una manifestación
del amor o de la bondad?
Creo que el lirismo
profundiza en las emociones y los afectos, y que el amor y la bondad
se pueden cobijar muy bien en la poesía. Pero al concretar esos
impulsos en los personajes se matizan las posibilidades y el texto
crece combinando las imágenes y lo sentimientos con la trama
narrativa y los diálogos.
Los heridos y veteranos
de las guerras recientes tienen un peso importante en la historia.
¿Se inspiró en personajes o historias reales? ¿Cuál es su
vinculación con ellos?
A partir del 2001, mi
primera época como profesora en la Universidad Appalachian State,
fui siendo testigo de la realidad de los soldados estadounidenses. Ya
que muchos estaban estudiando en la universidad sin ser consciente de
que les podía tocar ir a la guerra. A lo largo de los años me he
ido cruzando con veteranos de diferentes guerras, y algunos de mis
estudiantes de licenciatura han vuelto de varias incursiones. Son
personas muy frágiles, que se han entregado a una idea, y cuando
regresan se enfrentan a una indiferencia muy dolorosa. Lo que más me
impactó es lo jóvenes que suelen ser. Chicos de 26 o 27 años
tocados muchas veces por el estrés postraumático y con muchas
limitaciones emocionales para encajar con los otros jóvenes
universitarios. Cuando están en mis clases, intento darles consuelo
con la literatura. Cervantes, también fue soldado, veterano de
guerra que además sufrió cautiverio, y fue capaz de reinventarse
gracias a la literatura.
¿Por qué la novela se
abre con un epígrafe de "Los cuatro fantásticos" de Stan
Lee? ¿Las buenas personas anónimas son una suerte de superhéroes?
Con la cita de Idea
Vilariño quería representar el lado poético existencial y la
consciencia del paso del tiempo, mientras que con Stan Lee aludía a
la ingenuidad bondadosa de ese tipo de cómic para adolescentes, que
son en cierto modo, mitos contemporáneos y representan muy bien
aspectos claves de la cultura estadounidense. Por otra parte, las
buenas personas anónimas son nuestros superhéroes, y ese guiño
está en el personaje de Valeria que, como la chica invisible,
aparece y desaparece, y está rodeada de campos de fuerza.
Sobre
la autora
Ana Merino (Madrid 1971)
es una escritora que lleva veinticuatro años viviendo en Estados
Unidos. Catedrática en escritura creativa en español y estudios
culturales en la Universidad de Iowa, en 2011 fundó el MFA de
Escritura Creativa en Español, que dirigió hasta diciembre de 2018.
Ha publicado nueve poemarios, entre los que destaca Preparativos para
un viaje, galardonado con el Premio Adonáis de Poesía en 1994, y es
autora de varias obras de teatro estrenadas en Zúrich y Iowa. Ha
sido pionera en el desarrollo de la formación académica del cómic
y ha escrito diversos ensayos especializados. Ha sido columnista de
opinión para El País, miembro del Comité Ejecutivo del
International Comic Art Forum (ICAF), del Comité Directivo del
Center for Cartoon Studies (CCS), del Consejo Directivo de Iowa City
Unesco Ciudad de la Literatura, y en la actualidad es miembro de la
Junta Directiva del Teatro Riverside de la ciudad de Iowa.

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