Juan Fernández-Miranda gana el Premio Espasa con OBJETIVO: DEMOCRACIA, un relato de los diecinueve meses que cambiaron la historia de España


Editorial Espasa. 352 páginas

Rústica con solapas: 21,90€ Electrónico: 9,99€


OBJETIVO: DEMOCRACIA es el relato que propone Juan Fernández-Miranda sobre los diecinueve meses que cambiaron la historia de España, los que transcurren entre el 20 de noviembre de 1975 y el 15 de junio de 1977. Tras la muerte de Franco, el triángulo virtuoso que formaron don Juan Carlos I, Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez, apoyados en el empuje de una sociedad española que ya se había sobrepuesto a las penurias de la posguerra, hizo posible que los fundamentos de la política pudieran dar un giro de ciento ochenta grados y que del régimen franquista se pasara con éxito, aunque no sin dificultad, a un sistema democrático que aún perdura y ha sido ejemplo de evolución para todo el mundo. El autor propone la defensa activa de la Transición con todos sus logros y una reivindicación del rey emérito Juan Carlos I.


OBJETIVO: DEMOCRACIA ha ganado por unanimidad el Premio Espasa 2024. Según el jurado es «una obra extraordinaria para comprender el periodo más transcendental de la historia contemporánea de España», un periodo en el que había que desmontar un régimen dictatorial, el franquismo, para devolver la soberanía al pueblo español y construir un nuevo sistema político: la democracia.


«Franco ha muerto. España toma aliento. El mundo observa. A lo lejos, el futuro, un punto de luz al que hay que llegar arrastrando el peso de un pasado demasiadas veces fratricida. En el medio, aquí y ahora, una persona y una frase en el ambiente. La persona es don Juan Carlos de Borbón, treinta y ocho años. La frase es del dictador, cuyo cuerpo yace en la cama de un hospital público de Madrid que él mismo fundó: «Todo está atado y bien atado».


Lo demás son incógnitas. ¿Qué está atado? ¿El sistema político que ha regido en España durante los últimos treinta y seis años? Y en tal caso, ¿quién anuda ese lazo?, ¿cómo mantenerlo con el dictador muerto? Y, sobre todo, ¿para qué? Surgen las dudas, los temores. Pero hay algo más: esperanza. Una esperanza tupida por el aroma paralizante del miedo al pasado y a algo peor: a nosotros mismos. ¿Realmente estamos los españoles condenados a enfrentarnos? ¿Es el duelo a garrotazos de Goya una verdad esculpida en el mármol de la historia? ¿Es cierto, como escribió Machado, que una de las dos Españas ha de helarte el corazón? La realidad es que no: nada está escrito. Nada está decidido. Después de siglos de decadencia, y ochenta años después de que el Imperio español implosionara devolviéndonos a nuestra dimensión natural y de que nuestra intelectualidad le pusiera nombre —el Desastre del 98—, España tiene una oportunidad para ponerse a la altura de su entorno y a la altura de la historia: la libertad, los derechos humanos, Occidente. Es 20 de noviembre de 1975».


Crónica del proceso político que cambió España


OBJETIVO: DEMOCRACIA es el relato de los diecinueve meses que cambiaron la historia de España, los que transcurren entre el 20 de noviembre de 1975 y el 15 de junio de 1977. Tras la muerte de Franco, el triángulo virtuoso que formaron Juan Carlos I, Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez, apoyados en el empuje de una sociedad española que ya se había sobrepuesto a las penurias de la posguerra, hizo posible que los fundamentos de la política pudieran dar un giro de ciento ochenta grados y que del régimen franquista se pasara con éxito, aunque no sin dificultad, a un sistema democrático que aún perdura y ha sido ejemplo de evolución para todo el mundo.


Dividido en sesenta capítulos, el libro es la crónica de los diecinueve meses que transcurren entre la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, y el 15 de junio de 1977. Una fecha transcendental porque se celebran, después de cuarenta años, las primeras elecciones libres para elegir las Cortes Constituyentes. Unas Cortes que tendrán que elaborar una Constitución democrática de consenso. La primera en la historia de España.


Para llegar a este punto, y con la técnica de una novela apasionante de intriga, Juan Fernández-Miranda nos va relatando, a veces día a día, todo lo que ocurrió: las decisiones políticas, los dilemas morales, el ansia de democracia, las férreas resistencias al cambio, las trampas mortales para dinamitar el proceso, los secretos de palacio, lo que decía la calle, la desconfianza de la oposición, lo que opinaba la prensa, lo que se hablaba en los cuarteles, lo que pensaba el mundo. Como protagonistas, y en primer plano, el «triángulo virtuoso», como lo llama el autor, formado por Don Juan Carlos l, Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez. Apoyados por el empuje de la sociedad española, consiguieron llevar a buen puerto un deseo mayoritario: la democracia. Como recuerdan estas páginas, no estuvieron solos porque este empeño «no hubiera salido bien sin la colaboración de otras muchas personas que supieron entender su tiempo: Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Felipe González… mentes abiertas siempre dispuestas al pacto o al aperturismo, como el general Gutiérrez Mellado, el cardenal Tarancón o el sindicalista Marcelino Camacho».


Un objetivo claro


Un libro, Objetivo: Democracia, con el que su autor pretende informar y hacer historia, pero, a la vez, reivindicar la Transición, un periodo de nuestra historia que en los últimos años ha tenido infinidad de lecturas, y no todas complacientes: «Contar a las generaciones que no hicieron la Transición cómo fue ese trepidante proceso político y pedirles un esfuerzo de militancia democrática en defensa activa de aquella maravillosa conquista de libertad», frente a los que la invalidan por completo. Pero también hace una defensa encendida del rey emérito Juan Carlos l en unos momentos en que sus errores pasados, sus negocios y los escándalos personales y familiares pueden pesar más de cara a la opinión pública que su legado histórico. Sin olvidar que, desde el inicio de su reinado, su papel fue fundamental para situar a España en el mundo. «El camino no ha sido fácil, pero en una equilibrada mezcla de inteligencia, audacia y carisma, Juan Carlos l ha conseguido devolver España a la democracia, a pesar de que nadie creía en él y de que Franco ha dejado todo atado y bien atado».


Un libro que, frente a la polarización política, creciente en los últimos años, reivindica también y con mayúsculas el consenso. Aquel consenso que hace casi cincuenta años permitió la reconciliación entre españoles y unir esfuerzos para construir un futuro mejor. Una tarea harto complicada, puesto que, si repasamos la historia de nuestro país y su tradición cainita, era prácticamente imposible poner de acuerdo a las dos Españas y reparar las heridas de la Guerra Civil. Sin embargo, como veremos en el libro, la férrea apuesta de la institución por una monarquía parlamentaria, desde Don Juan, se impuso a las resistencias, a veces brutales, de los enemigos del pueblo español.


Juan Fernández-Miranda viene avalado, para conseguir ese objetivo, por su larga dedicación a esta etapa. Han sido años y años de investigación, que le han proporcionado un conocimiento exhaustivo de la Transición y sus prolegómenos. Es autor del libro El guionista de la Transición sobre su tío abuelo Torcuato Fernández-Miranda, una persona fundamental, como veremos en estas páginas, en la construcción de la democracia. Y es coautor de otro libro, Don Juan contra Franco, que cuenta la conspiración monárquica para terminar con Franco. Un relato que arroja nueva luz sobre la llegada a España de Juan Carlos l, y desmiente el mito de los apoyos reales a Franco en la primera posguerra. Un libro que habla, según algunos historiadores, de los primeros antecedentes de la Transición. Además, Fernández-Miranda aborda este libro desde la ética del periodista. Adjunto al director de ABC actualmente, y responsable también en este periódico de la sección de España desde 2015, colabora habitualmente en programas políticos de radio y televisión. Un oficio, por tanto, el del periodismo, que le ayuda, en este relato, a mantener sus principios básicos a la hora de contar: diferenciar claramente entre noticias y opiniones. Las noticias son informaciones de hechos y datos, no opiniones, conjeturas, infundios o rumores. Con esas informaciones contrastadas de hechos y datos ha alimentado Juan Fernández-Miranda esta crónica apasionante de lo que fuimos y lo que hemos llegado a ser.


Los hechos


En capítulos breves y de gran agilidad, Juan Fernández-Miranda invita a seguir, o a recordar, la trama de unos meses vertiginosos «en los que España tendrá la oportunidad de ponerse a la altura de su entorno y a la altura de la historia: la libertad, los derechos humanos, Occidente».


ESPAÑA 1975 En los primeros cinco capítulos, el autor nos sitúa en aquella España de 1975, con un Franco agonizante, que, según su albacea, Arias Navarro deja todo «atado y bien atado». Una España, como cuenta el libro, menos pobre y analfabeta, donde la Iglesia sigue imponiendo su moral, y que sigue siendo víctima de la represión y la violencia franquista. El 27 de septiembre son ejecutados tres militantes de ETA y dos del FRAP, a pesar de las peticiones de clemencia de Don Juan de Borbón y de su hijo, el entonces príncipe Juan Carlos. Un padre y un hijo que, como veremos en un capítulo flashback, habían tenido, años atrás, que tomar una de las decisiones más dolorosas de su vida: separarse cuando el niño tenía once años, con la intención de mantener la continuidad monárquica en España y, sobre todo, devolver en un futuro la soberanía popular a los españoles. Veremos cómo llega, casi a escondidas, a España aquel príncipe al que llamaban Juanito.


LOS DILEMAS MORALES DE JUAN CARLOS I, REY DE ESPAÑA Muerto Franco, en los tres capítulos siguientes vemos a un rey que es coronado con unas ojeras inmensas y con una angustia rayana en el miedo por la tarea que se le viene encima. Ha estado peleando con el dilema moral de jurar lealtad a los principios del Movimiento en su coronación. Y tiene la certeza de que no convence a casi nadie: «a los inmovilistas porque le ven poco entusiasmado con el régimen franquista. Y a los rupturistas porque creen que no se ha distanciado del dictador». Aunque ha conseguido el apoyo internacional en su proclamación, con la presencia de personalidades internacionales como el vicepresidente Rockefeller de Estados Unidos, ahora le toca deshacer el nudo interno.


EL PROFESOR Y FIEL ESCUDERO DEL REY: TORCUATO FERNÁNDEZ-MIRANDA «Hay que tenerlo todo pensado. Creo que no podré seguir con Arias y mi candidato eres tú. Pero me temo que no va a ser posible. Sabes la confianza que tengo en ti, como en nadie», son las sentidas palabras de Juan Carlos I a Torcuato Fernández-Miranda. Ha sido su profesor desde que tenía veintiún años, catedrático de «fascinante inteligencia y probada independencia, despierta enormes recelos en el establishment franquista». Fernández-Miranda será el consejero y compañero fiel del rey en sus primeros pasos como gobernante, como cuentan los diez capítulos siguientes. Un político de raza al que el rey dio a elegir entre ser presidente del Gobierno y ser presidente de las Cortes, con la siguiente respuesta: —Señor, el hombre político que soy quiere ser presidente del Gobierno, pero le seré más útil en la presidencia de las Cortes… porque solo desde allí se podrá desmontar el régimen de Franco. Una decisión que gustó poco en el búnker franquista y en el Consejo del Reino, instalado en la idea de «cualquiera menos Torcuato».


Como en una buena novela de intriga, en Objetivo: Democracia vamos conociendo los sutiles movimientos del rey y su presidente de las Cortes. Primero, para conformar el primer Gobierno de la Monarquía con un presidente, Carlos Arias-Navarro, atado al pasado; nombres de prestigio como Manuel Fraga y José María de Areilza, y savia nueva como Adolfo Suárez. Segundo, para preparar las elecciones a unas Cortes que diseñarán el futuro democrático de España. Todo ello, en un momento en que la oposición, articulada en torno a la Platajunta (la unión de la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática), el PCE y el PSOE, «está envalentonada, desconfía radicalmente del rey y está dispuesta a demostrarlo en la calle». El detonante ha sido el indulto general, concedido por el rey el 25 de noviembre de 1975. Ha sabido a poco. Tampoco convence el posterior discurso programático, el 28 de enero de 1976, del presidente Arias Navarro ante las Cortes. No convence ni a la oposición, ni a la prensa, ni al rey, que no ve en Arias a la persona adecuada para conducir el tránsito a la democracia. «El TORCUATAZO»,


LAS TRAMPAS MORTALES DEL TERRORISMO Y LA PELUCA DE CARRILLO Desde su puesto de presidente de las Cortes y profundo conocedor de quienes las integran, Torcuato Fernández-Miranda piensa que hay que acelerar la reforma de la propia institución, «dominada por los sectores más inmovilistas del régimen». ¿Para qué? Para poder influir en la elección del presidente que elegirá el rey con el fin de liderar el cambio político y aprobar la propia reforma de las Cortes. Y lo hace utilizando la vieja estrategia del divide y vencerás, es decir, proponiendo la creación de grupos parlamentarios: «En las élites políticas de Franco hay franquistas. Pero también aperturistas, demócratas de verdad, demócratas por hacer, oportunistas e interesados en apuntarse a caballo ganador». Acierta de pleno y, en febrero de 1976, ya hay en las Cortes cinco grupos parlamentarios. El segundo acierto: implantar procedimientos de urgencia para votar los proyectos de ley relevantes.


La prensa aplaude las medidas y las califica como «El Torcuatazo»: «Es sumamente significativo que quien haya pisado el acelerador haya sido ese profesor que cuenta con la más directa confianza del rey» (Diario 16). Ese mismo mes de febrero, Santiago Carrillo pisa suelo español por primera vez desde hace cuarenta años. Llega disfrazado con una peluca y tiene la intención de conseguir la legalización del PCE, «un PC eurocomunista». Se instala en Madrid. En marzo se presenta la Platajunta, que reclama «la amnistía para todos, el regreso de los exiliados, pleno ejercicio de las libertades políticas, el reconocimiento de la libertad sindical y pleno ejercicio de los derechos y libertades de las distintas regiones de España». Todos terminan en la cárcel, menos los socialistas, que son liberados pronto. La Platajunta rechaza las iniciativas reformistas del hombre fuerte del régimen, el vicepresidente Manuel Fraga, que traza una línea roja para legalizar los partidos: «Salvo un Partido Comunista que quiere subvertirlo todo… o los tradicionales anarquistas-terroristas, todos pueden entrar en el juego político». Fraga consigue retos como la aprobación de su proyecto de ley de Manifestación y Reunión en mayo, o la aprobación de su proyecto de Asociaciones Políticas en junio, este último defendido brillantemente por un Adolfo Suárez poco conocido: «Si contemplamos la realidad nacional… hemos de convenir en que, además de este pluralismo teórico, existen ya fuerzas organizadas… conviene no solo reconocerlas, sino legalizarlas». Pero esta ley chocará con el Código Penal (donde siguen prohibidos los partidos políticos): «La reforma Fraga ha fracasado y ha dejado en evidencia los límites del búnker: el Partido Comunista. El rey tiene un problema». Por una parte, el búnker, y por otra, la violencia que no cesa. En marzo de 1976, mueren cinco obreros y hay decenas de heridos en una iglesia de Vitoria, donde reclamaban derechos laborales, como consecuencia de la actuación desmesurada de la Policía Armada. Este suceso y el asesinato en junio del abogado Luis Carlos Albo, jefe local del Movimiento en Basauri, por parte de ETA, son trampas mortales para el ansiado cambio pacífico.


LA LEGALIZACIÓN DEL PCE Y EL ÚLTIMO SACRIFICIO DE DON JUAN El último escollo que existe está a punto de sortearse. El 27 de febrero, Adolfo Suárez se reúne con Santiago Carrillo y le dice que es el Tribunal Supremo quien debe autorizar la legalización de un partido. Carrillo ofrece, a cambio de la legalización, «aceptar la monarquía constitucional, la bandera rojigualda y el himno». Carrillo consigue la autorización del Gobierno para realizar un congreso de eurocomunistas, con el que recibe un espaldarazo similar al que obtuvo Felipe González. El 1 de abril, el Tribunal Supremo se inhibe ante la legalización del Partido Comunista y el Gobierno pasa la decisión a la Fiscalía, que no ve obstáculos para la legalización. Adolfo Suárez ha tomado la decisión más arriesgada de su vida política y Carrillo la recibe así: «Yo creo que Suárez es más bien anticomunista, pero ha comprendido que las ideas no se destruyen con represión e ilegalización. Que el pueblo, con su voto, decida». Tras una nueva crisis militar que termina con la dimisión del almirante Pita da Veiga, el 15 de abril el Consejo de Ministros aprueba la convocatoria de elecciones, en las que pueden participar todos los partidos que lo deseen. Surgen centenares de partidos, al margen de los grandes: PCE, PSOE, PSP o AP. Suárez se presentará con uno nuevo, UCD. El 14 de mayo de 1977, en la Zarzuela, Don Juan renuncia a sus derechos dinásticos y cede la Jefatura de la Casa Real con estas palabras: «El rey tiene que serlo para todos los españoles, tiene que ejercer un poder arbitral por encima de los partidos políticos, la monarquía tiene que ser un Estado de derecho». Ahora, el pueblo tiene la palabra. Como decía la letra de aquella canción que se utilizó en el referéndum de la reforma política: HABLA, PUEBLO, HABLA, TUYO ES EL MAÑANA.


Sobre el autor


Juan Fernández-Miranda es periodista. Adjunto al director de ABC, periódico en el que trabaja desde 2012 y del que fue jefe de la información nacional durante diez años, ha ejercido la profesión en televisión (El Mundo TV/Unidad Editorial), radio (ABC Punto Radio) y agencias de noticias (Servimedia). Ha publicado tres libros: El guionista de la Transición (2015), biografía de su tío abuelo Torcuato Fernández-Miranda; Don Juan contra Franco (2018), con Jesús García Calero, y El jefe de los espías (2021), junto a Javier Chicote. Colabora semanalmente como analista en diversos programas políticos de radio y televisión: RTVE, Cope, La Sexta y Telemadrid, entre otros.




 

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