Ana Prado escribe la crónica de la corrupción imperante en España en la novela CHANTAJE A UNA JUEZA, un relato sobre la sed incontenible de poder
Editorial Espasa. 264 páginas
Rústica con solapas: 19,90€
Defenestrada, pero nunca vencida, Amalia, la antigua titular de un juzgado de instrucción de Lugo, vive retirada en Navia de Suarna, y desde su casa roja contempla a menudo la noche densa y hermosa, plagada de estrellas, de las indomables montañas de Os Ancares lucenses.
Ahora trabaja como abogada resolviendo los pequeños asuntos de sus vecinos. Su deseo de justicia y reparación sigue intacto, no han acabado con él quienes la apartaron de su carrera. Entonces se empeñó en destapar un macrocaso de corrupción en el que estaban implicados políticos relevantes del Partido Demócrata Cristiano, que gobierna Galicia y España esquivando un escándalo tras otro, empresarios, abogados, jueces o magistrados del Supremo.
Ya no es jueza, también ha dejado por el camino su matrimonio, su maternidad y a buenos amigos, aunque ha hecho otros nuevos, como Flor, la dueña de la taberna O Burato, donde Amalia come todos los días con sus dos copas de mencía…
O mejor dicho, comía, pues ha aparecido muerta en su cama al anochecer.
Blanqueo de capitales, proxenetismo y prostitución, políticos sobornados, abogados sin escrúpulos, dos partidos que se suceden en el poder y que se cubren las espaldas al margen de su presunta ideología, jueces con ansias de poder…
Ana Pardo de Vera se estrena en la novela con un suspense político
que radiografía a la perfección lo que sucede cuando la administración del Estado se
corrompe y son pocos los que luchan por evitarlo.
Estructura y voz narradora
CHANTAJE A UNA JUEZA se divide en dos partes formadas por capítulos subdivididos, a su vez, en varios apartados. La primera parte, «Enterrar a la jueza», se inicia con el descubrimiento del cadáver de la exjueza Amalia y nos lleva hasta el momento en el que tres de sus amigos —un abogado con el que colaboró en una macrocausa muy delicada, el guardia civil que apoyó su investigación y una periodista que cubrió la información— se cuestionan la versión oficial. La segunda parte, «Desenterrar a la jueza», alterna los momentos álgidos del caso de corrupción que le costó el cargo con la investigación de sus amigos sobre las circunstancias de la muerte: ¿fue un suicidio como parecen apuntar todas las pruebas?
La novela está narrada en una tercera persona que se va focalizando en los personajes principales a ambos lados de la ley. Alterna los capítulos situados en el presente con escenas retrospectivas en las que la autora nos muestra a la jueza cuando investigaba una trama de corrupción conocida como «caso Lego». De esta forma, Ana Pardo de Vera completa el perfil de un personaje complejo y sobre el que, pese a morir en la primera página de la novela, pivota toda la historia.
Una novela perfectamente tramada, con unos personajes excelentes y con todos los hilos bien atados.
Entre la realidad y la ficción
Ana Pardo de Vera se mueve con comodidad en un terreno en el que los límites entre la ficción y la realidad se diluyen, tanto en los escenarios —que presentamos enseguida— como en todo lo relacionado con las distintas tramas de intereses políticos y corrupción que se describen.
Los personajes y los hechos narrados han surgido de la imaginación de la autora, sin embargo, podemos intuir en ellos ecos de nuestra realidad informativa. Para evitar suspicacias, a los personajes los presenta solamente con su nombre y los dos partidos políticos hegemónicos en esta ficción se llaman Partido Demócrata Cristiano (PDC) y Partido Socialdemócrata (PSD).
La disección de nuestra realidad institucional se basa en su experiencia profesional. Ana Pardo de Vera desgrana la corrupción que impera en nuestro país, que abarca todos los ámbitos y que cala desde arriba hacia abajo sin dejar a nadie indemne, puesto que todos los ciudadanos acabamos pagando esa disfunción del sistema. En la base de la pirámide corrupta se encuentran las prostitutas esclavizadas en los prostíbulos de las organizaciones criminales; las usan como moneda para pagar favores o como trampas para comprar, mediante el chantaje, las voluntades de policías, políticos, periodistas y jueces.
Descripción de los mecanismos de poder
La descripción de los mecanismos de poder es descarnada. En especial los relacionados con las organizaciones criminales. Junto con maniobras violentas de efecto inmediato —asesinatos, palizas, etc.—, somos testigos de movimientos a largo plazo por los que los distintos poderes en la sombra intentan consolidar su posición en la cúspide de la política, de las fuerzas de seguridad y de la judicatura.
La jueza muerta
AMALIA Durante muchos meses lo medios popularizaron su figura como «la jueza de Lugo». Antes de ser expulsada de la carrera se había enfrentado a todo el poder político y judicial gallego y nacional. La macrocausa de corrupción que, al final, se la llevó por delante acabó apenas con un par de procesamientos menores. Tras su caída, Amalia se trasladó a Navia de Suarna. Hacía un año que vivía allí, trabajando de abogada. Su aspecto físico no casaba con su hiperactividad: era de estatura pequeña y complexión delgada, con una melena descuidada y unas manos huesudas e inquietas. Sus ojos castaños, grandes y expresivos, mostraban toda su fuerza. La causa le había costado, también, su matrimonio; su exmarido y su hija viven en Asturias.
«Siento mucho lo de Amalia, de verdad, pero ya sabes cuál era mi
opinión sobre ella, su ascendiente sobre ti, su capacidad de llevaros a todos al abismo, a su abismo; su obsesión con el caso...»
En Navía de Suarna
COSME Comandante del puesto de la Guardia Civil de Navia de Suarna. Responde al perfil de corrección y profesionalidad muy habitual entre los mandos del cuerpo. Oriundo de Noia, en la provincia de A Coruña, lleva quince años en su actual destino. Lo que le falta de pelo en el cráneo lo suple con unas cejas y un bigote grises y espesos, intimidantes, que compensan la inferior autoridad de su figura rechoncha atrapada en el uniforme verde.
MANOLO El segundo de Cosme. Es un cabo escuchumizado y de nariz prominente, un fisgón nato al que le puede su oficio y que, de vez en cuando, traspasa la línea roja que lo separa de la imprudencia. Su padre fue, también, guardia civil.
MERCEDES Vecina y casera de Amalia. Con el tiempo crearon una muy buena relación. Es ella quien encuentra el cuerpo de la antigua jueza.
Amigos de Amalia… e investigadores improvisados
JULIO Abogado con despacho en Lugo. Hizo piña con la jueza en la causa Lego, aunque se desentendió de ella cuando fue consciente de que no podrían ir más allá. Su relación de amistad con Amalia se rompió en aquel momento. A sus cuarenta y dos años, se conserva bien y alterna un estilo de vestir cuidado pero desenfadado, en su vida diaria, con una imagen clásica cuando actúa en los juzgados o trata con otros despachos. La macrocausa también le costó su relación con MARTA, que ahora está a punto de casarse con otro hombre.
XENO Guardia civil de Lugo que se convirtió en el guardián fiel de la jueza y en su incondicional amigo. Eugenio, Xeno, conoció a Amalia cuando esta llegó al juzgado de instrucción de Lugo y empezaron a coincidir en diferentes casos. Xeno admiraba a la jueza tanto como ella a él, por lo que de colaborar puntualmente, pasaron a aliarse en una ayuda mutua constante. También en la causa Lego, con la que Xeno llevó su implicación a máximos y, por tanto, también su frustración cuando fracasó. Tras aquello, pidió el traslado a Navia.
SANDRA Periodista del diario de mayor tirada de Galicia, O Pobo. Es consciente de que el editor del periódico ha sido muy generoso con ella al mantenerla después del naufragio de la causa Lego, cuando el diario, a través de sus reportajes, se convirtió en el principal apoyo mediático de Amalia contra los supuestos corruptos. Sandra tiene tajantemente prohibido, bajo amenaza de despido, volver a mencionar la causa Lego por muchos cabos que quedaran sueltos.
La familia (y uno más)
ANTONIO Antonio, Tucho para todos, es el exmarido de Amalia. Durante el periodo de instrucción de la causa Lego generó una fobia absoluta por la carrera de su mujer. El matrimonio soportó amenazas anónimas, pintadas insultantes en la puerta de su casa y llamadas durante la noche. Se separaron hacía dos años, uno antes de que la jueza fuera expulsada de la carrera. En Lugo, muchos le hicieron el vacío, por lo que decidió trasladarse con su hija a Asturias.
ESTHER Nueve años, hija de Amalia y Antonio. Había decidido irse a vivir con su padre, que era quien la había criado desde que era un bebé; Amalia no paraba en casa, aunque la niña la quería muchísimo. Eso sí, la veía más como una amiga que como una madre. Esther fue también víctima colateral de la cacería contra Amalia y recibió un par de sustos como advertencia a la jueza.
RINOCERONTE Un can do palleiro, un perro pequeño y rápido que acompañaba a Amalia a todas partes. El perrete se había quedado con ella cuando Tucho y Esther se marcharon a Llanes.
La política y sus satélites
ROBERTO Alcalde de Santiago de Compostela por el PDC, el más votado del país y uno de los más populares. Es el sucesor de Miguel, actual presidente del partido y del Gobierno de España, a quien también pretende suceder en ese cargo. Está casado con ALEXANDRA y no tienen hijos, de mutuo acuerdo. Llevan quince años casados y lo decidieron sobre la marcha: la vida les sonríe demasiado en la política como para no dedicarse a ella plenamente. Amalia intentó imputarle en la causa Lego, pero no consiguió más que sacarle los colores en la prensa por los regalos que un empresario, Carlos «O Leites», le mandaba a su casa. Estudió Empresariales en Santiago de Compostela e hizo un máster en Administración de Empresas en Madrid. Aprobó las oposiciones al cuerpo superior de funcionarios de la Xunta antes de pasarse a la política.
BASILIO Chófer de Roberto, su hombre para todo y la persona más fiel con la que cuenta: no pregunta, no habla, obedece y le entiende hasta las miradas. Es un hombre muy alto y musculoso, un tipo imponente con barba recortada y vestido siempre con un impecable traje negro.
EDUARDO Un policía aparentemente bobo que llegó a jefe del Cuerpo en Galicia. Sin embargo, bajo su aspecto blando oculta una inteligencia viva y práctica. Sabe contra quién no debe plantear batallas que pueda perder. Le debe a la influencia de Roberto su cargo en la Policía Nacional.
Más que sospechosos
CARLOS «O LEITES» O Leites, el Leches, es propietario de un imperio lácteo con granjas en Galicia, Asturias y parte de Cantabria. Es uno de los empresarios más ricos y poderosos de España. Poco conocido fuera de los ámbitos empresariales, comenzó con una pequeña granja heredada de sus padres en Cospeito (Lugo). Ahora dirige un emporio que incluso exporta a los Estados Unidos. Es uno de los grandes terratenientes gallegos, aunque buena parte de su fortuna procede de negocios no declarados. A los trece años, su padre lo llevó por primera vez a un prostíbulo.
O SAPO Proxeneta cuyo sobrenombre hace referencia a su aspecto físico. Dirige prostíbulos de diverso tamaño, desde pisos a clubes de carretera. Detrás de ellos hay un entramado societario que se extiende hasta varios paraísos fiscales. Amalia consideraba que el club Princess, el buque insignia de O Sapo, situado en la A6, la antigua Nacional VI, era una de las tapaderas de los implicados en la Lego, un lugar donde, aparte de la trata y explotación de mujeres, se movían otros negocios. O Sapo es hijo de una prostituta de aquel local cuando se llamaba Afrodita y era visitado con regularidad por Carlos «O Leites» y su padre.
«O Sapo trabaja con objetivos y sin límites morales.»
PEROLO Abogado de Manuel, uno de los dos imputados por la causa Lego, presidente por entonces del PDC en Galicia y senador autonómico. Perolo pertenece a una familia bien conectada: su padre es el presidente de la Sala Segunda del Supremo. Vive en Madrid, en la zona de Arturo Soria, con su mujer y sus dos hijos mellizos de dos años. A sus cuarenta y tantos ha montado un despacho con un socio; tiene, incluso, una oficina en Funchal, la capital de Madeira, cuyo régimen fiscal favorable atrae a despachos expertos en gestión de patrimonio como el suyo. Es un tiburón que oculta su peligrosidad tras su don de gentes y el aspecto de un pijo vividor e inofensivo.
Las mujeres del Club Princess
Ana Pardo de Vera nos presenta a tres mujeres obligadas a prostituirse en el Princess. En ellas resume las experiencias más comunes de esas modernas esclavas. La UCRANIANA es, en realidad, moldava. La sacaron de su país con quince años, engañada, muerta de hambre y de sueños por cumplir. A sus treinta y ocho años, la ECUATORIANA sueña con que la jubilen pronto para poder volver a su país. Llegó a Galicia a limpiar casas y el dueño de una de ellas le ofreció los papeles a cambio de trabajar «de camarera en una discoteca». Era mentira, claro. La CHINITA tiene veinticinco años, pero aparenta dieciocho. Fue captada —seducida con engaños, más bien— cuando despachaba en la tienda de baratijas que sus padres tienen en Madrid.
El punto de partida de la novela
«No parece que haya mucho que investigar», asegura el cabo de la Guardia Civil destinado al puesto de Navia de Suarna tras observar el cuerpo de la fallecida. Aparentemente, se trata de un suicidio de libro: la antigua jueza Amalia ha aparecido muerta en su cama, rodeada de pastillas tranquilizantes y con dos botellas de vino tiradas en el suelo.
Julio, un abogado con despacho en Lugo, observa el trajín frente a la casa de quien fue su amiga y con quien colaboró durante la instrucción de la causa Lego, un entramado de corrupción compacto y poderoso en Galicia, con ramificaciones por toda España. El caso acabó mal; y no solo para ella, expulsada de su carrera, sino para su relación de amistad. «No puedo más», le dijo Julio a Amalia cuando lo llamó después de enterarse del último fracaso de la macrocausa.
«He perdido años de mi vida y mi carrera para nada, volcado en una causa imposible...» Julio, sobre el caso Lego
Julio quiere echar un vistazo a aquello en lo que estaba trabajando Amalia antes de morir: durante su última conversación, la jueza había hablado de seguir con la causa Lego para tratar de subsanar los posibles errores que llevaron al archivo de la mayor parte de las piezas, muchas, muchas piezas... Aquella es una causa interminable, una causa maldita.
La muerte —el aparente suicidio de Amalia— sorprende a sus antiguos amigos y colaboradores. Sandra, la periodista que más la apoyó durante la instrucción de la causa, no se cree la versión oficial: habían quedado para comer en dos días y la notó animada cuando hablaron por teléfono, mejor que en mucho tiempo. A diferencia de Julio, Sandra no rompió su relación con Amalia, aunque se distanciaron un poco al principio; seguían charlando a menudo y la jueza le ayudaba con los temas de carácter jurídico.
El comandante del puesto de la Guardia Civil de Navia no ve inconveniente en que Julio eche un vistazo al ordenador, al móvil de Amalia y al montón de papeles que inundaba la pequeña casa en la que ejercía de abogada. Tucho, el exmarido, les había firmado una autorización para que el abogado pudiera acceder a toda la documentación.
El fallecimiento de Amalia va a provocar un montón de páginas de prensa y de minutos en radio y televisión recordando los pormenores de la causa Lego. Algo que no conviene a Roberto, el popular alcalde de Santiago de Compostela, que está preparando su salto a la política nacional a través de las próximas primarias del partido. Para complicar aún más las cosas, Eduardo, el comisario jefe de la Policía Nacional en Galicia, le explica que la Guardia Civil está inquieta. Tras trabajar con la antigua jueza durante mucho tiempo, la conocían lo suficiente como para pensar que no daba el perfil de una suicida.
Julio, Sandra y Xeno, un guardia civil que se había convertido en el amigo y el colaborador más estrecho de Amalia, piensan lo mismo: Amalia se había mostrado muy entera en los momentos más difíciles y no entendían que ahora hubiera optado por poner fin a su vida.
Los tres inician una investigación superficial para saber a qué atenerse. Visitan a la farmacéutica de Navia para saber si su amiga estaba en tratamiento por ansiedad y consumía habitualmente alprazolam, la droga que acabó con su vida. La mujer les explica que lo más fuerte que tomaba Amalia era ibuprofeno. ¿De dónde había sacado el alprazolam?
Escenarios de la novela
NAVIA DE SUARNA Es el escenario principal, un municipio en la montaña lucense, fronteriza con Asturias y León. Está al pie de Os Ancares, de la que se considera la capital. Cosme, el comandante del puesto local de la Guardia Civil, siempre dice a los que llegan de nuevas al pueblo que quien resiste el clima de Navia y alrededores tiene la vida resuelta porque no hay embate que supere el frío y la dureza de la solitud de los naviegos.
El mayor núcleo del municipio es A Proba, que tuvo gran importancia en la Edad Media, como demuestra su conjunto monumental y el Ponte Vella, un puente sobre el río Navia de un único arco apuntado de 13 metros de altura, dimensiones necesarias por las grandes crecidas del río en épocas de lluvias.
Amalia vivía en A Pobra, descrito en la novela como un lugar tranquilo pintado de verde y de agua que brota del suelo y cae del cielo. Un sitio perfecto para visitarlo o retirarse, según Julio, pero no para una mente inquieta como la de Amalia
COSPEITO Es un municipio de la comarca de la Tierra Llana, colindante con Lugo. El río Miño y sus afluentes Anllo y Támoga lo atraviesan. Es una zona de pastos y humedales de gran riqueza ecológica. Carlos «O Leites» tiene allí la primera granja familiar, el centro de procesamiento de su grupo lácteo y las oficinas principales de la compañía, especializada en productos de gama alta.
SANTIAGO DE COMPOSTELA Roberto es el alcalde de la ciudad, por lo que Santiago de Compostela tiene una notable presencia en la novela. Ana Pardo de Vera mezcla lugares ficticios con otros reales, como el bar de la Casa das Crechas. En distintos momentos del relato destaca la popularidad del primer regidor de la ciudad, tanto entre sus paisanos como entre los turistas; eso contrasta con su otra cara, desconocida y cínica, que Amalia descubrió en la instrucción de la causa Lego.
LUGO Casi todas las escenas retrospectivas sobre el caso Lego tienen como marco la ciudad de Lugo. Pasamos por escenarios reales como la cafetería Rosalía de Castro, al lado del parque del mismo nombre, y por la Rúa Nova, la calle de los vinos. Amalia, además, es enterrada en el cementerio de San Froilán, uno de los más monumentales de Galicia.
MADRID Un encuentro clave de la novela se celebra en Madrid, en un discreto rincón de la discoteca Gayarre, en la Castellana. No les damos más pistas para no reventar parte del argumento.
Temas destacados
LAS MÚLTIPLES RAMIFICACIONES DE LA CORRUPCIÓN En la disección de la causa Lego, Ana Pardo de Vera vuelca su profundo conocimiento de los mecanismos por los que la corrupción acaba convirtiéndose en un problema sistémico que afecta a los principales actores de nuestra vida pública: clase política, poder judicial y medios de comunicación. Las relaciones incestuosas de los poderes económico, político, judicial y mediático complican cualquier investigación y se vuelven, con facilidad, en contra de quienes promueven la investigación, como le sucedió a Amalia y a sus colaboradores.
PROSTITUCIÓN, DINERO SUCIO Y LA MANCHA DE ACEITE La ingente cantidad de dinero negro que genera la trata de personas y la prostitución mancha como el aceite a todos los elementos que están en contacto con él, desde empresarios a políticos pasando por miembros de la judicatura y de las fuerzas y cuerpos de seguridad. En las «fiestas blancas», de cocaína y sexo, organizadas por O Sapo con las mujeres del Princess, participa un «quién es quién» de los poderes públicos gallegos. Si no se avienen a colaborar a cambio de dinero, siempre queda la opción del chantaje. La descripción de la trata y de las condiciones de vida de las mujeres y niñas (y algún niño) en los prostíbulos es sobrecogedora.
GALICIA, EL NARCO Y LA POLÍTICA En Galicia, en las décadas de 1980 y 1990, el tráfico de tabaco y de droga corrompió a buena parte de las instituciones, particularmente de la política y la empresa. Era casi imposible codearse con las grandes fortunas gallegas de entonces, que no pertenecieran a la aristocracia terrateniente, menos acaudalada que los narcos, sin entrar en contacto con estos. El narco lo contaminaba todo, pero Roberto era escurridizo y consiguió que aquella etapa de su vida pasase prácticamente desapercibida; apenas un par de fotos de juventud con varios traficantes que no llegaron a afectar a su carrera política, aunque fueron publicadas en la prensa nacional.
LOS PARTIDOS COMO (SIMPLES) ESTRUCTURAS DE PODER El PDC es una formación absolutamente jerarquizada, donde hasta los procesos de primarias para elegir a los candidatos o candidatas del partido para las muchas citas electorales son un paripé de negociaciones e intercambio de intereses personales y territoriales, donde los afiliados no pintan nada y la cúpula de Madrid, todo. Lo mismo puede decirse de su rival histórico, el PSD. «Las primarias las carga el diablo», reflexiona Roberto. Nadie mueve un dedo en el gobierno autonómico ni en los ayuntamientos y diputaciones sin pasar antes por su despacho.
CARA Y CRUZ DE LAS MACROCAUSAS Uno de los grandes aciertos de Ana Pardo de Vera en Chantaje a una jueza es el de mostrar las distintas caras de una de las muchas macrocausas que se instruyen en España de un tiempo a esta parte. La autora aborda todas las variantes y las consecuencias que tienen tanto para quien las impulsa como para quienes investigan y para quienes están encausados. También para los periódicos que intentan informar con sentido crítico. A través de Sandra descubrimos que sus crónicas de la causa Lego llevaron a su diario a jugarse las subvenciones institucionales y su prestigio, además de lidiar con los muchos intentos de tumbar al equipo directivo de O Pobo en los tribunales —cada día recibían una demanda de los protagonistas políticos de la corrupción—.
«El nepotismo, el amiguismo, la corrupción política y judicial, los favores mutuos que empiezan siendo ilegítimos y acaban siendo ilegales, los sobornos, el tráfico de influencias... Eso existe desde Aristóteles.»
Sobre la autora
Nacida en Lugo, Ana Pardo de Vera es filóloga y periodista. Ha trabajado en varios medios de comunicación, como Sur de Málaga, La Voz de Galicia, Tiempo, Diario 16 o Público, donde actualmente es directora corporativa y de relaciones institucionales. Fue asesora en tres ministerios durante la etapa de Gobierno de Zapatero, en Defensa, Industria y Turismo, y Vicepresidencia de Política Territorial. Colabora con otros medios como Mediaset, RTVE, Catalunya Ràdio, TV3 o ETB y es coautora del ensayo La armadura del rey.
@pardodevera en Twitter y @anapardodevera en Instagram 3

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