DONDE HAYA TINIEBLAS, de Manuel Ríos San Martín, un thriller desconcertante que te atrapará igual que un asesino atrapa siempre a su víctima



Editorial Planeta. 528 páginas

Tapa dura con sobrecubierta; 19,90€ Electrónico: 9,99€


Solo un asesino en serie en tiempos de Instagram hará que dos policías se pongan de acuerdo: él, un boomer chapado a la antigua; ella, una milenial con ganas de cambiar el mundo. Una modelo de diecisiete años a la que le falta el ombligo desaparece en Madrid. Los inspectores Martínez y Pieldelobo se hacen cargo de la investigación, pero chocan desde el primer momento. Él es un padre cincuentón y caótico, tierno pero mordaz y un tanto anticuado; ella, una milenial combativa, inteligente y feminista. Mientras recorren por España lugares misteriosos y templos en apariencia tranquilos, surgen dos hipótesis para desenmascarar a un asesino en serie: o la mafia rusa está detrás de una red de prostitución de lujo o hay un psicópata religioso que pretende enmendarle la plana al mismo Dios.


Este thriller plantea una reflexión irónica sobre la intolerancia, la dicotomía entre pecado y belleza, entre misericordia y castigo, y las relaciones entre el hombre y la mujer como dos seres destinados a entenderse desde el principio de los tiempos

Sinopsis


La desaparición de una modelo rusa de diecisiete años -y que, curiosamente, carece de ombligo- ha puesto en alerta a la Unidad de Delincuencia Especializada y Violencia (UDEV) de Madrid. Dos inspectores, el cincuentón Martínez Gutiérrez y la treintañera Nuria Pieldelobo, serán los encargados de adentrarse en el mundo de la moda para descubrir quién se ha llevado a una chica cuyas redes sociales están tan llenas de admiradores como de haters. Pero la investigación tomará un nuevo rumbo cuando el cadáver de la modelo aparezca tumbado sobre el altar de la ermita de la Virgen del Ara (Badajoz).


El asesinato de la modelo rusa abrirá tres líneas de investigación. La primera apunta a la existencia de una posible red de prostitución de lujo que organiza fiestas privadas con menores de edad. La segunda, a la maldad de un follower que se ha obsesionado con las fotos sensuales que la muchacha colgaba en Instagram. Y la tercera, a un crimen de carácter ritualístico cometido por alguien que pretende librar al mundo de todos aquellos pecadores que no siguen los preceptos de Dios.


Esta tercera línea de investigación cogerá fuerza cuando aparezcan dos nuevos cadáveres: el de un chico al que han matado clavándole un azadón en la nuca y el de un hombre con barba al que han ahogado. Además, ambos cadáveres han sido hallados, al igual que en el caso de la modelo, en lugares de culto religioso: el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca) y el santuario de Aránzazu (Guipúzcoa). Los investigadores no tardarán en relacionar cada uno de los asesinatos con una escena del Antiguo Testamento: el primero representa a Adán y Eva, el segundo a Caín y Abel, y el tercero a Noé. La pregunta es: ¿habrá un cuarto asesinato relacionado, por ejemplo, con la Torre de Babel? ¿Tendrá, pese a todo, algún vínculo con las fiestas privadas de carácter sexual a las que se invita a las modelos?


Así pues, lo que parecía un crimen vinculado a las redes de prostitución de lujo ha degenerado en un caso de serial killer con trasfondo religioso. De manera que, a lo largo de la novela, los inspectores se verán obligados a adentrarse en diferentes mundillos: el de los desfiles de moda, el de los ricachones que organizan orgías privadas, el de las hermandades cuyos miembros andan obsesionados con castigar los pecadores y, en definitiva, el de otros ambientes que, eso sí, tienen siempre un denominador común: la misoginia o, lo que es lo mismo, el sometimiento del cuerpo de la mujer.


De hecho, el tema de la misoginia y el machismo será, precisamente, lo que unirá a dos inspectores que, debido a su edad, tienen visiones muy distintas de la realidad: el inspector Martínez es un boomer que lucha por erradicar los micromachismos que dominan su propio comportamiento, y la inspectora Pieldelobo es una treintañera tan concienciada con la necesidad de liberar a las mujeres del yugo al que la sociedad patriarcal las tiene sometidas que algunos de sus compañeros la consideran una auténtica feminazi. Estos dos protagonistas, a todas luces tremendamente distintos el uno de otro, tendrán que entenderse para resolver un caso lleno de claroscuros. ¿Serán capaces de hacerlo?


Dos inspectores muy distintos


Donde haya tinieblas es un thriller protagonizado por dos inspectores separados no sólo por la edad, sino también por las distintas visiones del mundo que tienen cada una de las generaciones a las que pertenecen. Uno de ellos es el inspector Martínez Gutiérrez, un veterano de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violencia de Madrid que, tras veinticinco años trabajando el Cuerpo Nacional de Policía -algunos de los cuales los pasó destinado en el País Vasco de ETA-, sigue amando su trabajo. Tiene más de cincuenta años y se define a sí mismo como fofisano, familiar y seguidor del Atleti. Una de sus características principales es su tendencia a la dispersión. Evidentemente, estos rasgos dan un toque de humor al thriller.


El inspector Martínez tiene ciertas dificultades para adaptarse al nuevo vocabulario que impera en la sociedad (stories, gentrificación, poliamor, riders…) y, de vez en cuando, suelta alguna palabra hoy considerada políticamente incorrecta (subnormal, maricón, etc.). Es consciente de que tiene una visión mordaz de la realidad, al tiempo que no pude dejar de mostrar ciertos toques machistas que se esfuerza por erradicar. Además, fue educado en un centro de los marianistas, por lo tiene conocimientos profundos de la tradición católica.


Por otra parte, el inspector Martínez adora su vida familiar. Se pasa gran parte de la novela hablando de su esposa Teresa y de sus hijos (Alicia y los gemelos Nacho y Javier), a quienes parece amar con toda su alma. Admira la capacidad de su esposa para haber triunfado profesionalmente al tiempo que asumía gran parte de las labores del hogar. Aunque, a este respecto, no todo es lo que parece, como el lector descubrirá avanzada la novela.


Por su parte, Nuria Pieldelobo es una inspectora treintañera tan concienciada con la lucha feminista que se pasa el día reprochando a sus compañeros los comportamientos machistas que les caracterizan. De hecho, su tendencia a enmendar la plana a los hombres de la comisaría puede llegar a ser tan irritante que hay quien prefiere no hablar con ella. Es, pues, una mujer echada para adelante que no se amilana ante los hombres que la miran con superioridad… o con deseo.


Pero la inspectora Pieldelobo guarda un secreto que, de alguna forma, justifica que se sienta tan implicada en el caso de la modelo rusa. Y es que ella también trabajó en el mundo de la moda cuando apenas era una preadolescente. Su padre la llevaba a castings de ropa interior para niñas y, en cierta ocasión, tuvo que soportar que un fotógrafo se propasara. Desde entonces, está muy atenta a los crímenes vinculados a la cosificación del cuerpo de la mujer y a la sexualización de los niños.


Lógicamente, los inspectores Martínez y Pieldelobo mantienen una relación extraña. Ella ve en él la representación de un machismo totalmente fuera de época y él ve en ella un feminismo que en ocasiones no sólo resulta exagerado, sino también irritante. Uno de los ejemplos de esta diferencia de puntos de vista se detecta en la música que cada uno de ellos escucha: mientras el inspector Martínez es fan de los cantautores como Joaquín Sabina o Sting, ella prefiere a grupos como Travis Birds, Vanesa Martín o Bebe. De hecho, la inspectora Pieldelobo no puede escuchar canciones de los 80s y 90s sin detectar en sus letras constantes comentarios vejatorios para la mujer.


Las redes sociales


Donde haya tinieblas también es una profunda reflexión sobre la influencia de las redes sociales en nuestras vidas. De hecho, la investigación que aquí se narra tiene como punto de origen esas plataformas en las que se permite que auténticos trastornados acosen impunemente a la gente que opina o que vive de un modo distinto al que estos haters consideran conveniente.


Pese a todos los peligros que se ciñen sobre los usuarios de las redes sociales, millones de jóvenes viven obsesionados con ellas y algunos han conseguido convertir esas plataformas en su forma de vida, incluso económica. Esto les incita a subir videos constantemente, sin ser consciente de que muchos usuarios acaban generando obsesiones con ellos y de que están proporcionado información sobre sus movimientos constantemente, algo que facilita la labora de los criminales.


El inspector Martínez tiene tres hijos que, lógicamente, están inmersos en las redes sociales y que, como suele ser habitual en las familias, han bloqueado a su padre para que no se inmiscuya en sus asuntos. Además, como niños que son, viven rodeados del consumismo que se oculta tras la simpatía de los influencers.


Los escenarios de la novela


El asesino de DONDE HAYA TINIEBLAS disfruta depositando los cadáveres de sus víctimas en lugares sagrados repartidos por toda la geografía española, cada uno de los cuales aportan una carga simbólica al crimen cometido. Manuel Ríos San Martín describe a la perfección dichos templos y, de alguna manera, traza un recorrido por la España de la iconografía bíblica. Los tres lugares son:


Ermita de la Virgen del Ara (Badajoz): Considerada por algunos especialistas como la Capilla Sixtina de España, este templo, situado en Fuente del Arco (Badajoz), tiene unos frescos del siglo XVII en los que se representan escenas del Génesis. De ahí que el asesino de Donde haya tinieblas deposite el cadáver de su primera víctima (la modelo sin ombligo) sobre el altar y, por tanto, bajo la escena de la Expulsión del Paraíso.


Real Monasterio de San Juan de la Peña (Huesca): Situado en Botaya, cerca de Jaca (Huesca), es uno de los monasterios más importantes de nuestra Alta Edad Media. Entre sus piezas más destacadas se encuentra el conjunto de capiteles que adornan el claustro, entre los cuales hay uno en el que se reproduce la escena del crimen cometido por Caín contra Abel.


Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu (Guipúzcoa): Situado en el municipio de Oñate, es un templo servido por la Orden de los Franciscanos en el que se venera a la Virgen de Aránzazu, de la que se dice que se apareció en 1469. En este lugar aparecerá el cadáver de la tercera víctima, que representa a Noé.


Otros personajes


Karolina Mederev: Modelo rusa de diecisiete años que, tras ser secuestrada, aparece muerta en el altar de una ermita extremeña. Además de ser una belleza, tiene la peculiaridad de carecer de ombligo, lo que hace que el asesino vea en ella la representación perfecta de la bíblica Eva. Fue introducida en el mundo de la moda -y tal vez en el de la prostitución de lujo- por su madre.


Marcelo Belleti: Asistente personal de Karolina Mederev. Como descubrirán los investigadores, se hace pasar por gay para poder estar rodeado de modelos de enorme belleza. Será uno de los primeros sospechosos, sobre todo cuando se descubran restos de su semen en las sábanas de la secuestrada.


Álvaro Williams: Es la pareja de Karolina Mederev. Se hace llamar Álvaro Williams porque es un nombre más moderno que el suyo real: Álvaro Andrade, natural de Galicia. También trabaja como modelo, pero es un hombre informal que prefiere la diversión a la profesionalidad.


Enrique Castejón: Es un inspector de nueva hornada que controla perfectamente el mundo digital, por el que sus compañeros le llaman Bigdata. Es un friki de las redes sociales, los juegos de ordenador y las sudaderas de marca. Será el encargado de investigar a los haters de la modelo.


Masha Klimov: Es la madre de Karolina Mederev. Se trata de una mujer endurecida por la vida que no ve con malos ojos que su hija use su cuerpo no sólo para trabajar como modelo, sino para obtener dinero de cualquier otro modo, incluida la prostitución de lujo. Cuando alguien le afea esta actitud, responde que no tiene ni idea de cómo es la vida en Rusia.


Don Sebastián: Sacerdote responsable de la ermita de la Virgen del Aro (Badajoz), donde aparece el cadáver de la modelo. Es un fanático religioso que aprecia el concepto de castigo del Antiguo Testamento y desprecia el de amor del Nuevo. Por otra parte, tiene una visión totalmente misógina de la realidad.


Alfonso de la Vega: Guardia Civil con un pasado lleno de condecoraciones, pero con una afición demasiado peligrosa a la violencia. También es un fanático religioso que pone el respeto a la religión por encima del de a la ley.


Hater Religioso: Hater de las redes sociales que acosaba a la modelo y que, cuando ésta falleció, colgó una fotografía en la que había dibujado una cruz sobre el vientre sin ombligo de Karolina. Su nombre real es Francisco Cebrián y trabaja como seguridad privada.


Sobre el autor


Manuel Ríos San Martín (1965) es licenciado en Ciencias de la Información y ha trabajado en importantes productoras de televisión como Globomedia, BocaBoca y Diagonal, en las que ha ejercido de productor ejecutivo, director o guionista. Ha participado, entre otras, en Colegio Mayor, Médico de familia, Menudo es mi padre, Más que amigos, Compañeros, Mis adorables vecinos, Soy el Solitario, Raphael, Rescatando a Sara, Historias robadas y Sin identidad. Ha dirigido un largometraje, No te fallaré, y ha colaborado en la escritura de los guiones de Amigos... y Maradona, la mano de Dios. Ha coordinado y coescrito el libro El guion para series de televisión, publicado por el Instituto de RTVE. También es autor de las novelas Círculos y La huella del mal, que ha sido traducida al italiano y está siendo adaptada a la televisión como una serie de ocho capítulos por el mismo Ríos San Martín, junto a Victoria dal Vera y la productora LaZona.


 

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