César Ortiz publica LA VIDA ES LA HOSTIA, un canto al optimismo que nos ayudará a valorar lo que ya tenemos, a querernos más, y a fijar los objetivos para conquistar nuestros sueños


Editorial Planeta. 192 páginas

Rústica con solapas: 17,90€ Electrónico: 8,99€


La historia de César Ortiz es un relato de convicción, de autoconocimiento, de luchar por lo que más deseas para alcanzar la felicidad en tu vida. Así fue como el autor abandonó su zona de confort, dejando el puesto fijo que tenía como maestro en una escuela de Murcia, y se lanzó a la conquista de sus sueños: ser escritor. Mandó su manuscrito a todas las editoriales, decenas de emails, llamadas de teléfono… Nadie contestó. Entonces decidió autopublicarse e imprimió quinientos ejemplares.


«Quinientos ejemplares? iEstás loco! iSi no tienes seguidores en redes sociales!», le decían. Pero el autor no escuchó esas voces negativas, dejó su trabajo y recorrió España en busca de librerías y bares donde poder recitar sus textos. Al cabo de un año, trabajando muy duro y compartiendo mucho contenido por redes sociales, el suyo se convirtió en el libro autopublicado más vendido de España. Sus seguidores pasaron de cero a diez mil. Al año siguiente, le fichó una de las principales editoriales de España y vendió más de doce mil copias en tres semanas.


Actualmente, César Ortiz tiene cinco libros publicados, vive en Madrid y está plenamente orgulloso de poder gritar a los cuatro vientos que se dedica a algo que le hace infinitamente feliz. Ha recorrido las mejores ferias del libro de España y de parte de Latinoamérica, presentando sus textos, esos textos que un día se veían tan pequeñitos. Paralelamente, César continuó su formación y obtuvo el título de coach, especializándose en crecimiento personal y la ley de la atracción. Hasta el día de hoy, que sigue aprendiendo y reinventándose en PNL, programación neurolingüística, y mindfulness.


Su última obra publicada, LA VIDA ES LA HOSTIA, es un canto al optimismo, que nos ayudará a valorar lo que ya tenemos en nuestras vidas, a querernos más, y fijar los objetivos para conquistar nuestros sueños. El autor nos hace entender que somos perfectos así, en nuestra imperfección. Cada persona tiene sus luces y sus sombras, y por ello es realmente importante cuidar nuestra autoestima, y caminar en el lado positivo de la vida. César Ortiz nos hará conscientes del tiempo que gastamos en lamentarnos por el pasado y en las prisas con las que vivimos nuestro día a día. Solo desde la conexión con el presente podemos cultivar nuestro yo interior para aprender a conocernos y a cuidarnos.


El libro se divide en siete áreas de crecimiento fundamentales que nos ayudarán a superar nuestros miedos, atraer positividad, aprender de nuestros errores, y trabajar la dependencia emocional, para comprender que no necesitamos a otra persona para ser felices, ya que todo parte de nosotros mismos. Estos espacios de crecimiento son los que el autor considera fundamentales para alcanzar nuestros sueños y hacer que nuestra vida sea realmente la hostia.


Ya en la introducción de la obra el autor nos entrega toda la responsabilidad del texto. «He escrito las siguientes páginas, pero antes de que comiences a pasarlas una a una, quiero que sepas que yo no soy el elemento importante de este libro, sino que lo eres tú. Tú eres el verdadero protagonista de esta historia.» César Ortiz consigue llegar al lector con su lenguaje cercano y contundente, cómo bien indica el título del libro no hay cabida para lo políticamente correcto, nuestra felicidad está en juego.


«iEn este mundo loco estamos de paso! Si te caes, levántate, sacúdete y sigue caminando. Una, dos, tres veces... o las que hagan falta. Siempre he pensado que el suelo está ahí para que, al golpearlo, aprendamos a levantarnos.»


Sinopsis


Antes de lanzarse a la aventura de escribir, César Ortiz tenía muchas cosas a las que un joven jamás se plantearía renunciar: un trabajo fijo, vacaciones remuneradas y un buen sueldo que le permitía vivir holgadamente. El único problema…, que no era feliz. Después de dejarlo todo para luchar por sus sueños, ha podido comprobar que lo único que nos impide disfrutar la vida al máximo son las trabas que nosotros mismos nos ponemos.


Aquí tienes los pasos para aprender a amarte más y empezar a disfrutar de todo lo que la vida tiene que ofrecerte: pasa tiempo contigo mismo, atrévete a ser tú, quéjate menos, disfruta más y, por último, ten siempre presente al niño que una vez fuiste y que todavía mantiene viva la ilusión en tu interior. Si aún te quedaba alguna duda, este libro va a convencerte de que LA VIDA ES LA HOSTIA.


La vida tiene mucho que ofrecerte. ¡Atrévete a salir de tu zona de confort y verás que tus metas están más cerca de lo que crees!


Aprendiendo a querernos


En el primer capítulo de la obra César Ortiz analiza el poder que tiene la sociedad sobre nosotros; y cómo, el consumo, las modas y las redes sociales nos dominan con sus modelos de belleza perfecta ilusorios. Con todos estos estímulos rodeándonos es lógico caer en los tentáculos de los estereotipos que hacen que nuestra autoestima disminuya. El canon de belleza que impera hoy en día en nuestra sociedad fomenta prototipos irreales. El físico es uno de los grandes problemas para muchas personas, pero como nos recuerda el autor:


«Hay algo mucho más atractivo que el físico: la Personalidad.»


César Ortiz narra las diferentes experiencias que ha tenido ejerciendo como coach, comparte el caso de Lucía, una joven que sufría de falta de autoestima. Pronto César descubrió que Lucía no tenía hábitos saludables, pero se quejaba de su sobrepeso, y procrastinaba, que es evadir una acción utilizando otras actividades como refugio para no afrontar una responsabilidad. En definitiva, no tenía buenos objetivos en su vida. Uno de los problemas que César Ortiz identificó en Lucía, y que es común al 80% de la población, es la falta de asertividad. Nos cuesta mucho comunicarnos con los demás de manera efectiva, decir lo que queremos transmitir de manera firme, a la vez que respetuosa con los demás y con nosotros mismos. Al poco tiempo Lucía comenzó a seguir los consejos que el autor le indicaba, y su vida cambió por completo. Dejó el tabaco, comenzó a practicar ejercicio; eso le llevó a quererse más, y gracias a elevar su autoestima logró sus objetivos.


«Somos perfectos, con todas y cada una de nuestras imperfecciones»


César Ortiz nos recuerda que la autoestima está formada por la autoeficacia: que consiste en confiar en nuestras propias capacidades para afrontar los retos que nos depara la vida. Y por el autorrespeto, que es la actitud que tenemos de sentirnos merecedores de ser felices en nuestra vida. «Todos pasamos por cosas negativas que nos hacen daño, pero saber gestionarlas y apartarlas de nosotros será lo que nos permita conseguir que nuestra vida sea la hostia», afirma.


El autor nos recuerda que querernos a nosotros mismos no es nada egoísta, y que si cuidamos más nuestro yo interior, tendremos mucho más para dar a los demás. «Quererse a uno mismo significa utilizar con nosotros mismos el mismo tiempo que invertimos en otras personas. Jamás te partas, en pedazos para mantener a los demás completos», declara. No tenemos que intentar agradar a todos si somos sinceros con nosotros mismos, muchos lo verán y querrán compartir buenos ratos en nuestra compañía. Dejar de quejarnos por cosas que realmente no son negativas también nos ayudará a disfrutar más de lo que nos rodea. Reconectar con nuestro niño interior y recordar cuando no perdíamos el tiempo en ver nuestros aspectos negativos, y éramos valiosos por el mero hecho de existir.


«Quiérete mucho, y bien. Sobre todo, quiérete bien»


Disfrutando del momento presente


Vivimos con prisa, desayunamos pronto para llegar cuanto antes al trabajo, vivimos esperando que la jornada laboral termine para volver a casa, esperamos que sea viernes olvidando que el que no es feliz un miércoles tampoco lo será el fin de semana. Esto provoca que vivamos esperando el momento perfecto, sin utilizar el momento y hacerlo perfecto.


Si analizamos la sociedad y la época en la que vivimos, la prisa y la aceleración son factores dominantes. César Ortiz nos incita a que nos paremos a pensar: ¿podemos pedirle a un feto que nazca a los cinco meses? ¿Podemos hacer que una planta crezca más rápido tirando de sus ramas? La respuesta, obviamente, es no. Todo a nuestro alrededor es naturaleza, y parte de esa naturaleza también somos nosotros. Esto nos muestra que cada proceso tiene su tiempo y su ritmo. No damos importancia al ahora y a poner toda nuestra atención en lo que ocurre en el momento presente, cuando es el único momento real en el que estamos existiendo.


Ser plenamente conscientes del momento presente nos hace evitar las lamentaciones del pasado y la preocupación por el futuro, esto nos ayudará a evitar situaciones angustiosas y preocupaciones innecesarias. El presente, por lo tanto no es ni más ni menos que lo que está ocurriendo, la vida que por suerte estamos viviendo. César Ortiz nos anima a que hagamos la prueba, que salgamos a la calle y que observemos a la gente, cómo camina, las veces que mira su reloj, o las veces que observa su teléfono móvil.


«El presente es siempre el mejor momento, porque es el único sobre el que realmente existimos y podemos actuar.»


La mayoría de las personas viven enfurruñadas con su pasado, agobiadas con sus pensamientos presentes, o ansiosas por el futuro. En ocasiones, tendemos a resistirnos a vivir el presente. Resulta más fácil dejarlo pasar que afrontarlo, vivirlo y sentirlo. Para poner remedio a este mal que aqueja a la sociedad el autor nos brinda una serie de consejos. El primero de ellos es dejar de pensar tanto y sentir más. Poner nuestra atención y sentidos en disfrutar del momento presente, sea cual sea, deleitarnos oliendo una flor o sintiendo el aire en la cara, y cultivar esos instantes en los que únicamente sentimos. Debemos aprender a dejar de lado el control, ya que cuando insistimos en controlar todo encontramos una fuente constante de tensión y estrés. También nos ayudará liberarnos de los prejuicios, ya que esto dejará espacio a la espontaneidad, sin asumir patrones de respuesta preconcebidos. Mientras pensemos que algo, o alguien, debería ser así, o de otra forma, y esto no ocurra como nosotros esperábamos, vamos a generar en nuestro yo interior un sentimiento negativo de frustración. Por último, el autor nos anima a practicar Yoga, meditación o cualquier otra técnica que nos ayude a conectar con el momento presente.


Una de las enseñanzas más importantes que encontramos en esta parte de la obra es evitar las lamentaciones por el pasado y las preocupaciones por el futuro. Diversos estudios han determinado que nuestros pensamientos se sitúan aproximadamente en un 70% en el pasado. Lo preocupante es la aparición de culpas y remordimientos provenientes del pasado, a los cuales les añadimos la incertidumbre y las preocupaciones del futuro. «¡Vive el presente! El pasado no cambiará, y el futuro aún no ha llegado», exclama César Ortiz.


Adiós a los miedos


El ser humano ha sentido miedo desde sus inicios, es algo completamente natural, y en parte necesario para activar nuestro sistema de defensa. En nuestro cuerpo el miedo actúa biológicamente activando el cerebro reptiliano, que regula las acciones esenciales para la supervivencia, como alimentarse o respirar. Después, pasa al sistema límbico, que regula las emociones y las funciones de conservación del individuo. Cuando nuestros sentidos detectan una fuente de peligro, entonces se desencadenan los sentimientos de miedo y ansiedad. Primero los sentidos perciben el peligro en sí, después el cerebro lo interpreta, y, de ahí, actúa en el sistema límbico. Es este el que regula las emociones de lucha, huida, y lo necesario para conservar la propia especie del individuo. Por ello miedo desempeña una función única y exclusivamente biológica de supervivencia. Ahora bien, debemos diferenciar entre los dos tipos de miedos que existen en el ser humano, el miedo innato, un miedo que no podemos controlar, y el miedo aprendido, el miedo que nosotros mismos nos provocamos. Y este último es uno de los principales problemas que tenemos los seres humanos ya que anticipamos situaciones negativas que, muy probablemente, no vayan a ocurrir nunca. Incluso existen experimentos científicos que han confirmado que más del 90% de las cosas por las que nos preocupamos no se llegan nunca a cumplir.


Para ilustrar como actúa este miedo en contra de nuestros intereses el autor nos presenta la historia de Natalia una estudiante brillante de Publicidad y Relaciones Públicas, con varios masters en su currículo académico. Natalia había realizado entrevistas para diferentes empresas, y a pesar de estar más que preparada nunca conseguía el trabajo. Le agobiaba el hecho de seguir viviendo con sus padres con 27 años, ella quería independizarse y sentirse autónoma. César Ortiz comenzó a trabajar con ella la autoestima, hasta que se dieron cuenta de que ese no era realmente el problema. Fue entonces cuando el autor detectó que la traba era lo que Natalia se decía a sí misma antes de esas entrevistas. Como si de un mantra se tratase, sus pensamientos se centraban en que no la contratarían porque no estaba lo suficientemente preparada. Estos pensamientos limitantes negativos fomentaban su no contratación. Su vibración era muy baja y cuando vives en la vida con vibraciones negativas, la vida te responde con vibraciones negativas. Estos son los miedos aprendidos, y la razón por la que Natalia no conseguía el puesto, ella misma se estaba boicoteando.


«No anticipes los problemas ni te preocupes por todo aquello que todavía no ha ocurrido»


Pero… ¿cómo hacemos para no quedar atrapados en esos sentimientos negativos y sufrir por adelantado? César Ortiz nos recomienda revertir esa situación para darle un sentido positivo. Pongamos un ejemplo, imaginemos que vamos a abrir un nuevo negocio, y nuestros pensamientos negativos son «seguro que abro este negocio y me arruino», debemos cambiar nuestra frecuencia por «seguro que abro este negocio y, aunque tenga dificultades económicas, saldrá adelante.» Ante un pensamiento limitante también podemos usar la frase «no te creo, dejaré que ocurra y... iya veremos!»


En este punto de la obra el autor nos anima a salir de nuestra zona de confort, que es esa zona mental donde las personas no tenemos situaciones de riesgo. Es allí donde nos sentimos cómodos, evitamos el miedo a lo desconocido mientras morimos lentamente en la rutina. Es una zona en la que solo hay sitio para lo conocido; por lo tanto, sentimos, erróneamente, una sensación de comodidad ante la vida. Pero, lógicamente, mientras estemos dentro de la zona de confort, jamás cumpliremos nuestros sueños. Los tres ámbitos en los que las personas se estancan en la rutina de su día a día son: en el ámbito laboral, en el ámbito sentimental, y en el ámbito de lo salud. César Ortiz nos presenta cinco pequeños ejercicios que nos ayudarán a salir de nuestra zona de confort. Conocer nuevos lugares, ir a pasear, al cine o al teatro. Dedicarnos una vez por semana para disfrutar de ese placer con nosotros mismos. Encontrar nuevos caminos, conocer nuevos lugares o perdernos por la ciudad. El autor nos insta a que no recurramos a la opción más cómoda, que digamos «sí» a lo que normalmente solemos decir «no» para vivir nuevas experiencias. ¡Es el momento de hacer todas esas cosas que llevamos deseando hacer durante años! El último de los consejos es sacar a la basura de nuestra mente. Al igual que sacamos la basura todas las noches, debemos sacar de nuestra cabeza los pensamientos limitantes antes de irnos a dormir.


La falsa media naranja


«No necesitas que nadie te complete. Tú eres todo lo que necesitas»


En el ecuador de la obra, el autor trabaja la dependencia emocional, muy popular en las personas de entre 20 y los 35 años. Esto puede deberse a que en la sociedad en la que vivimos se alimenta constantemente la importancia de tener pareja para ser una persona completa. César Ortiz expone que «no somos conscientes de lo enfermizo que puede ser este pensamiento y de lo mucho que podemos instaurarlo, sin querer, en nuestro sistema de creencias, y de lo complicado que nos resulta deshacernos de él. Es surrealista que creamos que hay alguien ahí fuera que vendrá a rescatarnos, a hacer que nuestra vida mejore, al igual que lo es pensar que nosotros somos esa mitad que complementará a alguien.»


El apego es el vínculo afectivo más primario lo establecemos en el primer año de vida y suele mantenerse durante toda ella. Las relaciones de pareja que establezcamos en un futuro dependerán en gran medida del tipo de apego y vínculo emocional que hayamos sentido desde pequeños. Por ello, no todas las personas tienen la misma dependencia emocional hacia sus parejas. A través del apego cubrimos la necesidad que tenemos de seguridad emocional; sentirnos aceptados, queridos, apoyados, o valiosos. Esto que hace que interioricemos que nuestro bienestar y felicidad dependen de lo que otra persona nos quiera. Y así sin darnos cuenta, estamos dando a otros el poder de hacernos felices, pero a su vez de destruirnos, porque no nos estamos haciendo responsables de nosotros mismos. Como explica el autor en nuestra sociedad hemos normalizado que una de nuestras tareas para ser personas exitosas y completas es hacer feliz a una pareja. Pero no tenemos ni idea de por dónde empezar con nosotros mismos. Esto dista mucho del amor real que es cuando das algo y no esperas nada a cambio; no se busca fuera, se busca dentro de uno mismo para así poder encontrarlo después en los demás. La causa principal de la dependencia emocional reside en la falta de autoestima y de amor hacia uno mismo. Esto hace que toda la energía que deberíamos invertir en cuidar de nosotros mismos la desviemos hacia otra persona.


«El único que puede responsabilizarse de cubrir mis necesidades soy yo mismo»


Muchas personas prefieren estar atrapadas en relaciones en las que ya no hay ningún tipo de aprendizaje, donde uno más uno no suman dos, sino que restan. Relaciones en las que ya no hay una evolución conjunta, ni un crecimiento personal o espiritual. «Si tú depositas todo tu ser, tu energía, tu «yo»; en una persona externa, cuando esta haga algo que no te agrade, o simplemente te deje, vas a perder toda tu esencia. Tu felicidad no puede depender de nadie más que de ti mismo», explica César Ortiz.


¿Por qué no nos alejamos de esas personas que nos hacen infelices? El autor menciona el miedo como el principal factor en este tipo de relaciones desequilibradas. También nos cuesta abandonar esa seguridad que nos da tener una relación de pareja, en una sociedad en la que parece que si estás solo o sola, es porque no has encontrado el rumbo en tu vida. Si nos encontramos en este tipo de situaciones siempre es más recomendable pasar por una ruptura, dejar de aferrarnos a un falso ideal, y comenzar a buscar nuestra propia felicidad.


Somos la energía que atraemos


Cada vez son más numerosos los estudios que comprueban que ser positivos no solo sirve para reducir la ansiedad y el estrés, sino que también mejora nuestra salud. La positividad se puede trabajar, en La vida es la hostia César Ortiz describe tres pequeños pasos para atesorarla. El primero de ellos es querernos mucho y querernos bien. Lo vimos en los primeros compases de la obra al hablar de la autoestima. Ahora al relacionarlo con nuestra energía debemos centrarnos en atraer vibraciones altas, ya que estas se retroalimentan. Cuidarnos por fuera es importante, pero mucho más lo es cuidarnos por dentro. El segundo de los pasos es dar incondicionalmente, ayudar a quien lo necesita, esto nos hará que nos sintamos bien con nosotros mismos. Ser agradecidos y amables es otra de las características que nos convertirán en una persona positiva. Por último, debemos aprender a perdonarnos y dejar de fustigarnos por aquello que no podemos cambiar.


Para evitar las frecuencias o vibraciones bajas debemos evitar los pensamientos y sentimientos negativos como el miedo, la envidia, la crítica o la culpa. Por el contrario, cuando tenemos pensamientos positivos como la alegría, el amor o la libertad atraemos y vibramos en frecuencias altas. Esto nos produce un estado de armonía, mientras que si nos movemos en vibraciones bajas tendremos una sensación de desequilibrio. Alguno de los aspectos que interfieren en nuestras vibraciones son: el entorno, las personas con las que nos relacionamos, los lugares diferentes, y las actividades. Llevar una dieta equilibrada también atraerá vibraciones positivas.


«Haz que tu energía de dentro siempre vibre muy alta, entonces lo energía de afuera cambiará»


En esta parte de la obra el autor nos invita a realizar un ejercicio de auto observación de nuestro yo interior. Tan solo nos llevará unos minutos cada día y nos reportará numerosos beneficios. Para realizarlo nos tumbamos o sentamos a solas, y conectamos con nuestro yo interior a través de la respiración. Cuando nos encontremos totalmente relajados nos preguntaremos «¿Cómo me encuentro?». Si el pensamiento es negativo seguimos con la respiración y las preguntas hasta revertir esas bajas vibraciones por altas frecuencias.


Nuestra vida como un gran espejo


En los últimos compases de la obra el autor recoge una de las enseñanzas más importantes la denominada: ley del espejo. Una ley que si la entendemos y llevamos a la práctica puede cambiar radicalmente nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos. Su principal premisa es que la vida actúa como un gran espejo y refleja tanto nuestra luz como nuestra sombra, por lo que es un retrato de nuestro mundo interior. Por ello no vemos el mundo como es, sino como lo vemos nosotros. Tampoco vemos a las demás personas como son, sino como somos nosotros reflejados en ese espejo.


Se trata de una herramienta transformadora que nos ayudará a entender que todo los que vemos en los demás es debido a que está en nuestro interior, ya que si no lo tuviéramos dentro no podríamos verlo. Todo lo que no soportamos o nos irrita de otra persona es un reflejo de nosotros mismos.


La ley del espejo tiene cuatro matices, el primero de ellos es similitud. Lo que nos molesta de otros son las cosas que nos molestan de nosotros mismos. Esa persona en cuestión proyecta nuestras sombras interiores. La segunda es polaridad, lo que nos molesta de alguien refleja lo contrario de cómo somos. En esta ocasión el espejo nos está reflejando el extremo contrario a cómo somos. Esto podemos verlo claramente con el orden, si somos una persona maniática y las personas desordenadas nos irritan, lo más probable es que tengamos algún aspecto sin resolver en nuestro interior. Puede ser que nosotros mismos no nos permitamos ser un poquito más desordenados. En palabras de César Ortiz «la solución para esto es que trates de salir de esa rigidez en la que estás metido, dejar a un lado esa polaridad y encontrar el equilibrio. No te sitúes en un extremo de la vida.» La tercera de las situaciones es la idealización. Aquí el espejo nos muestra la diferencia entre nuestras expectativas con respecto a alguien y la verdadera realidad. En nuestro yo interior crece la necesidad de querer cambiar y controlar a las demás personas, esto se ejemplifica a la perfección en las relaciones de pareja. También es importante no idealizar a las personas desde un principio, ya que, si creamos expectativas altas sobre ellas, y luego la realidad no es la que esperamos nos enfadaremos con esta persona cuando, en realidad, el verdadero problema lo tenemos nosotros mismos. Por último, nos centramos en las relaciones, cuando una persona nos trata mal sin ningún motivo aparente, probablemente nosotros estemos haciendo lo mismo a una tercera persona de nuestro entorno. La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué me está espejando esta persona, cuando supuestamente yo no soy así?


«Tu mejor maestro siempre será tu último error»


El autor nos invita a reflexionar la próxima vez que tengamos un conflicto, o alguien nos irrite. En vez de pelearnos con lo que fuera intentemos enfocarnos en nuestro interior y tratemos de mejorar aquel aspecto. Todo lo que no soportamos de una persona es algo que nos reprochamos o no soportamos de nosotros mismos. En vez de lamentarnos y victimizarnos César Ortiz nos anima a que utilicemos esa información como una fuente de aprendizaje, transformar esas vibraciones negativas de las que hablábamos anteriormente es el camino para sanar algo de nuestro interior.


Otra de las valiosísimas leyes que el autor analiza en esta obra es la ley de atracción, de la cual el mismo es un gran ejemplo. Esta ley nos explica que, a través de nuestros pensamientos, podemos atraer a nuestra vida todo aquello que deseamos. Obviamente no por arte de magia ésta debe completarse con la ley de acción, que asegura que pondremos el esfuerzo correspondiente.


Sobre el autor


César Ortiz nació en Murcia. Con veintitrés años ya había finalizado tres carreras universitarias relacionadas con las ciencias de la educación: Estudios Ingleses (Universidad Camilo José Cela), Educación Física (Universidad de Murcia) y Pedagogía (Universidad de Murcia). Obtuvo el título de coach, especializado en Crecimiento Personal y Ley de la Atracción. Hasta el día de hoy, sigue formándose y reinventándose en estos ámbitos de PNL, programación neurolingüística y mindfulness, etc. Su primer libro, La línea curva de tu sonrisa, de poesía positiva, obtuvo el premio al libro autopublicado más vendido de España en 2018. Desde entonces, ha publicado con éxito cuatro libros y realiza charlas, conferencias, presentaciones y recitales por toda España y Latinoamérica.


 

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