Rafael Soler publica EL SUEÑO DE TORBA, una novela que nos habla de "la incomunicación, la dignidad, los sueños que nos ayudan a saltar de la cama a la vida, el amor y sus esquinas”


Olé Libros. 200 páginas.
Tapa dura. Cosido. Estamping plateado. Edición lujo. 17,31€


Rafael Soler reedita EL SUEÑO DE TORBA en la cuidada colección Vuelta de Tuerca Narrativa, que ha presentado recientemente la editorial Olé Libros. Se trata del segundo título de esta colección de obras reeditadas, escogidas por los propios escritores por significar algo especial para ellos y que incluyen un prólogo en el que desvelan al lector los motivos de su elección. Cuarenta años han pasado desde su publicación, pero el libro mantiene su vigencia intacta, propia de las obras perdurables tanto por su forma como por su contenido.


El lector se encuentra ante una segunda vida para esta novela experimental donde se apuesta por el lenguaje, aunque siempre al servicio de la trama, en la que los lectores podrán disfrutar retomándola después de muchos años o descubriéndola por primera vez. Y podrán hacerlo adquiriendo este tomo de tapa dura con una espléndida edición y añadirlo al resto de la colección Vuelta de Tuerca Narrativa de Olé Libros.


EL SUEÑO DE TORBA, publicada en 1983 por Ediciones Cátedra, narra una serie de historias cruzadas que tratan de la incomunicación y la precariedad de las relaciones humanas, con personajes que se mueven en el cotidiano espacio cerrado de una ciudad marítima. Jaime Sarduy, profesor, taxidermista de un mundo de objetos y recuerdos. José Radek, librero amigo que aborda sin éxito la narración objetiva que autor y protagonista no quieren hacer. Y las mujeres, Berta, madre e hija, que llevan en distintos tiempos un soplo de vida y desconcierto a la ordenada rutina de Jaime. Clara, indecisa en el tedio de su matrimonio. Y el Rolls, un Rolls Silver Wright 1956, elemento de intriga y clave de la narración.


Rafael Soler nos habla de su obra



Olé Libros ha reeditado EL SUEÑO DE TORBA. No sé si en estos casos el sentimiento de un autor es parecido al del padre que vuelve a ver a un hijo que se marchó de casa hace cuarenta años.


Si de paternidad hablamos, diré que es la mía una familia numerosa: seis novelas, dos libros de relatos y cinco de poemas. Y todos fueron llegando a casa a lo largo de más de cuarenta años de escritura entusiasta, no siempre con aciertos, pero sí con vocación incorruptible. Y si hablamos en concreto de esta novela, que vio la luz en 1983 gracias al buen hacer de Ediciones Cátedra en compañía de otras con más méritos, diré que fue mi primera incursión narrativa en formato extenso, tras publicar “El grito” y “El corazón del lobo”, dos novelas cortas. Así que, de alguna manera, es la hermana mayor de esta tropa de seis, con la jovencísima “Necesito una isla grande” bautizada en 2019. Por todas siento el mismo paternal afecto, con todas disfruté mucho durante sus tiempos de redacción y de cochura, y todas han ido encontrando a sus lectores sin hacer mucho ruido.


Y después de tanto tiempo, ¿ha envejecido bien?. Me refiero al libro, claro, no a usted (perdón por la posible impertinencia)


Envejecer es siempre un gran regalo. Significa que has vivido, y que sigues estando a pie de andamio y barro, para dar testimonio y seguir aprendiendo de otros más jóvenes que tú. Y no siempre es fácil envejecer con dignidad, ocupando el sitio que las circunstancias personales y el azar te han asignado. Pasa igual con los libros. Algunos nacen con su fecha de caducidad ya incorporada al ISBN, otros tienen vocación de perdurar. Y cuando Toni Alcolea me propuso elegir uno de mis títulos para la nueva colección Vuelta de Tuerca Narrativa, me tiré enseguida a la piscina: “El sueño de Torba”.


¿Por qué eligió esta obra para ser reeditada?


Me reconozco en ella, tanto en fondo como en forma. Un escritor se debe a sus obsesiones, y de ellas se alimenta con su personal voz y mirada. Y esta novela trata de la incomunicación, la dignidad, los sueños que nos ayudan a saltar de la cama a la vida, el amor y sus esquinas. Y lo hace con riesgo, o eso quiero pensar, dando su espacio al lenguaje, para contarlo todo de otra forma.


Afirma en el libro que "los escritores de brújula, y es mi caso, mantenemos una relación muy especial con los personajes que vivaquean en nuestras páginas". En EL SUEÑO DE TORBA "vivaquean", entre otros, José, las dos Bertas, Jaime, Clara.........y un Rolls. ¿Cómo se relaciona con ellos?


Tuvimos una relación muy intensa durante el tiempo de escritura, y juntos paseamos la ciudad, y juntos tomamos más de una copa mientras iba cada uno encontrando su lugar en cada página. La escritura de una novela es siempre un proceso intenso y apasionante: vives por otros, y con ellos convives día a día, escuchándoles, dejándote llevar, descubriendo a veces con asombro cosas tuyas que ignorabas. Así que, al final del viaje, todos tienen algo tuyo, aunque sea en un pliegue de su falda o en su pasado lejano. Ahora, todos vuelven a primera línea en este regalo de una reedición que les encuentra iguales, aunque su autor ya peine canas.


¿Y con Torba?


Ay, Torba. ¿Por qué una yegua pura sangre, que nunca ganó una carrera, y que apenas es citada en una página o dos, se apropia con tanto descaro del título? Aún hoy me lo sigo preguntando.


Lo primero es escribir y lo segundo que sea novela, poesía, teatro. ¿O no?


Lo primero es escribir, claro que sí. Y lo segundo, también. Y ya puestos, lo tercero y cuarto. A esa algarabía nos debemos los escritores. Escribir, leer, contar historias, sumirnos en la inseguridad y el pánico para luego volver a las andadas, entiéndase por tal el folio en blanco y la pantalla Word fuente Arial. Publicar es un albur con castañuelas, y bien está que así sea. ¿Novela, poesía, texto dramático? Cada mochuelo acude luego a su olivo, y cada olivo recibe a sus mochuelos cuando llegan.


La última. ¿Tiene sentido preguntar qué le importa más a la hora de escribir, la forma o el fondo? ¿O es un debate, si existe, más periodístico que literario?.


El tono. Tan difícil de encontrar en cada historia, tan definitivo. Encuentras el tono, y si tienes historia y personajes todo fluye fácil. Cuéntanos una historia que algo nos enseñe del corazón humano, una historia en la que algo aprendamos, una historia que nos ayude a ser mejores. Y, a su servicio, la forma de contarla.



Sobre el autor


Escritor y poeta valenciano, Rafael Soler reside en Madrid, donde ha trabajado como profesor titular en la Universidad Politécnica. De intensa producción literaria, recibida como una de las más interesantes de la nueva literatura española, y que inició con las publicaciones de sus novelas El grito (1979, Premio Ámbito Literario) y El corazón del lobo (1981, Premio Cáceres), a las que siguieron El sueño de Torba (1983) y Barranco (1985) en Ediciones Cátedra, así como El último gin-tonic (2018) y Necesito una isla grande (2019) en Contrabando. Autor de dos libros de relatos premiados, Cuentos de ahora mismo (1980) y El mirador (1981), y cinco libros de poesía: Los sitios interiores (1979), Maneras de volver (2009), Las cartas que debía (2011), Ácido almíbar (2014, Premio de la Crítica Literaria Valenciana) y No eres nadie hasta que te disparan (2016). En 2019 vio la luz su antología poética Leer después de quemar (Olé Libros). Obra suya ha sido publicada en Hungría, Japón, Italia, Estados Unidos, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Honduras y Perú.





 

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