Javier Pérez Campos desvela en LOS INTRUSOS los edificios que esconden secretos: un pasado sombrío, un crimen atroz o un cadáver bajo los cimientos



Editorial Planeta. 288 páginas

Tapa dura con sobrecubierta: 20,90€ Electrónico: 8,99€


El periodista Javier Pérez Campos decidió abordar el fenómeno de las casas infectadas, edificaciones donde se producen fenómenos difícil de explicar y en los que el autor se convierte en testigo de ellos. LOS INTRUSOS, libro escrito en parte durante el confinamiento de 2020, es el reflejo de un momento de nuestra historia: uno en el que los hogares pasaron a convertirse, al menos temporalmente, en el único escenario posible de nuestras vidas.


Un hotel por cuyos pasillos se atisba la figura de un niño. Un viejo cortijo que esconde una trampilla tras la que se intuye un secreto. Un antiguo castillo donde el sonido de un piano que nadie toca rompe el silencio cada noche. Todos hemos oído historias de lugares encantados, pero… ¿y si ocurrieran en tu propia casa? ¿O en el hotel en el que te alojas? ¿Conoces la historia de esas paredes? ¿Quién las habitó antes?


Los edificios esconden secretos: un pasado sombrío, un crimen atroz o un cadáver bajo los cimientos. En LOS INTRUSOS, Javier Pérez Campos nos atrapa en una lectura adictiva: historias que son nuevas y que, al mismo tiempo, a todos nos resultan familiares. Con su inagotable curiosidad y su empeño sincero por desentrañar misterios jamás resueltos, querrás seguirle hasta la habitación más sombría.


Llaman a la puerta. Atrévete a dejarles pasar.


Al final de una escalera, en la buhardilla o en el sótano…, tú también has sentido a los Intrusos.


¿Y si al llegar a casa no te sintieras a salvo?


Durante los largos meses de confinamiento, muchas familias conocieron de verdad sus hogares. Debido al estrés del día a día, es habitual que solo los visitemos para descansar, sin pensar demasiado en esas cuatro paredes. Sin embargo, la pandemia por la Covid-19 nos obligó a todos a vivir encerrados durante unos largos meses del pasado 2020.


A raíz de aquello, el autor recibió diversas alertas de personas que decían no sentirse a gusto en sus casas. El lugar que debería ser su guarida se había convertido en el enemigo. Algunos sentían malestar debido a los efectos del llamado «síndrome de las cabañas», pero otros manifestaban que algo extraño sucedía: el escenario que aparentemente conocían a la perfección había cambiado. Su casa ya no era su casa.


De pronto, muchos habían empezado a tener sueños desagradables, sensaciones negativas e, incluso, la intuición de que algo invisible habitaba junto a ellos. Algo que latía y se expandía cada noche.


Javier Pérez Campos decidió abordar entonces el fenómeno de las casas infectadas: edificaciones que han marcado a multitud de personas, donde se producían fenómenos difíciles de explicar y en las que el autor ha llegado a pernoctar, intentando convertirse en testigo directo de lo que allí, aparentemente, sucedía.


Este libro, escrito en parte durante el confinamiento de 2020, es el reflejo de un momento de nuestra historia: uno en el que los hogares pasaron a convertirse, al menos temporalmente, en el único escenario posible de nuestras vidas.


¿Quiénes son los Intrusos?


En sus anteriores trabajos, el autor ahondaba en el fenómeno de Los Otros (figuras fantasmales que venían a dar un mensaje) o en el de Los Guardianes (voces o espectros que salvaban vidas). Pero… ¿quiénes son los Intrusos?


Se trata de apariciones que ocurren en el interior de viviendas, bien sean domicilios particulares, hoteles, castillos o recintos militares.


El autor ha conseguido autorizaciones oficiales para pasar la noche en todos estos lugares. Desde la famosa casa de las caras de Bélmez hasta el refugio de alta montaña de Cerler, donde el ejército habló de fenómenos extraños tras la muerte de un grupo de soldados en un accidente producido durante unas maniobras.


Para rescatar todas estas historias, Javier ha acudido a hemerotecas, ha recurrido a estudios y análisis científicos, ha entrevistado a testigos y a expertos, e incluso ha charlado con personalidades internacionales como el director de cine M. Night Shyamalan, autor de El Sexto Sentido, que se documentó a fondo para escribir el guion de su famosa obra, y que revela al autor un suceso que le ocurrió en primera persona y cambió para siempre su manera de entender nuestro mundo… y el otro: ese otro mundo que nos rodea, aunque seamos incapaces de percibirlo. Porque él, cuenta, también vio un fantasma: el de una niña, asomada a la ventana de la casa de un amigo.


¿Conoces la historia de tu vivienda?


En muchos casos, las familias que se mudan a estos inmuebles desconocen por completo la historia de lo que allí sucedió, a pesar de que esta información podría condicionar, como mínimo, la experiencia psicológica de los nuevos habitantes.


Aunque en algunas partes del mundo las inmobiliarias obligan a informar a los posibles compradores del pasado de las viviendas, no ocurre lo mismo en España. Eso ha dado lugar a que muchos hayan sido conocedores de historias sangrientas ocurridas en sus domicilios tiempo después de haberlos adquirido.


Algo así sucedió a Ramón Francia, protagonista de una de las historias del libro. Tras mudarse a un antiguo cortijo ubicado en Coín, Málaga, empezó a sufrir pesadillas que tenían que ver con figuras que emergían de un armario de su dormitorio. Varios de sus amigos llegaron a abandonar el cortijo en medio de la noche, aterrorizados por la visión de una figura fantasmal que deambulaba por las habitaciones.


Tras investigar sobre la historia del entorno, Ramón terminó descubriendo que dentro del armario junto al que dormía cada noche había una trampilla oculta que comunicaba con una habitación secreta, ubicada en lo alto del falso techo.


Hasta allí se desplazó el autor, para adentrarse, no sin dificultad, en esa pequeña estancia, a la que se accedía trepando por el muro, y que conducía a una especie de zulo. "Lo que encontró allí, lejos de despejar sus dudas, abrió aún más interrogantes acerca de este misterio".


La historia de la ciudad y del cortijo hacían pensar que aquel espacio podría haber sido utilizado para esconder a una persona después de la Guerra Civil, cuando multitud de personas conocidas como «los topos» tuvieron que desaparecer para evitar ser asesinados. Así, muchos vivieron escondidos, a veces durante décadas, en rincones secretos que construyeron en sus casas, y gracias a ello pudieron salvarse. Uno de ellos fue el propio alcalde de Mijas, Manuel Cortés Quero, que pasó treinta años escondido en diferentes toperas.


La ubicación oculta del cortijo guardaba al autor varias sorpresas, como un arcón de madera con marcas e inscripciones, que le permitieron investigar sobre quién pudo esconderse allí…


Casas infectadas


La búsqueda de Javier Pérez Campos le condujo hasta la historia de una maldición familiar. Una casa en la que se habían registrado todo tipo de infortunios. La historia recordaba a la finca maldita de Valencia, en el número 1 de la calle Tres Forques, donde se han producido más de una decena de muertes violentas y accidentales en los últimos años, o al edificio de los crímenes de Malasaña, en el número 3 de la madrileña calle de Antonio Grilo.


El investigador Roger de Lafforest, autor de una obra sobre casas que podrían matar a sus inquilinos, afirmó que algunas viviendas parecían cobrarse una vida por contrato de compraventa.


Y así sucedió en un caso inédito descubierto por el autor. Ocurrió en una casa de campo ubicada entre Moral de Calatrava y Santa Cruz de Mudela, en Ciudad Real. Allí se produjo, a principios de siglo, un sospechoso suicidio… Un vecino del pueblo apareció ahorcado en un árbol. Pocos días después, el guardés del cortijo fue acusado popularmente, pero nunca hubo pruebas para inculparlo.


Años más tarde, en ese mismo lugar, una persona falleció asfixiada por el humo de un brasero.


Desde entonces, los propietarios habían ido falleciendo, siempre de manera trágica, hasta que el lugar quedó abandonado para siempre. Algunos llegaron a verse acosados por algo que les acechaba durante la noche y que les obligó a huir de allí.


En España existen muchos otros lugares fatales, como la casa maldita de O Carballal, donde se han producido varios crímenes, o la apacible población de A Pantrigueira, en Vilanova de Arousa, Galicia, donde se registraron cuatro muertes en diferentes periodos de su historia.


¿Qué sucede en estas casas del mal? ¿Puede condicionar un entorno la mente de sus habitantes? ¿Cómo podemos identificarlos y, sobre todo, cómo podemos protegernos de ellos?


Cadáveres bajo los cimientos


Algunas construcciones se erigen sobre viejos camposantos. Es un clásico que hemos visto en el cine, como en Poltergeist. Y no es casualidad.


El director Steven Spielberg se inspiró en una historia real para escribir el guion de una de las películas más famosas de casas encantadas. Sucedió en 1958, en un tranquilo barrio de Seaford, en Nueva York. Allí, la familia Herrmann vivió aterrorizada por una serie de fenómenos inexplicables que les obligaron a buscar ayuda en inspectores de policía, científicos y sacerdotes. Pero nadie supo darles una respuesta. El autor ha buceado en hemerotecas internacionales para rescatar este increíble episodio que sucedió a solo unos kilómetros de Amityville, la casa encantada más famosa del mundo, cuya historia también fue adaptada al cine en varias ocasiones.


Pero la verdad es que no necesitamos viajar tan lejos: también en España tenemos casos similares. En Aguilar de la Frontera, Córdoba, existen unas dependencias municipales construidas sobre una antigua iglesia desacralizada. Al poco tiempo de empezar a trabajar allí, muchos empezaron a verse atenazados por sombras, cánticos de niños, sonidos de rosarios o visiones de monjas que se desvanecían por los pasillos.


Casualmente, en las obras de rehabilitación habían aparecido cientos de huesos. Entre ellos, el esqueleto de una monja con un rosario colgado al cuello.


Hasta allí se desplazó el autor para pasar una noche a solas en el interior. Lo que no esperaba era convertirse en testigo directo de los fenómenos. Por tanto, Javier Pérez Campos no es solo el cronista curioso que entrevista y rescata historias; también es alguien que las vive de manera directa. Se involucra en ellas e intenta transmitir su miedo, su incertidumbre o sus propias dudas.


Antiguos palacios y castillos


Si existe un clásico en el misterio, es la combinación de castillos y fantasmas. La literatura gótica, el cine y las leyendas nos han insertado en el ADN la idea de que estas vetustas construcciones son más propicias a este tipo de fenómenos.


Los Intrusos recoge sucesos en casas particulares, pero también en antiguos palacios y castillos donde el autor ha podido pernoctar. Uno de ellos es el castillo de Niebla, en Huelva, donde muchos afirman haberse encontrado con el fantasma de Elena Wishaw, una mujer fascinante vinculada a la historia de la fortaleza y que, dicen, aún pasea con un vestido vaporoso bajo la luz de la luna llena.


Otro de estos lugares es el Palacio del Infante, en Arenas de San Pedro (Ávila), una imponente construcción llena de historia y leyenda, donde diferentes trabajadores han visto una sombra que camina encorvada o un niño que juega en algunas de sus dependencias.


Desde luego, dormir en un castillo, sobre sus mazmorras, con sus enormes corredores rodeando el dormitorio, no es una experiencia cualquiera. Lo mismo sucede al pernoctar en un antiguo hospital del siglo XVII convertido hoy en Parador.


El autor relata, además, sus viajes a Escocia o a Inglaterra, donde estas apariciones que se producen entre muros centenarios tienen ciertas particularidades. Algunos vigilantes, que han llegado a disparar a estas apariciones, hablan de miembros amputados, separados del resto del cuerpo, que flotan en el aire antes de disolverse para siempre ante sus ojos, y de brazos o cabezas que aparecían cercenadas en lugares donde hubo sangrientas batallas medievales.


El Resplandor


Una de las obras más famosas de hoteles encantados es El Resplandor, publicada en 1977.


Precisamente, el hecho de ser una novela de terror hace creer que todo lo que ahí sucede es pura ficción. Y pocos saben que la novela tiene un alto componente autobiográfico.


Tras el éxito inesperado de Carrie y El misterio de Salem’s Lot, Stephen King sufrió un terrible bloqueo de escritor. Así que decidió pasar unos días en un hotel solitario, que acababa de cerrar sus puertas debido a la temporada de invierno. Se trataba del hotel Stanley, en las Montañas Rocosas. Un lugar recóndito y aislado, con sus eternos pasillos silenciosos, con su restaurante vacío, con su recepción apagada, con el único sonido del viento colándose por los ventanales… ¿Y si todo cobrara vida en ese momento? ¿Y si el pasado del edificio empezara a atormentar a su familia?


Caminando por su interior, King fue testigo del propio misterio del hotel, y su poderoso influjo terminaría inspirándole para escribir una de sus novelas más intensas y terroríficas.


Pero la historia del hotel Stanley no tiene nada que envidiar a otros hoteles en los que el autor ha podido dormir. Desde el centenario balneario de La Hermida (Cantabria), donde pudo incluso fotografiar la misteriosa aparición de unas huellas durante dos noches seguidas, hasta un albergue construido sobre un cementerio en la localidad de Millares, en Valencia.


También pudo conocer a una familia que empezó a trabajar en un hotel solitario en Castrojeriz, Burgos, y que vivió allí una experiencia muy similar a la de Stephen King, pero prolongada en el tiempo, y con un agravante: aquella pesadilla era su única manera de ganarse la vida.


Un cuartel militar


En 1991, varios soldados fallecieron sepultados por un alud en la Tuca Blanca de Paderna, en el valle de Benasque.


Desde entonces, múltiples militares del refugio militar de Cerler, donde se alojaban las víctimas y donde sus cuerpos fueron custodiados hasta que pudieron ser trasladados, empezaron a hablar de fenómenos paranormales. Algunas noches, decían, escuchaban los pasos de sus compañeros subiendo por las escaleras. También se producían enormes golpes en las taquillas que estos ocuparon. Medios como el Diario del Alto Aragón publicaron la información solo un año después de la tragedia: «Se trata de ruidos, sombras que se desplazan de un lugar a otro e incluso contactos inexplicables, según han confirmado a diversos medios informativos los propios soldados destinados a esa unidad» (Diario del Alto Aragón, 28 de septiembre de 1992).


Tras múltiples gestiones y solicitudes gestionadas por la periodista Clara Tahoces, el autor pudo al fin acompañarla y pasar varias noches investigando en el recinto, con el permiso del Ejército.


Además, entrevistó a soldados y a antiguos residentes que hablaron a cara descubierta de impactantes vivencias. Uno de ellos, Jordi Magich, llegó a ver una silueta humana que desaparecía ante sus ojos, en la segunda planta.


Javier Pérez Campos se desplazó hasta allí, durmió en una de las habitaciones y vivió en primera persona algunas de estas experiencias.


Llaman a la puerta. Déjalos pasar


Desde viviendas particulares hasta castillos embrujados, hoteles con leyendas o recintos militares. Un recorrido por algunos lugares de nuestra geografía que nos obligan también a revisitar la historia, la antropología o la arqueología. Que cuestionan nuestras convicciones.


Uno de los casos es el de un palacio de Jerez de la Frontera por el que, aparentemente, se pasea el fantasma de una niña. Durante la visita al lugar, el autor encontró una foto vinculada a la supuesta aparición: la imagen de una niña de principios de siglo XX.


La curiosidad de Javier le hizo abrir el marco, donde encontró algo que le sorprendió: un mechón de pelo pegado a la parte trasera de la foto. Se trataba del pelo de la niña que aparece en la instantánea. Aparentemente, la misma que aún pasea por el lugar.


Su investigación le hizo descubrir una curiosa costumbre ancestral: la de los tejedores de cabello humano, una costumbre propia de la Inglaterra victoriana, pero que también llegó a España. Algunos familiares cortaban el cabello de sus difuntos para guardarlo como recuerdo. A veces lo llevaban consigo en el interior de joyería capilar, como los guardapelos o relojes fabricados con el cabello del ser querido, y otras, incluso, bordaban cuadros o broches.


Por tanto, el misterio nos permite también conocer antiguas costumbres y reabrir episodios olvidados. Es una manera de mirarnos en el espejo del tiempo para saber quiénes somos y qué nos ha traído hasta aquí.


Porque las casas esconden secretos: un pasado sombrío, un crimen atroz o un cadáver bajo los cimientos. Las habitamos, las visitamos y las hacemos nuestras. Pero, en ocasiones, ellas también quieren contarnos su historia.


El misterio, por lo tanto, puede suceder donde uno menos lo espera… Incluso en tu propio hogar.


Sobre el autor


Javier Pérez Campos (Ciudad Real, 1989) es un periodista que lleva años dedicado a la búsqueda de historias ocultas. En la actualidad es reportero del exitoso programa de televisión Cuarto Milenio (Cuatro). También es autor de los libros En busca de lo imposible (Oberón, 2012), Los ecos de la tragedia (Planeta, 2013), Los Otros (Planeta, 2016) y Los Guardianes (Planeta, 2019).




 

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