Dos jóvenes desaparecidas en extrañas circunstancias, secretos, mentiras y venganzas en TODOS BUSCAN A NORA, el thriller más adictivo de Lorena Franco


Editorial Planeta. 384 páginas.

Rústica con solapas. 18,90€ Electrónico: 4,99€


Nadie sabe qué fue lo que impulsó a Nora Roy, una paciente del centro psiquiátrico Vera de la Cruz, a asesinar a su psiquiatra y a una de las enfermeras. Nadie entiende cómo fue capaz de encerrarlos en el sótano, matarlos y huir sin ser vista.


Mientras todos buscan a Nora, Eva alquila una habitación a Charlotte, una parisina extraña y discreta. Una noche, Eva coincide en una discoteca con Adrián, un hombre al que apenas conoce, y terminan en su piso lo que parece una prometedora cita.


A la mañana siguiente, Adrián no está y Charlotte ha desaparecido dejando tras de sí las paredes salpicadas de sangre y la vida de Eva perturbada de manera irremediable.


Con su estilo altamente adictivo, Lorena Franco nos sumerge en una trama impredecible y llena de giros que te lleva hasta un final sorprendente e inesperado.


«En el momento en que descubrí la sangre de mi compañera de piso salpicada en la pared y en el cabezal de la cama como si le hubieran volado los sesos, me prometí que nada de lo que hubiera ocurrido en esa habitación influiría en mi vida. No quería problemas y mucho menos policías merodeando por el piso heredado de mi abuela, quien, tres días antes de morir, me soltó que ese lugar era un imán para las desdichas y para la oscuridad, que anduviera con cuidado. Pero no le hice caso dada su demencia senil. Supongo que una parte inconsciente de mí se preparó para algo así, hasta yo misma me sorprendí del temple con el que limpié a conciencia la sangre, aun sabiendo que esta no desaparece del todo pese a ser imperceptible a la vista. Pero toda decisión tiene sus consecuencias. Y esas consecuencias, tarde o temprano, te encuentran, aunque creas que eres ajena a ellas. La curiosidad siempre termina imponiéndose a la razón, sobre todo cuando la culpa trastoca tus planes. Lo que ocurrió después me impidió mirar hacia otro lado como si nada; al fin y al cabo, Charlotte, la parisina joven y perfecta que me encandiló con su marcado acento francés, llevaba solo dos semanas viviendo conmigo. Poco tiempo para cogerle cariño. Poco tiempo para sospechar que, tras esa fachada y esa extraña discreción, se escondía una persona distinta a la que parecía ser.»


EVA


Tiene 28 años, trabaja como tanatopractora. No es la profesión soñada, pero alguien tiene que hacerlo y pagan bastante bien. Su abuela, con la que se había criado, acaba de morir y el novio, con el que se había hecho a una vida predecible y cómoda, la ha dejado. La soledad en la que se había instalado le resultaba cómoda, pero cada día más insoportable. Y los maratones de series a los que se sometía, su gimnasia para sobrellevar el vivir cada día, no bastaban.


¿Cómo romper ese círculo vicioso?


Natalia, a la que había conocido en la residencia de ancianos donde había ingresado su abuela, tenía la solución:


«Pues hombres —rio Natalia devolviéndome a la realidad—. Y deberías buscarte una compañera de piso —sugirió—. Estás muy sola y te comes demasiado la cabeza. Te iría genial.»


Le costó aceptarlo, pero al cabo lo hizo. Sin embargo, aunque el piso está en una zona de moda y alquila la habitación a un precio muy por debajo del mercado, no tiene suerte. Hasta Félix, el camarero del Café del Sol, parece extrañado…


«La has puesto muy barata. A una amiga mía le cobran quinientos en esta misma zona. (…) Dame tu número de teléfono y, si me entero de alguna chica que busque habitación, se lo doy.»


Al poco, Eva recibe una llamada de número oculto. Y las llamadas con números ocultos no auguran nada bueno…


«¿Alquilas una habitación? —me preguntó una voz suave de chica joven con un marcado acento francés.»


NORA


«Siempre me gustó disfrazarme. Actuar. Llevar gafas sin necesitarlas. El olor a tinte, penetrante, intenso, tóxico. Cambiar con frecuencia de look. De estilo. Saberme camaleónica. Verme capaz de fingir ser alguien que no soy. Autoengañarme repitiéndome en bucle que no había hecho nada. Simular que no huía de nada ni de nadie, que no sentía la culpa como propia. Verme capaz de mentir, de fantasear con un mundo más justo para mí. Usar la imaginación. Creerme mis propias mentiras. Darme una vuelta por tiendas de ropa de segunda mano, prendas usadas, prendas antiguas, prendas especiales que vistieron otras antes que yo.


Con dinero suficiente y la mejor de mis sonrisas para que esa incauta me alojara en su piso durante un tiempo, un tiempo para pensar, para planear, para esconderme, para estar y sentirme segura, para dejar de recorrer calles bulliciosas y de vagar por trenes con una diversidad apabullante de hedores, emprendí el camino hacia el que sería, no sabía hasta cuándo, mi nuevo hogar, dulce hogar.»


BARCELONA AHORA


Continúa la búsqueda de la asesina del psiquiátrico


Por Dídac Sáenz


Sigue en paradero desconocido Nora Roy, la paciente del Centro Psiquiátrico Vera de la Cruz, a quien busca la Policía Nacional como principal sospechosa del doble crimen que se cometió en dicho centro el pasado 11 de marzo. Supuestamente, ese día, Roy consiguió encerrar al psiquiatra Gabriel Herranz y a la enfermera Ana Torrents en el sótano del edificio, donde posteriormente fueron encontrados sin vida con signos de violencia. La policía no ha facilitado información sobre el estado de los cuerpos. Según Marina Herrera, directora del centro, Roy había ingresado en él tras diagnosticársele una depresión severa, al parecer provocada por «una tragedia personal». La directora ha descrito al doctor Herranz y a la enfermera Torrens como «dos profesionales intachables, personas cercanas, generosas y amables que no se llevaban mal con nadie», y ha añadido que no se explica «cómo ha podido ocurrir algo así» ni cómo la paciente fue capaz de burlar el sistema de seguridad. Familiares de ambas víctimas han hecho declaraciones durante estos últimos días, en las que manifiestan su frustración porque no se haya detenido aún a la supuesta homicida. Eulalia Valldosera, esposa del psiquiatra asesinado, ha manifestado que no busca venganza, «pero sí justicia», según sus propias palabras.


LA MADRE QUE EVA NO TUVO. Y ALGUIEN QUE SIEMPRE ESTÁ



Hay dos personas con las que Eva comparte confidencias: Lola, la recepcionista malagueña que echa por tierra la idea de que quienes trabajan en los tanatorios son gente fúnebre; y Natalia.


«Por la dulzura que desprendía siempre que la veía con mi abuela en la residencia, Natalia se convirtió en poco tiempo en mi mejor amiga y confidente. Siempre estaba ahí cuando la necesitaba y, como suele ocurrir con las grandes amistades, apareció en un momento tan inesperado como clave, cuando más sola me quedé. Nuestra amistad empezó con un café para hablar del día a día de nana y fue intensificándose en pocos meses. Parecía que nos conociéramos desde siempre. Pero con relación a su vida privada, solía mostrarse hermética.»


Natalia es la primera persona en la que Eva piensa cuando le sucede algo, bueno o malo. «A falta de hijos, solía poner en práctica su faceta de madre conmigo», piensa Eva, agradecida. Nadie tiene tanta capacidad de escucha. Cierto, a veces le molesta comprobar lo mucho que se aburre cuando le confiesa sus secretos más íntimos… Nada que no se pueda arreglar con una buena cena y una conversación aún mejor.


Félix es otra cosa. El camarero del Café del Sol, el hombre que le sirve el primer café del día, lleva poco tiempo allí, pero es eficaz y atento. ¿Amigo? No, la palabra es demasiado grande, pero…


«Félix, pese a tener unos ojos azul cielo alucinantes, no era mi tipo. Demasiado desgreñado para mi gusto, bajito, delgado y con los brazos repletos de tatuajes pequeños con significados ocultos. No obstante, con lo sensible que estaba y con lo sola que me sentía, hasta me apeteció invitarlo a subir y si surgía algo, pues que me quitaran lo bailao, pensé en un breve momento de debilidad.»


UNA TRAGEDIA INEXPLICABLE


Nora Roy era una adolescente problemática, como tantas. Nacida en el seno de una familia adinerada, tenía un hermano mayor, Adrián, que se preocupaba mucho por ella; tanto, que había hecho prometer a Mateo, su mejor amigo, que si él faltaba cuidaría de la pequeña. Era una promesa de esas que se hacen entre quienes confían plenamente el uno en el otro, y Mateo nunca sospechó que tendría que cumplirla, porque nada hacía presagiar un drama. Hasta que una noche, sin razón aparente, Adrián fue apuñalado a la salida de una discoteca.


«Nora se hundió. Dejó de comer, de salir..., se encerró en sí misma. Se autolesionó en varias ocasiones y estuvo a punto de tirarse por la ventana de su habitación, suerte que su madre la vigilaba de cerca. (…) Decidieron ingresarla en Vera de la Cruz en noviembre del año pasado, cinco meses después de la muerte de Adrián. El psiquiatra les recomendó a sus padres que fueran a verla solo una vez a la semana.»


Gabriel Herranz, el psiquiatra responsable del centro, era una eminencia con contactos en las más altas esferas, amigo del padre de la chica. El sanatorio, que ocupaba un edificio modernista en Sitges, tenía el mismo prestigio que su médico más famoso. Nora parecía en buenas manos…


Mateo no podía hacer mucho más. O eso creía… porque una noche, Nora se presentó en su casa. Era una Nora distinta, que con voz lenta y frágil le dijo: «Me han ayudado a escapar». Pero estaba demasiado cansada para explicar nada más…


«Me alarmé, pero ¿cómo no iba a hacerlo? No le había visto ninguna herida. Entré en la habitación para hablar con ella, para pedirle explicaciones porque todo me parecía muy raro y no entendía nada, pero ya se había quedado dormida. Parecía agotada, no quise molestarla. Entonces, encendí la televisión y vi la noticia. Habían encontrado los cuerpos del psiquiatra y de la enfermera en el sótano del centro psiquiátrico en el que Nora estaba interna. (…) La buscaban por un doble asesinato.»


BARCELONA AHORA


El misterio de las desapariciones en el psiquiátrico Vera de la Cruz, al descubierto


Por Dídac Sáenz


El próximo libro de Alicia Bastán llevará por título El psiquiatra, y con él la periodista y escritora, que levantó una considerable polémica con su anterior obra, Ángeles en el infierno, en la que destapaba los horripilantes sucesos acaecidos en el Convento de Los Ángeles, promete volver a dar mucho que hablar. El psiquiatra se inspira en hechos reales, aunque desconocidos, que sucedieron en el Centro Vera de la Cruz, el psiquiátrico de Sitges que recientemente ha copado los titulares por haber sido el escenario de los asesinatos del psiquiatra Gabriel Herranz y la enfermera Ana Torrents, supuestamente a manos de una de sus pacientes, la interna Nora Roy.


Bastán dice haber recopilado información sobre las misteriosas desapariciones de otras tres internas; desapariciones que, según la periodista, no fueron denunciadas en su momento porque sus familias, personas de pocos recursos, recibieron amenazas para no hacerlo. Bastán atribuye estos hechos a supuestas malas prácticas del recientemente fallecido psiquiatra. Respecto a cuáles eran estas prácticas, y por qué han permanecido ocultas hasta ahora, la autora ha dicho que «Herranz tenía contactos hasta en el infierno», sin más explicaciones.


Los abogados de la viuda, Eulalia Valldosera, han solicitado en los tribunales el secuestro de la obra, que tiene prevista su salida al mercado el próximo 19 de abril.


NO DIGAS QUE NO TE AVISÉ…


La señora Cecilia vive en el piso de abajo. Es mayor, ronda los 90, y la cabeza no le funciona como debiera. Algunas noches da golpes en el techo con una escoba, a saber con qué intención. La abuela de Eva le había pedido que la tratara bien, porque en su infancia había vivido un drama terrible; y Eva se esfuerza, aunque la vecina le da unos sustos de muerte con sus apariciones súbitas y a pesar de que se empeña en llamarla Elena.


«—Elena, Elena, Elena, ¡rápido! La voz susurrante de la señora Cecilia no me sorprendió. En el fondo, la había echado de menos. —¿Sí, señora Cecilia? —pregunté solícita mirando a la anciana, cuya cabeza enjuta sobresalía por el hueco de la puerta entreabierta (…) —El hombre malo ha vuelto a entrar. Lo he visto esta mañana, Elena, ten cuidado.»


EL SECRETO


«―Queda bastante probado que las tres chicas no escaparon del centro por propia voluntad, como quisieron hacerles creer a sus padres. Pero entonces, Alicia, ¿dónde están los cuerpos? ―No puedo responderte a eso aún. Está en manos de la justicia, pero estoy segura de que pronto se descubrirá.»


EL FINAL Mateo asintió con los ojos radiantes fijos en mis labios, recorriendo cada centímetro de mi rostro. —¿Te casarás conmigo? —Sí y mil veces sí.


Sobre la autora


Lorena Franco (Barcelona, 1983) ha conseguido seducir a más de 250.000 lectores de todo el mundo con sus más de dieciocho títulos, que la han convertido en una de las escritoras más vendidas y mejor valoradas en la plataforma de Amazon desde que en 2016 salió a la luz su novela La viajera del tiempo, un fenómeno de ventas sin precedentes en España, EE.UU. y México. Desde entonces, sus otros títulos consiguen alcanzar el número 1 de ventas en digital a nivel internacional y han visto la luz en otros idiomas, entre ellos, italiano, polaco y checo. Tras la buena acogida que tuvo su última novela, El último verano de Silvia Blanch, regresa con Todos buscan a Nora Roy, un adictivo thriller que hará las delicias de los lectores.


Puedes conocerla mejor en:


www.lorenafranco.net Instagram: @bylorenafranco



 

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