TODOS MIENTEN A LA NOCHE, de Ángela Cremonte, una autoficción conmovedora, repleta de secretos y amor, escrita a corazón abierto por una de las actrices más populares del momento

 


Editorial Planeta. 320 páginas

Tapa dura con sobrecubierta: 19,90€ Electrónico: 9,99€


Una autoficción conmovedora, repleta de secretos y amor, escrita a corazón abierto por una de las actrices más populares del momento. Ángela Cremonte nos regala una novela emocional y emocionante, íntima, honesta y auténtica, con la que se empatiza nada más empezar a leer. Una lectura que conmueve.


El debut literario de una voz arrolladora


Pocas cosas remueven más el alma que la propia familia. Sobre todo si se revela lo más íntimo de esta y se pone voz al sufrimiento. A pesar de la factura emocional, el resultado puede ser extraordinario y descubrir una voz arrolladora y personalísima a la que es imposible resistirse. Algo que sucede con Todos mienten a la noche, el prometedor debut literario de la actriz Ángela Cremonte, conocida por su trabajo en el teatro y la televisión con series como Mentiras, Las chicas del cable o Amar es para siempre. La autora construye una autoficción valiente, un relato familiar emocionante, a corazón abierto, lleno de secretos y sorpresas. En Todos mienten a la noche, la autora comparte protagonismo con una mujer cuya fortaleza servirá de lección para las siguientes generaciones y que hace reflexionar sobre la necesidad de sobrevivir y de arriesgarse en la búsqueda de nuevas oportunidades. A través de la figura de Eufrosine, trastatarabuela real de Ángela Cremonte, la autora tiende un puente que traspasa geografías y épocas para hablar de lo esencial de la vida. El amor, la emigración, la pérdida, la violencia y el feminismo son abordados, sin miedo, mientras que el lector se sentirá atrapado por una narración tan expresiva como honesta.


TODOS MIENTEN A LA NOCHE transcurre en tres épocas distintas (siglo XIX, finales de siglo XX y la actualidad) y en dos continentes: América (Argentina) y Europa (Italia y, sobre todo, España). Distintos lugares en el espacio y el tiempo que los lectores sentirán cercanos gracias a un relato sincero y evocador. Con un extraordinario juego narrativo, la autora utiliza la primera persona, tan íntima, para referirse a ella misma o a su padre, pero también aprovecha las virtudes del narrador omnisciente para meterse en la mente de la indolente Eufrosine. No en vano, esta maravillosa novela intimista, profunda y descarnada, reivindica el importantísimo papel de la mujer y su valor, así como el del hombre que esta quiere a su lado.


Con un estilo efectivo y rico en recursos, Ángela Cremonte buceará en su árbol genealógico, en sus misterios y sus pasiones, en sus miserias y sus triunfos, para llevar al lector hacia escenas de su infancia y su adolescencia, y hasta recrear, también, su pasado más cercano y su presente. La autoficción le permitirá abordarse a sí misma y a los suyos, además de ofrecer una mirada sincera sobre el mundo que le rodea, marcado por unos sólidos vínculos con Argentina. En su primera novela, la autora da rienda suelta a una capacidad expresiva fuera de lo común sin renunciar a las ventajas de la ficción. «Las mentiras que cuento sobre mi familia las vivieron exactamente así otras personas, otros emigrantes, quizás, los vuestros. Y así se convierten en certezas. Está todo en la historia de la humanidad. En los libros, en las huellas, en Google, en las miradas que vuestros tatarabuelos sostienen en las fotos. En realidad, yo no invento cosa alguna», confiesa la autora en el libro. Y es que Ángela Cremonte consigue moverse entre la delgada línea que separa la verdad de la mentira sin que eso afecte a la autenticidad de un relato que asoma imponente desde la primera hasta la última página. Un relato cuya lectura remueve emociones y conciencias. Las de muchas familias, las de casi todas las que habitan el mundo, y la de muchas mujeres víctimas de maltrato. Porque, como dice su título, todos hemos mentido a la noche, al menos, alguna vez en la vida.


MÁS DETALLES SOBRE LA NOVELA


Piamonte (Italia), 1869. Después de una muerte inesperada, la joven Eufrosine toma la determinación de abandonar la miseria de la Italia rural y embarcar, junto con su novio Vincenzo, hacia América. Allí les espera una tierra tan desconocida como llena de esperanza. Pero cumplir con sus deseos no será fácil. Un padre dominador que ha rebasado todos los límites con su hija desatará toda su violencia al enterarse de los planes de los amantes. La tragedia será inevitable y su padre dará a Eufrosine, de tan solo catorce años, donde más le duele: en el corazón. Con todo el dolor del mundo, esta adolescente ya adulta se vengará de su progenitor y huirá rumbo a Argentina. Escapará de la miseria para abrazar la esperanza de lugar fértil en promesas. En Italia dejará una vida de abusos, muerte y desilusión, logrará decir adiós a un pasado yermo de prosperidad. Con su valor, Eufrosine pondrá la primera piedra de un legado familiar marcado por la emigración y la resiliencia femenina. En Argentina se forjará, desde el sufrimiento y la resistencia, una saga de mujeres fuertes que llegará de nuevo hasta Europa. Como si se tratase de un viaje de vuelta a los orígenes, como si la vida las pusiera a prueba otra vez.


Madrid, década de los noventa, los dos mil y la actualidad. Si el pasado es Eufrosine, el presente es Ángela. La autora de esta novela comparte protagonismo con su trastatarabuela italiana y gran parte de sus descendientes. La popular actriz se muestra como la niña de ocho años y la adolescente que fue, además de la mujer que es ahora. Ángela nace en Madrid pero convive con Argentina por parte de madre, de padre y de todos sus ancestros, quienes visten muchos de los marcos que conserva su madre en casa. La niña Ángela se siente extranjera y distinta a otros niños, pese a ser tan española como sus compañeras de gimnasia rítmica. Aunque no es su única inquietud. Ángela revela la existencia de un padre, cuya personalidad arrolladora hace tambalear la convivencia, sofocándola, pero también la de una madre protectora que sufre hasta el divorcio. Un episodio dramático, confundido como un sueño, resultará devastador y condicionará para siempre la relación de la protagonista con su padre. Un vínculo de amor y de odio que llevará a la actriz a cuestionarse su papel como hija, su carácter o sus cicatrices emocionales.


Sin embargo, sus recuerdos familiares, tan claros como la fuerza vital de Eufrosine, también está unidos a la curiosidad y a la justicia social. A todo aquello que siendo una cría le hace llevarse a escondidas libros de adultos, a defender con ímpetu a su hermana mayor o a descubrir cómo la maldad gobernó en la misma tierra prometida de sus antepasados. La casa de Ángela acoge a aquellos expatriados que huyen de la tortura o de la muerte en vida. Ella crecerá en ese contexto, viendo cómo desconocidos venidos de la otra punta del mundo encuentran cobijo en Madrid, mientras su padrastro, también exiliado y hombre de leyes, hará todo lo posible para que se haga justicia. La autora escenificará varias vidas de los suyos para reconciliarse, tal vez, con la suya propia.


LOS GRANDES TEMAS: La emigración y el peso de la familia


La inmigración y la familia son los temas principales que aborda Ángela Cremonte en este sorprendente debut literario. Para desarrollar ambos temas, la autora reformula sus vivencias personales y recrea datos reales, ya sea con una impactante dureza o con destellos de un sentido del humor cercano al sarcasmo. Su visión del mundo –como niña y como adulta– y la recreación de la vida de Eufrosine es un tributo a todas aquellas personas que con valentía se alejan de sus países para comenzar una vida nueva o para huir de la que están viviendo.


Esa idea esquiva de la patria y esa idealización de una tierra próspera y desconocida conforman el universo en el que habitan casi todos los personajes, personas reales que sufren, aman, odian, se desesperan, son brutales y, ante todo, resultan muy humanos y convincentes. En esta mezcla de obra de autoficción y novela convencional, la autora toca la fibra sensible de los lectores desde el primer momento. A lo largo de sus páginas trata el desarraigo y la necesidad de arraigo, la importancia de honrar a los nuestros –estén vivos o muertos–, el amor y el desamor, el hambre rural y la opulencia de unos pocos, la violencia de género y la compasión, el feminismo, el miedo y la valentía, el deber y la libertad en las mujeres, la solidaridad y el egoísmo, la pérdida y la ilusión, la infancia y la edad adulta y hasta lo imprescindible que resulta querer encontrarse en los demás. Nada escapa a Ángela Cremonte y a su particular forma de poner negro sobre blanco al alma humana y a sus emociones.


LOS PERSONAJES


Eufrosine Descreída de la fe católica e indómita, esta joven de catorce años habita en la miseria rural de la Italia del siglo XIX. Eufrosine, antepasado de Ángela Cremonte, se gana la vida como lavandera y vive una historia de amor con Vincenzo, otro joven campesino del Piamonte. Harta de la miseria de su pueblo y de los abusos de su padre, la joven tan solo piensa en dejar su tierra para embarcarse hacia una vida mejor, pese al miedo que le causa lo desconocido y marcharse a la otra punta del mundo con lo puesto. Su nombre, de origen griego, significa alegría.


«Eufrosine cree que en el escudo de Italia debería haber sapos, polenta de maíz, pólvora y sol. De eso sí que hay en la zona. Y musgo verde, como el que se le pega a ella a los muslos cuando se sienta a comer en el suelo. Musgo verde. Verde como el cielo del Piamonte. Verde como el agua de la aldea, coloreada por la sangre esmeralda de los muertos». «Para Eufrosine el hambre y la rabia son lo mismo. La rabia y el hambre. Lo contrario son el amor y el deseo. A Eufrosine, si no la dejan comer, no la dejan amar. Y así no hay quien empuje el mundo en su carreta». «Algo en Eufrosine se relaja para siempre, descansa completamente en Vincenzo, en su olor, en la forma noble de su pecho, en la temperatura de sus manos inmensas, en la humedad de un beso torpe y verdadero».


Vincenzo Enamorado de Eufrosine, Vincenzo planea pedirle matrimonio y lanzarse con ella a una aventura que debe de llevarle hasta Argentina. De corazón noble y algo tímido, siente a la joven como su compañera de vida, aunque será víctima de un hecho inesperado que buscará truncar los planes de los amantes. «Hablará con quien haga falta. Con Dios, si toca, aunque a él no sepa qué decirle. Se va a casar con Eufrosine y se la va a llevar a América o a donde ella necesite, quiera, apunte con el borde azul de sus pequeños dedos, heladitos de lavar». «Vincenzo abre los ojos ante semejante dibujo del animal. —Es una vaca así de gigante —responde él trazando con los brazos un espacio infinito. —¿Has visto? Y mira, aquí dice que nos pagan el pasaje, Vincenzo. No me lo estoy inventando, lo pone aquí. Podemos ir en barco y atravesar el océano —lee—. Y luego allí tener un campo lleno de vacas gordísimas como los Argentina. —¿Quiénes son los Argentina? —Gente rara pero muy bien alimentada».


El padre de Eufrosine Figura autoritaria y posesiva, encarna el machismo y la violencia hacia las mujeres. Sin embargo, el destino querrá que la venganza se cruce en la vida de este campesino, cabeza de familia, frustrado y empobrecido en todo.


«El padre de Eufrosine siempre quiere que ella esté en casa. Y siempre está enfadado, no conoce otro estado. El padre de Eufrosine se desahoga con las mulas. Les tira el grano como si ellas tuvieran la culpa. Como si ellas hubieran decidido que su padre naciera ahí, en ese hueco pobre que nadie sabe situar en el mundo. En ese pueblo». «Su padre tendría que haberla llamado Allegra, y estar orgulloso. Y respetarla. Y así se haría honor a la verdad y a la existencia. Y entonces ella volvería a hincar la rodilla para rezar con todo el compromiso de su cuerpo dentro de sus frases».


Ángela Cremonte Junto con Eufrosine, la autora de TODOS MIENTEN A LA NOCHE es la otra gran protagonista de esta historia. Aparece siendo una niña de ocho años, que se mueve por el mundo con curiosidad, entusiasmo y sentido de la lealtad, pero también una adolescente que querrá demostrar su madurez a los demás. La autora, emotiva, sarcástica y sin miedo a decir las cosas por su nombre, demostrará cómo la culpa, el sentido del deber y el maltrato pesan demasiado.


«No puedo creer que como parte de esta humanidad sigamos vivos, con lo difícil que ha sido engendrarse, perpetuarse, no enloquecer, crecer, cruzar el charco, descruzar el charco, seguir creyendo, seguir peleando, acostumbrarse al hambre, ignorar el frío, ignorar el dolor. Utilizar el dolor». «Tengo el pelo muy largo, como mi tatarabuela Angela Puricelli de Rombyer, la hija de Eufrosine. A mi madre le gusta que lo tenga así. A Estrella Agresta. Yo estoy harta. Un día me pegaré un chicle en la cabeza, un Kojak con caramelo de esos, bien pringoso, bien culpable, para que no haya más opción que cortármelo. El pelo y la culpa, otra vez. Esa carta de consagración de lo femenino. Con-sagración, como si llevara sangre en lugar de ser algo sagrado». «Con ocho años yo sé pronunciar tan bien la equis porque nosotros la tenemos que usar muy pronto. En España muchos dicen tassi o dicen sesso. Pero los exiliados, expulsados, expatriados, extranjeros que vivimos en el exilio tenemos que aprender a pronunciar la equis desde pequeños».


Estrella Agresta La madre de Ángela cumple con todo y también es víctima del machismo. Calla para proteger a sus hijas, trabaja para salir adelante, honra a sus antepasados argentinos y establece vínculos con quienes más soporte necesitan a su llegada a España.


«Es demasiado temprano y yo soy muy pequeña pero ya han tenido tiempo de enseñarme que a la historia de las mujeres, ésa que escriben todos encima de la verdad, saber peinarse y otras labores sí le importa. Esa historia exige. Así que mi madre se siente mejor madre si sabe peinarme, como su bisabuela Angela se sentía mejor viuda si no salía de casa, si no se cortaba el pelo y si se lo recogía cada mañana en un yugo invisible y seco».


Graziano Virgilio En ocasiones la autora utiliza el narrador en primera persona para emular la voz de su padre. Graziano, también argentino y con antepasados italianos, es un hombre ególatra, excesivo en todo y con varias caras, una fuente de conflicto constante de la que es muy difícil desprenderse. Su figura genera todo tipo de sentimientos a la narradora.


«Cuando consigue hacerte sufrir, sigue un poco más y un poco más cada vez, y un poquito más si cabe. Empuja el límite, hasta que tú agachas del todo la cabeza. Y luego se calma. Reaparece entonces el padre amoroso como en ‘Lluvia de estrellas’, ese programa de televisión de los noventa».


Carlos Alberto Slepoy Prada La protagonista de esta autoficción se siente especialmente orgullosa de él. Tras separase, la madre de Ángela compartirá su vida con el jurista argentino, carismático y entrañable. El padrastro de la autora sí que es, ya para la pequeña Ángela, un espejo en el que admirarse. «Para mí, Carli fue el que metió a Pinochet en la cárcel, hablando en plata. Y a otros dictadores después. Aquellas fueron detenciones históricas, hitos en el derecho internacional, en España y en nuestra casa».


LOS SÍMBOLOS Y LOS ESCENARIOS


En esta obra, Ángela Cremonte no duda en emplear una larga lista de elementos simbólicos que hacen crecer la narración hasta niveles extraordinarios. La polenta, por ejemplo, ejemplifica el hambre que sufre Eufrosine y toda su familia, las camisas que lava y el palacio que visita son las diferencias entre ricos y pobres, los sapos emula su burla a la monarquía, las camisas manchadas de sangre por las luchas en una Italia convulsa y los folletos con una vaca y Argentina, esa solución a la miseria y la ilusión por una vida mejor. En Madrid, el moño y el cabello, esa forma de vivir la feminidad en un mundo de hombres y prejuicios hacia las mujeres, o las fotografías de sus parientes, para la niña lejanos en lo físico y lo sentimental, pero siempre presentes recordando a la pequeña su condición de familia de extranjeros y emigrantes. Hasta a un vaso de plástico con Coca-Cola, al trozo de carne asada que por fin prueba (y llora) Eufrosine, a las maletas de Aerolíneas Argentinas, al sándwich del colegio o a un informe sobre las torturas de la dictadura, la autora le da un valor simbólico que da a entender, mejor, todas y cada una de las escenas. Con estos elementos el lector se sitúa con emoción en los lugares que menciona y describe la narradora, ya sea el mísero Piamonte de finales de siglo XIX, la tierra que espera a Eufrosine en Argentina y el piso de Madrid en el que vive siendo una cría, donde ese mueble repleto de fotos le recuerda continuamente sus orígenes. Aunque si hay un escenario simbólico que prevalece por encima de los demás e ilumina el relato es el que conforma el mundo interior de Ángela Cremonte. Pura luz que siempre irrumpe pese a los momentos de oscuridad.


«Argentina no es un trozo de tierra a lo lejos. Argentina es toda mi casa. Hasta el baño de mi madre es Argentina. Yo salgo del cole en Madrid y no voy a casa, voy a Argentina. Salgo de entrenar y no vuelvo a casa, vuelvo a Argentina. Duermo en Argentina, me ducho, como, leo y juego en Argentina. Vivo en Argentina».


Sobre la autora


Ángela Cremonte (Madrid, 1985) es una actriz de ascendencia argentina conocida por sus papeles televisivos en Mentiras, Las chicas del cable y Amar es para siempre, aunque también en Águila Roja, Carlos, Rey Emperador, Los hombres de Paco, Gran Reserva, Hispania, la leyenda e Imperium. Además de su amplia formación en arte dramático, verso clásico, gimnasia rítmica y ballet, Ángela Cremonte es licenciada en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid y por The Nottingham Trent University. Su primera oportunidad en la pantalla grande llegó con Más pena que Gloria (2000), a la que siguieron filmes como La dama boba (2006), Vete de mí (2006), Todas las canciones hablan de mí (2010) y La voz dormida (2011). Su experiencia incluye también obras de teatro como Misántropo, Antígona y Hamlet, y diversos proyectos publicitarios. Todos mienten a la noche es su primera y reveladora novela. Instagram: angela_cremonte


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