Rubén Sánchez nos deleita con LA MELODÍA DE LAS BALAS, una magnífica novela negra en la que la angustia vital de un hombre se conjuga con su pasión por el jazz y … el asesinato


Olé Libros. 348 páginas

Rústica con solapas: 17,31 €


Rubén Sánchez, tras su éxito con Hadas con tacones afilados, publica con Olé Libros su segundo libro, LA MELODÍA DE LAS BALAS, una inquietante novela negra en la que un asesino, antiguo miembro de ETA, se convierte en sicario para poder sobrevivir.

El autor, almeriense y policía de profesión, con titulación en Magisterio y Ciencias Policiales, es un apasionado lector, músico y viajero asentado en Valencia. Estas tres aficiones se ven reflejadas en LA MELODÍA DE LAS BALAS, donde su protagonista, un exetarra convertido en sicario, utiliza su gran pasión por la música, por el jazz, como coartada para sus crímenes. La trama se mueve entre el País Vasco, Valencia, Venezuela y Colombia.


Rubén Sánchez es un escritor «concienzudo hasta la náusea» según se describe— a la hora de planificar sus novelas, en las que, para él, tanto valor tiene la forma como el contenido, pues trabaja escrupulosamente la trama y sus personajes sin olvidar nunca la calidad de su escritura, la precisión de su lenguaje. Asimismo, es un autor meticuloso con la documentación, en la que se sumerge con total rigurosidad y con la que consigue plasmar la verosimilitud necesaria para cualquier obra que se precie.


LA MELODÍA DE LAS BALAS es una novela negra llena de acción y entretenimiento en la que el suspense, el sexo y la traición se superponen en una historia sobre un hombre que tiene que enfrentarse a la fragilidad de su propio envejecimiento en un mundo cambiante donde las cosas ya no son como eran.


"Me llamo Jon Cortázar, y en esta vida solo hay dos cosas que se me dan bien. Una es tocar el piano, la otra matar. Puede que acaben de deducir en qué orden lógico debí de aprenderlas, pero déjenme decirles algo: se equivocan. Así se define el personaje principal de esta enigmática y sugerente novela negra en mayúsculas con la que el escritor estremece al lector y lo motiva a la reflexión mediante el divertimento.


Un sicario, antiguo terrorista repudiado por ETA, acude a Valencia para ejecutar a una víctima, pero el trabajo se torcerá de un modo que jamás habría imaginado. Sumergido en la enigmática atmósfera del jazz, y con la única compañía de una joven informática a la que no puede contarle la verdad, tratará de huir de un siniestro inspector de policía y de los fantasmas de un pasado que pondrán en juego no solo su libertad, sino su propia vida.


LA MELODÍA DE LAS BALAS forma parte de la colección Cum Sideris, de Olé Libros. Su autor, Rubén Sánchez, responde así a nuestras preguntas:


Dado que es la primera vez que hablamos, que la pregunta es pertinente. ¿Por qué escribes?


Aunque se me ocurren varios motivos (la necesidad de contar una historia, de aliviar un persistente impulso creativo que pugna por salir y transformarse en palabras sobre el papel…), lo cierto es que, sinceramente, todavía no he averiguado la verdadera razón. Y en cierto modo eso es bueno, puesto que la búsqueda de esa razón, además de la escritura en sí, me mantienen vivo en lo literario.


¿Y por qué LA MELODÍA DE LAS BALAS? ¿Surge de un chispazo, de una idea madurada desde hace tiempo, de otra circunstancia,....?


A diferencia de mi primera novela, en la que primero fue el título y luego la historia, no fue hasta terminada esta segunda cuando me planteé cómo iba a llamarla. De los diferentes títulos que se me ocurrieron, elegí LA MELODÍA DE LAS BALAS porque es el que mejor condensa la historia contenida en sus páginas. Que un exterrorista, reconvertido en sicario, ame el jazz es una alegoría de la propia vida, donde la belleza y la maldad caminan a diario por la misma acera.


A propósito del título, ¿le suena igual la melodía a quién dispara que a quién recibe las balas?


Desde un punto de vista técnico, si te disparan a la cabeza es probable que no llegues a oír esa melodía. Pero, más allá de esta consideración neurológica y física, quien aprieta el gatillo se halla siempre en una posición muy diferente de quien encara la bala.


Perdón por la posible complejidad de la pregunta (o de la respuesta). ¿El asesino nace o se hace?


Se hace, sin duda. Ningún ser humano nace sabiendo ni queriendo matar. Otra cosa son los factores que le impulsan a convertirse en un asesino, que pueden ser intrínsecos o extrínsecos.


Es decir, un psicópata puede llegar a traducir su natal desprecio por los sentimientos humanos en la causación de la muerte como instrumento para conseguir lo que quiere; por otro lado, la persona más equilibrada del mundo, bajo ciertas condiciones de ira o desesperación, también puede llegar a matar de forma repentina.


La muerte es una y simple, pero las causas que la provocan, múltiples y complejas.


¿Te interesaba que el protagonista fuera un exmiembro de ETA o podría ser exmiembro del IRA, de la CIA,  el MI6, etc....?


Mientras aguardan en la mente, los personajes pueden ser cualquier cosa, pero al final, del muestrario de características y aspectos vitales que maneja, el escritor ha de decidirse y escoger aquellos que mejor definen a aquel. Por eso Jon Cortázar, en esta novela y en esta historia, es quien es. Y la mejor forma de acercarse a su áspero presente es conocer su estremecedor pasado. 


La trama se mueve entre el País Vasco, Valencia, Venezuela y Colombia. ¿Son meros lugares o más bien escenarios con un auténtico papel protagonista?


En la ecuación de lo que somos también los lugares de nuestra vida forman parte de nuestras incógnitas. Dicho de otra forma, también somos el producto de los entornos en que hemos estado. En LA MELODÍA DE LAS BALAS, los lugares citados no obedecen a una mera ambientación; justo al contrario: les he dotado de una historia, de unas circunstancias, hasta el punto de que, lejos de ser meros escenarios por los que Jon Cortázar y el resto de personajes deambulan, en realidad condicionan sus decisiones y sus acciones, impulsándoles a actuar de un modo concreto y no de otro.


LA MELODÍA DE LAS BALAS tiene acción, entretenimiento, sexo, suspense, traición, ... Thriller en estado puro ¿no?


Aun siendo cierto que contiene todos esos ingredientes, confieso que cuando estoy escribiendo una novela no me detengo a pensar en qué sección de las librerías será ubicada. Me limito a ensamblar sus elementos y, a partir de ahí, que cada cual decida cuánto tiene de un género o de otro.


En las primeras novelas negras los buenos eran totalmente buenos y los malos, absolutamente malos. Hoy en día, los personajes que transitan por ellas son mucho más ambiguos, tienen luces y sombras. ¿Coincides con esta apreciación?


Absolutamente. Los géneros literarios, como la sociedad misma, han evolucionado. Estoy seguro de que cuando surgió la novela negra, la vida poseía los mismos matices, pero quizá las personas, al vivir cada cual en su pequeño mundo, no eran tan conscientes de ello. Conforme el devenir de los años, y gracias a las tecnologías de la información y la comunicación, hoy en día cualquiera puede asomarse al abismo de la psique humana a golpe de clic en el ordenador o contemplando la televisión. Somos más conscientes de la complejidad de nuestro comportamiento, y exigimos que esa complejidad se traslade al cine, a las series y, por supuesto, a la literatura. Lo contrario nos parecería pueril y paternalista. No son tiempos de llevar de la manita al lector para que baje peldaño a peldaño por la escalerilla de la piscina. Hay tentarle a que se lance de cabeza a ella, nade, bucee hasta el fondo, aguante la respiración y luego emerja para decidir si ha disfrutado de la experiencia o no.


¿Eres policía antes que escritor o al revés? ¿O son dos realidades en una?


No hay un antes o un después en ese aspecto. Como dice el proverbio: «Siempre soy el mismo, pero nunca soy lo mismo». Todos tenemos múltiples facetas, y a lo largo del día hay un momento para ejercer de cada cosa. Aunque reconozco que esas dos realidades, la profesión policial y el oficio de escritor, son las que mejor me definen.


En el eterno debate entre forma y fondo de la literatura , ¿cómo te posicionas?¿te interesa más qué escribes o cómo escribes? ¿O no se pueden separar?


Por supuesto, una novela debe entretener. Pero también inquietar, llevar a la reflexión; incluso —¿por qué no?— enseñar algo. Sin embargo, y a diferencia del lenguaje, el mero entretenimiento, aunque atraiga a las masas, es efímero, no perdura. Valgan de ejemplo ciertos programas de televisión: creo que todos coincidimos en que el hecho de que tengan millones de espectadores no implica en absoluto que ofrezcan una mínima calidad.


En lo tocante a la literatura, y con más motivo, el imprescindible entretenimiento debe cabalgar sobre la sólida montura de un lenguaje preciso y de calidad. Es en encontrar ese díficil y ansiado equilibrio entre forma y fondo donde reside la verdadera dificultad de escribir.


En este sentido, mi principal aspiración es que si dentro de, pongamos, cien años, alguien encuentra una de mis novelas bajo el polvo de una estantería y abre sus páginas, aunque los temas que encuentre en ellas haga décadas que pasaron de moda, al menos pueda decir que está bien escrita.


Sobre el autor


Rubén Sánchez Fernández (Almería, 1978) es lector, músico y viajero, y guarda sus títulos de Magisterio y de Ciencias Policiales en algún lugar entre los volúmenes de su biblioteca. 


 

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