EL MANUSCRITO DE BARRO, de Luis García Jambrina, una mezcla perfecta de erudición, misterio y espíritu aventurero por el Camino de Santiago, en 1525


Editorial Espasa. 344 páginas

Rústica con solapas: 19,90€ Electrónico:8,99€

  • Coincidiendo con el nuevo Año Santo Jacobeo, EL MANUSCRITO DE BARRO ofrece una sorprendente descripción del Camino de Santiago a principios del siglo XVI.

  • Nadie combina mejor la novela histórica con la novela negra que Luis García Jambrina, que es capaz de mantener y potenciar lo mejor de ambos géneros.

  • Recrea con todo detalle la vida cotidiana de los peregrinos y el ambiente en las tabernas, las posadas, los hospitales que jalonaban el Camino.

  • En 1525, en su ruta hacia Santiago de Compostela, los peregrinos debían hacer frente a peligros de todo tipo y eran víctimas de intereses bastardos en los que se mezclaban la avaricia, la política, la religión… y el crimen.

  • En un guiño hacia los grandes clásicos del misterio, en esta novela Fernando de Rojas investiga unos asesinatos en serie con la ayuda de un colaborador: Elías do Cebreiro, archivero de la catedral de Santiago.

El quinto caso de Fernando de Rojas, pesquisidor del rey


29 de mayo de 1525. Un peregrino es asesinado poco antes de llegar a la ciudad de Burgos; se trata de una más de una serie de extrañas muertes que se vienen produciendo en las diferentes etapas del Camino Francés. El arzobispo de Santiago le pide a Fernando de Rojas que se haga cargo de la investigación del caso.


El célebre pesquisidor tendrá que hacer el Camino de Santiago en pos de las huellas de los criminales y para ello contará con la ayuda de Elías do Cebreiro, clérigo y archivero de la catedral compostelana. En su recorrido se encontrarán con toda clase de retos y peligros, se adentrarán en lugares recónditos y misteriosos y conocerán a numerosos viajeros, cada uno con su secreto a cuestas.


Gracias a su cuidada ambientación histórica, esta novela muestra una cara inédita de la ruta jacobea en una época de gran turbulencia en la que la peregrinación está en entredicho a causa de los airados ataques de Lutero, los falsos peregrinos que se aprovechan de ella y las rivalidades entre aquellos que tratan de controlarla y sacar beneficio.


EL MANUSCRITO DE BARRO no es solo una novela de intriga histórica llena de peripecias, conflictos y sorpresas. Es también un viaje en busca de la verdad y la transformación personal y una historia de amistad forjada en la dureza y las dificultades del Camino. Con ella el autor da un paso más allá en la senda iniciada con El manuscrito de piedra, con la que obtuvo un extraordinario éxito de público y crítica.


Los manuscritos ocultos de la familia Jambrina


Luis García Jambrina desvela que, "tras el derribo de una antigua casa en el casco histórico de Talavera de la Reina, donde, según los expertos, pudo haber vivido algún descendiente de Fernando de Rojas, apareció un viejo arcón con varios manuscritos sobre el célebre escritor y pesquisidor de los que no se tenía noticia hasta la fecha, ya que no se mencionan en ninguno de los publicados hasta ahora ni en ninguna otra parte.


En ellos se narran algunos casos que han permanecido ocultos durante cinco siglos, tal vez porque en su día así lo demandaron las autoridades pertinentes o los familiares de las víctimas o por miedo a la censura y el Santo Oficio o debido a alguna otra circunstancia relacionada con los crímenes de los que en ellos se da cuenta. Aquí ofrecemos el primero de los encontrados, que cronológicamente se sitúa entre El manuscrito de aire y El manuscrito de fuego.


Aunque ya se dejaba entrever al final de El manuscrito de fuego, quisiera aprovechar la ocasión para señalar que todos los manuscritos fueron redactados por mi antepasado Alonso Jambrina, ayudante del pesquisidor en los últimos diez años de su vida y esposo de una hija natural de este, llamada Isabel, a partir de las declaraciones y confidencias del propio Rojas y de los documentos y anotaciones que el autor de La Celestina le entregó con ese fin. Yo me he limitado a revisarlos y reescribirlos para que resulten más comprensibles por los lectores actuales. Los cuatro primeros fueron pasando, dentro de mi familia materna, de generación en generación hasta llegar a mis manos, y componen la tetralogía de Los cuatro elementos, a los que aluden los títulos. Los demás quedaron en poder del célebre bachiller, que, por las razones antes indicadas, decidió mantenerlos escondidos, por lo que constituyen lo que podríamos llamar «Los manuscritos secretos del pesquisidor Fernando de Rojas», de los que forma parte El manuscrito de barro, que ahora se da a conocer. Confío en que el esfuerzo y la espera hayan merecido la pena".


Elementos narrativos destacados


Luis García Jambrina es uno de los maestros de la mezcla de géneros en literatura. Como en el resto de la serie protagonizada por Fernando de Rojas, combina la novela histórica con la novela negra, y lo enriquece con una notable carga crítica.


En tanto que gran novela histórica, El manuscrito de barro recrea con detalle unos escenarios y unos hechos excepcionales, consiguiendo dotar al conjunto de una profunda verosimilitud.


En cuanto a novela negra, el autor recoge el legado de los clásicos del género, planteando cuestiones de calado social y político: el poder de la Iglesia frente al Estado, el maltrato a la mujer, los abusos de las clases dominantes, los intereses económicos que se ocultan tras la fachada de lo espiritual y las dificultades para que la Justicia —con mayúsculas y con minúsculas—sea igual para todos.


En las cinco novelas protagonizadas por Fernando de Rojas nos encontramos con varios elementos que nos invitan a la reflexión a partir de las peripecias de unos personajes muy bien dibujados: la ambición, el ansia de riqueza, el fanatismo, el miedo, el heroísmo… y el poder redentor del amor y de la amistad.


El carácter histórico de la novela se sustenta sobre una documentación exhaustiva que ha permitido una muy realista recreación de la vida alrededor del Camino de Santiago en una época en la que la ruta jacobea se encontraba inmersa en una decadencia provocada por circunstancias tan diversas como el auge del protestantismo y el aumento de la inseguridad, presentes ambos en El manuscrito de barro.


Los investigadores: Fernando de Rojas y Elías do Cebreiro


La figura del pesquisidor era propia de los procesos penales de Castilla. Se trataba de un investigador que indagaba y recogía pruebas sobre un crimen e interrogaba a cuantos se relacionaban con los hechos, quienes estaban obligados a declarar ante él.


La edición de 1516 del Vocabulario de romance en latín, de Antonio de Nebrija, incluía los términos «pesquisar» y «pesquisidor», que Nebrija equiparaba a los questores parricidii de la Antigua Roma, unos magistrados de rango menor con capacidad delegada para investigar asesinatos.


En El manuscrito de barro, Fernando de Rojas recupera su antiguo oficio —su labor fue alabada incluso por el rey Fernando— y contará con un ayudante excepcional, el clérigo Elías do Cebreiro. Por su distinta formación y biografía, ambos ofrecen puntos de vista muy distintos del Camino y de sus leyendas. Rojas las aborda desde un cierto escepticismo humanista, propio del Renacimiento, mientras que Elías está más abierto a lo sobrenatural.


El autor de La Celestina tiene algo más de cincuenta años, en 1525. Vive en Talavera de la Reina, donde se gana la vida como abogado, letrado del Concejo y administrando algunas tierras de su propiedad. Ha dejado el oficio de pesquisidor, si bien, de cuando en cuando, se ha visto obligado a hacerse cargo de algunos casos de forma excepcional. Desde 1512 está casado con Leonor Álvarez de Montalbán, con quien ha tenido cuatro hijas y tres hijos.


También es cincuentón Elías do Cebreiro. Es un clérigo delgado, de estatura mediana y de mirada despierta y algo arrogante. Es el archivero de la catedral de Santiago y persona de confianza del arzobispo. Aparte de ser un hombre muy instruido, conoce la ruta jacobea como si fuera la palma de su mano, pues la ha mamado desde niño y la ha hecho a pie o a caballo varias veces; no en vano es natural de O Cebreiro, uno de los principales lugares por los que pasa el Camino Francés a su llegada a Galicia. Resulta ser un excelente compañero de viaje, capaz de resolver con diligencia toda clase de problemas.


Otros personajes de la novela


Como en las demás novelas de la serie, Luis García Jambrina mezcla personajes reales con otros surgidos de su imaginación. La minuciosa construcción de todos ellos hace muy difícil distinguir los unos de los otros. Por la estructura de El manuscrito de barro, basada en distintas etapas del camino, aparecen una buena cantidad de personajes. Hemos seleccionado un puñado de entre los más significativos.


Juan Pardo de Tavera (1472-1545) es, al inicio de la novela, el recién nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. Ocuparía esta sede hasta 1534, cuando fue designado arzobispo de Toledo y cardenal primado de España. El año anterior a los hechos relatados en El manuscrito de barro, lo nombraron presidente del Consejo de Castilla, el principal centro de poder de la monarquía. Había sido compañero de estudios de Fernando de Rojas en Salamanca; hacía muchos años que no se veían. Para Rojas, siempre sería Juanelo, el sobrenombre con el que lo conocían la familia y los amigos.


Marcela es una peregrina que recorre el Camino disfrazada de hombre. Es natural de Logroño e hija de un platero. Sus padres la casaron con otro artesano del oficio mucho mayor que ella, un bebedor y maltratador. Un día aciago, tras una nueva paliza, Marcela pidió a Dios que la librara de aquel suplicio. Su marido murió poco después. Horrorizada por su crimen, decidió hacer penitencia caminando hasta Santiago. Rojas y Elías coinciden con ella cuando lleva doce días de ruta y, vestida de hombre, se ha metido en un lío.


Antonio de Béjar es un médico que sigue el Camino ayudando a unos y a otros. Años atrás, su primer peregrinaje lo hizo para agradecer al Señor la curación de su esposa enferma; no completó la ruta, volvió a casa antes de tiempo y su mujer murió. Las peripecias posteriores escapan a los contenidos de este dosier y les invitamos a descubrirlas en la novela. En todo caso, sepan que a la bella Jimena ahora la llaman la Resucitada.


Rosalía es una hermosa novicia en un convento de Lugo que se une al grupo con el que viajan Rojas y Elías. Debe encontrarse con unas monjas benedictinas para ir a Santiago. La religión es su vía para escapar de la misérrima aldea en la que vive su familia, que no tiene dinero para una dote que pueda garantizarle un buen matrimonio.


La figura de Sancho de Ulloa simboliza el poder de muchos nobles de unas zonas rurales a las que la autoridad real no llega, todavía, en su plenitud. Luis García Jambrina mezcla en él realidad y ficción, puesto que forma parte de un linaje que realmente existió, el de los condes de Monterrey. Sancho de Ulloa es, en la novela, hijo ilegítimo del primer conde de Monterrey, Sancho Sánchez de Ulloa, y hermanastro de la actual condesa, Francisca de Zúñiga y Ulloa.


Hermann Künig von Vach. Monje alemán del que se desconocen muchos datos biográficos. Escribió una de las grandes guías del Camino: La peregrinación y el Camino de Santiago (1495). Muchos peregrinos, sobre todo alemanes, la utilizan durante la novela. Rojas y Elías lo conocen en As Nogais, en la comarca gallega de Los Ancares. Va de incógnito, sabedor de la fama que lo precede. «Parecía un eremita del desierto o, más bien, un profeta que hubiera salido de entre las páginas de la Biblia», se dice de él en el libro.


Los peregrinos. En cada etapa de su viaje, Rojas y Elías conocen a nuevos peregrinos que les explican tanto historias y leyendas del Camino, como su versión sobre los hechos trágicos sucedidos en las últimas semanas. Son gente como Tomás Casares, que se une a los investigadores durante una etapa; el Gato, un anciano que ha escapado tantas veces de la muerte como los felinos; o el Estudiante, conocido con este sobrenombre por saber leer y escribir.


Las víctimas (solo dos de las que podemos hablar). Johannes era un peregrino vienés. Había emprendido el Camino Francés para obtener el perdón. Lo malo era que, después de transcurridas las primeras semanas, había vuelto a pecar muchas veces. Murió cerca de Burgos. Otra de las víctimas, Daniel, resultó ser un peregrino con dos caras. De día, en el Camino era conocido por su bondad; sin embargo, por la noche, cuando jugaba a las cartas, se convertía en una persona muy distinta: egoísta, avariciosa, violenta y odiosa. Lo mataron en Frómista.


La decadencia del Camino en el siglo XVI


En EL MANUSCRITO DE BARRO, Luis García Jambrina nos guía por un Camino de Santiago que vivía una evidente decadencia desde finales del siglo anterior. No era una situación atribuible a una sola causa y, en su génesis, se mezclaban factores internos y externos.


Por un lado, una vez completada la Reconquista, la Monarquía Hispánica y la Iglesia española habían centrado sus esfuerzos en una nueva epopeya, la conquista del Nuevo Mundo, disminuyendo, por tanto, el valor emocional y político de Santiago de Compostela.


Por otro, los valores del Renacimiento se oponían a muchas de las tradiciones religiosas vigentes, mientras surgían voces, aquí y allá, partidarias de la separación de la Cruz y la Espada, de la Iglesia y el Estado, uno de cuyos símbolos evidentes era la archidiócesis gallega.


El auge del protestantismo en Europa influyó no solo en el número de peregrinos procedentes del continente a través del Camino Francés, sino también en la actitud de intelectuales españoles que, como Fernando de Rojas en la novela, se cuestionaron el culto a las reliquias o la autenticidad de la tumba del apóstol.


Por último, y no menos importante, hubo una crisis de seguridad a la que se sumaron los abusos de parte de los responsables de los servicios a los peregrinos, desde tabernas a hospitales. Se multiplicaron las bandas de delincuentes que asaltaban a los peregrinos, de la misma forma que aumentó la criminalidad entre esos mismos peregrinos.


«El Camino se ha vuelto muy peligroso por culpa de los pícaros, maleantes, bandoleros, prostitutas, mendigos, vagamundos y toda clase de individuos de mal vivir, que ahora lo invaden dispuestos a aprovecharse de los verdaderos peregrinos y de la hospitalidad de los albergues y conventos», le explica el arzobispo Pardo de Tavera a Fernando de Rojas, al principio de la novela. Además, Francia y España mantuvieron una guerra desde 1521 que afectó a la ruta Jacobea y que acabó unos meses antes de los hechos narrados en El manuscrito de barro, en la batalla de Pavía.


Entre la fe y el negocio


Durante siglos, la posesión de unas reliquias religiosas objeto de peregrinaje significaba una fuente segura de ingresos económicos para la localidad que las custodiase, además de aumentar la influencia política de sus autoridades civiles y eclesiásticas. De ahí la dura competencia entre ciudades e, incluso, entre países.


El arzobispo Pardo de Tavera resume aquel conflicto en el diálogo con el pesquisidor, cuando rechaza las acusaciones y las dudas sobre la autenticidad de la tumba de Santiago: «Solo son embustes y rumores, fruto de la envidia que nos tienen los franceses, sobre todo desde que estamos en guerra con ellos, y más ahora que acabamos de vencerlos en Pavía y de apresar a su rey Francisco I».


Para poder atender a miles de peregrinos anuales surgieron hospitales, alberguerías, albergues, ventas, mesones y posadas y también ciertos monasterios, conventos, iglesias, catedrales, castillos y casas particulares que se volcaron en su cuidado y manutención.


Los hospitales solían ser caritativos o gratuitos. Casi todos ellos habían sido fundados por reyes, autoridades locales, nobles, obispos, y órdenes religiosas y militares. Algunos se encontraban extramuros de las ciudades, para que pudieran refugiarse los que llegaban por la noche, cuando las puertas de las murallas ya se habían cerrado.


Los hospedajes y albergues de pago eran un negocio muy floreciente, aunque, por lo general, dejaban mucho que desear. Era habitual que posaderos y mesoneros se disputasen a los peregrinos; incluso enviaban a sus sirvientes para que los captasen como clientes. Elías le explica Fernando de Rojas que la mala calidad de las viandas y de los alojamientos provocaba que muchos peregrinos enfermasen o muriesen, o se quedasen sin blanca. Era, también, una práctica común engañarles con el precio, con las medidas y con el valor de las monedas, y más cuando eran extranjeros.


Están documentados casos de posaderos que emborrachaban a sus huéspedes para robarles mientras dormían o que llegaban a envenenarlos para quedarse con sus cosas.


Tipos de peregrinación


EL MANUSCRITO DE BARRO nos muestra la gran variedad de razones que impulsaba a hombres y mujeres a tomar el Camino hacia Santiago. Destacan seis grandes grupos de peregrinos, presentes en distintos momentos de la novela.


Peregrinación como penitencia. Su objetivo era obtener el perdón de los pecados y ganar el cielo; no en vano a cada peregrino que completaba el Camino se le condonaba de entrada una tercera parte de esos pecados y, si era año jubilar o de perdonanza, la indulgencia era plenaria.


Peregrinación por devoción religiosa o para cumplir un voto o una promesa por algún bien recibido. Muchos de los que recorrían el Camino por una promesa, volvían a casa con una especie de aureola de santidad. El mero hecho de haber viajado a Compostela aumentaba también su prestigio dentro de la comunidad.


Peregrinación obligatoria o forzada. Era de carácter expiatorio y penitencial, impuesta por algún tribunal eclesiástico o civil, como castigo por haber cometido un delito o un pecado de especial gravedad, sobre todo si el autor era un clérigo: homicidio, sodomía, robo de iglesia, sacrilegio, simonía, adulterio, etc. Estos peregrinos a veces iban con cadenas o casi desnudos, y, en el caso de las mujeres, con vestiduras blancas.


Peregrinación delegada o por encargo. Se llevaba a cabo en nombre o representación de otra persona, de un grupo o de toda una población con el fin de implorar el cese de algún mal o cumplir con una obligación o promesa. Había una variedad testamentaria, por la que se designaba a alguien para que hiciera el Camino por el sufragio del alma del testador. Podía estar remunerado y hubo profesionales en la materia.


Peregrinaje en busca de aventuras, para conocer mundo, para hacer negocios o para llevar una vida de cierta libertad. El peregrino que había optado por estar vía trataba de romper la rutina y estar libre de ataduras familiares o laborales durante un tiempo.


Falsos peregrinos, que se disfrazan para mendigar o delinquir.


Los escenarios: el Camino Francés


Como si de un peregrinaje a Santiago se tratara, la novela se estructura a partir de dos tipos de capítulos: los que transcurren en el camino propiamente dicho —o sea, en ruta hacia…— y los que se desarrollan en los lugares en los que se acaban e inician las etapas más importantes.


El escenario principal es el llamado Camino Francés, que entra en España por los Pirineos a través de Roncesvalles. La excepción la hallamos en el primer capítulo, situado en Toledo, durante el transcurso de las Cortes Generales, en junio de 1525. Luis García Jambrina describe la capital repleta de procuradores y forasteros venidos de todos los lugares de Castilla y de otros reinos, ya que a ellas asisten también embajadores y representantes de las principales monarquías europeas y del papado.


Tras el encargo de averiguar quién está asesinando a los peregrinos, Rojas y Elías viajan hacia León, ciudad en la que inician sus pesquisas tras un nuevo asesinato.


Las siguientes etapas pasan por Puente de Órbigo, Astorga, Foncebadón, Ponferrada, Villafranca del Bierzo y Herrerías de Valcarce, en la actual provincia de León. Ya en Galicia, por Pedrafita do Cebreiro, As Nogais, Santa María de Penamaior, Lugo, San Romao da Retorta, Palas de Rei y el castillo de Pambre, en la provincia de Lugo; y en La Coruña, por Melide, Castañeda, Arzúa y, por fin, Santiago de Compostela.


El autor describe el camino con detalle. Los paisajes y las poblaciones desfilan ante el lector y lo sumergen en el ambiente a través de todos los sentidos. En un magnífico ejercicio de recreación, retrata los lugares con los ojos de los peregrinos y los viajeros del siglo XVI.


Sobre el autor


Luis García Jambrina (Zamora, 1960). Profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y máster en Guion de Ficción para Televisión y Cine. Autor de los libros de cuentos Oposiciones a la morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S.A. (2005). Como novelista se dio a conocer con El manuscrito de piedra (2008), galardonada en 2009 con el prestigioso Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, de la que han aparecido más de treinta ediciones y varias traducciones, y ahora acaba de aparecer en Booket (2021). Después ha publicado, con gran éxito de público y crítica, El manuscrito de nieve (2010), En tierra de lobos (2013), La sombra de otro (2014), Bienvenida, Frau Merkel (2015), La corte de los engaños (2016), El manuscrito de fuego (2018), El manuscrito de aire (2019) y, ahora, El manuscrito de barro.


 


 

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