EN LA TRASTIENDA DEL BOOM EDITORIAL ESPAÑOL: LO QUE ESCONDEN LOS NÚMEROS DEL ÉXITO

33 días median entre los dos eventos bisagra del mercado editorial en España, Sant Jordi y la Feria del Libro de Madrid. Poco más de un mes entre los 27 millones de euros de facturación en Barcelona y una previsión que se acerca a los 10 para la capital. Son las grandes citas del mundo del libro en nuestro país, que se trufan el resto del año con presentaciones, firmas de autores, clubes de lectura, aperitivos librescos y cosplay de sagas literarias. Todo ello contado en las redes por los boosktagramers, un fenómeno que ha introducido la lectura en la conversación social, posicionando el libro entre los objetos de deseo del consumo juvenil. Los números apoyan las letras, año tras año, desde 2013, fecha del fin de la última gran recesión económica mundial. Los de 2025, aportados por la Federación de Editores, arrojan un saldo más que positivo para el gremio: más de 3000 millones de euros de beneficio, si incluimos las ventas a través de Internet y el audiolibro. ¿Cómo es posible entonces que algunas noticias afirmen que el 44% de los autores publicados no logra vender ni un solo ejemplar? Para Marina Sanmartín, escritora y socia de la librería madrileña Cervantes y Compañía, el dato puede ser estadísticamente cierto, pero es necesario ver qué categorías de publicaciones engloba. Así, en esa cifra podrían estar incluidos los autopublicados, los libros universitarios, las tesis doctorales que acaban convirtiéndose en publicaciones o los libros que salen de congresos. Dicho esto, aclara, “sí que es cierto que se publica mucho más de lo que una librería independiente puede absorber, entre otras cosas porque el stock medio de una de tamaño medio es de 10.000 ejemplares, que no equivalen a 10.000 títulos porque muchos títulos se compran a más de un ejemplar, con lo cual sí que es cierto que muchísimos títulos se tienen que quedar fuera”. Para Juan Jacinto Muñoz-Rengel, autor y director de Escuela de Imaginadores, el dato, aunque sorprendente, tendría sentido si nos introducimos en la guerra de los grandes grupos editoriales: “supongo que se basan en medias. Y entonces sí, hace tiempo que la industria produce más libros de los que va a vender en un intento de copar los espacios”. Es un ardid de venta, explica, de los grandes grupos para evitar que la competencia despliegue su producto en escaparates y estanterías. “Eso arrastra a todo el sector a una lógica perversa, y también las editoriales medianas se ven empujadas a la sobreproducción. Y las pequeñas quedan invisibilizadas. Es la lógica del capital”. Sanmartín y Muñoz-Rengel comparten espacio físico en un edificio de la popular calle del Pez en el barrio de Malasaña de Madrid, un pequeño milagro que, por el momento, escapa a la tendente gentrificación del centro de las grandes ciudades. Cervantes y cia resiste allí desde 2012, un año antes de la entrada de la última recesión económica, mientras que Escuela de Imaginadores acaba de mudarse encima de la librería, respondiendo a su crecimiento y, por lo tanto, a la necesidad de mayor espacio. Los dos se felicitan por la coincidencia y por las futuras sinergias que una librería y una escuela de escritores van a aportar a la cultura del barrio. Para Marina, esta simbiosis ayuda a garantizar a largo plazo su supervivencia y a multiplicar el alcance de sus propuestas culturales. “Podemos sumar fuerzas para concienciar sobre la importancia de la lectura, de compartir lo leído, de hablar sobre eso y de la consecuencia de leer, que es escribir”. La escritura como forma de resistencia íntima durante la pandemia Para Muñoz-Rengel, autor de cinco novelas (traducidas a más de una decena de idiomas y publicada en 25 países), un ensayo y tres volúmenes de narrativa corta, escribir es ya una forma de estar en el mundo. En un entorno de inmenso ruido comercial, al que se suma la sobreexposición acelerada de autores y títulos en redes sociales, cada vez resulta más difícil que un libro encuentre a sus lectores. “Por eso, es importante reclamar el sentido de la literatura en sí, de la lectura y de la escritura en sí. No podemos caer en el error de confundir éxito con calidad literaria”. Con esta filosofía dirige desde hace siete años la escuela, un caso de éxito dentro del ecosistema; con tan sólo un aula y un profesor, él mismo, este taller de escritura bate récords en cuanto al ratio de autores noveles publicados: más de una docena, siete de ellos tan solo en el primer trimestre de este 2026. Crece esta escuela en particular y, en general, el número de personas que escribe. Lo hace el de los que acuden a las escuelas y talleres de escritura, actividad que se ha incorporado como materia docente a algunas universidades. Entre todos han aportado un incremento del 25% en esta actividad. El universo de la creación literaria se expande desde la pandemia, reconoce el escritor malagueño, “no te imaginas la cantidad de gente que llegó tras la pandemia diciendo que había terminado una novela durante el confinamiento”. Cuenta que en momentos de crisis o extrañamiento, mucha gente siente la necesidad de ordenar la experiencia, de pensar quién es y qué está haciendo con su vida, y la escritura apareció como refugio, como una forma de resistencia íntima. Pero también a veces fue el resultado de no saber qué hacer con el tiempo muerto. Escuela de imaginadores, un taller que cocina escritores Junto a estos motivos, el boca a boca ha hecho que esta escuela experimente un gran crecimiento: “tenemos listas de espera en casi todos los grupos y acabamos de cambiarnos a una sede más grande, todo siempre respetando nuestra esencia”. Las claves de este éxito, reflexiona, se encuentran en la metodología personalizada de enseñanza y en un trabajo en grupo que ha conducido a la creación de una pequeña comunidad literaria viva que no sólo publica en editoriales de referencia —Plaza&Janés, Harper Collins, Duomo, Maeva o Páginas de Espuma— sino que obtiene premios literarios. Se modifican los hábitos de consumo y lectura, y también la manera de formarse como escritor, que, en este caso, se aproxima al concepto de “cocina literaria”, en la que los ingredientes principales son la transmisión directa, la lectura exigente, el análisis objetivo y técnico de los textos, una rutina de escritura, la acumulación de herramientas y habilidades, y un acompañamiento prolongado en el tiempo. Además, añade Juan Jacinto Muñoz-Rengel, “hemos logrado algo que para mí suponía todo un reto: que la escuela no sea solo un lugar de clase, sino un tejido de relaciones humanas que se prolonga mucho más allá del aula. Eso me parece uno de los mayores éxitos de cualquier proyecto intelectual o artístico”. Todo, con un enfoque lúdico de la escritura, porque nos gusta la gente que se toma muy en serio la literatura como diversión”.

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