DESCIFRANDO EL VATICANO, de Juan Vicente Boo, doce columnas y siete arcos para entender los principales desafíos del Papa, teniendo como referencia la historia del cristianismo



Editorial Espasa. 272 páginas

Rústica con solapas: 19,90€ Electrónico: 10,99€


El Vaticano es, a la vez, misterioso y atractivo, complicado y desconcertante. ¿Es posible descifrarlo? Con sus dos mil años de historia, el corazón de la Iglesia es punto de referencia artístico, espiritual y político para todos los países y religiones, como demuestran las continuas visitas de jefes de Estado y personalidades de la ciencia, la cultura, la economía o el arte. Es la institución más longeva del planeta y, a la vez, la más enrevesada, repleta de organismos peculiares y misterios difíciles de descifrar. Es un fascinante cóctel de lo más divino y lo más mundano, casi imposible de relatar correctamente en los medios de comunicación.


Juan Vicente Boo, veterano vaticanista desde hace veintidós años, explica ese curioso mundo desde dentro y desde fuera, y lo hace a partir de un original esquema de doce columnas y siete arcos que permite «ver» y entender el funcionamiento de la estructura como paso previo a la descripción de las tareas del Papa y sus principales desafíos, teniendo como referencia la historia del cristianismo.


Nunca nadie había osado describir el organismo más complejo del mundo en un lenguaje que los lectores no especialistas, pero sinceramente interesados en descubrir lo que hay — y en comprender lo que sucede— dentro de los muros del Vaticano, pudieran entender.


Las páginas de DESCIFRANDO EL VATICANO son comentarios de un periodista, son opiniones muy personales que, por lo tanto, no debían figurar en las crónicas escritas como vaticanista.


En el Vaticano, lo único que de verdad importa es el Papa. La estructura destinada a ayudarle adolece de lentitud e hipertrofia. Su plantilla sumaba a principios del siglo XXI nada menos que cinco mil empleados, entre los que se cuentan muchas personas admirables, santas, pero también algunas que no deberían estar ahí.


La tarea del Vaticano solo se entiende mirando hacia el Papa y mirando con él «desde dentro hacia afuera» a los mil trescientos millones de católicos a los que directamente sirve, y también al resto de la humanidad: a la «familia humana», una y única, como enseña el cristianismo. Pero, al mismo tiempo, es necesario mirar el Vaticano «desde fuera hacia adentro», para evitar la autorreferencialidad, y el curioso culto a su cargo, o a sí mismos, que algunos todavía reclaman.


La primera parte de este volumen describe los principales apoyos del Papa, «Las doce columnas», así como «Los siete arcos» que permiten ver el mensaje cultural y espiritual que el Papa intenta transmitir. La segunda parte del libro —«¿Cómo funciona?»—, refleja el trabajo del Papa en sus múltiples facetas y niveles, así como los desafíos a que debe enfrentarse. También encontramos el aspecto esencial de la Iglesia: Pueblo de Dios y Cuerpo místico de Cristo, formado en un 98,9% por mujeres y hombres laicos.


Algunos capítulos del libro incluyen historias importantes como el escándalo Vatileaks o episodios tragicómicos como la boda del exarzobispo de Lusaka o los ascensos del norteamericano Theodore McCarrick.


Diferencias entre Santa Sede y Estado Vaticano


Un primer paso para evitar la confusión es distinguir bien entre la Santa Sede y el Estado Vaticano, dos criaturas muy distintas y que responden a lógicas diferentes. Ambos son sujetos de derecho público internacional y, por lo tanto, reconocidos por los Gobiernos y las organizaciones supranacionales como Naciones Unidas, la Unión Europea, etc.


En cambio, son entidades muy distintas en sus funciones. Las de la Santa Sede son doctrinales y de gobierno, desde una encíclica o una canonización hasta el nombramiento o cese de un obispo. En definitiva, las tareas religiosas. Las del Estado Vaticano son logísticas, desde la distribución del correo o el cuidado de los jardines hasta el servicio de policía que realiza la Gendarmería Vaticana.


Tanto la Santa Sede como el Estado Vaticano tienen como jefe supremo al Papa, pero la Santa Sede se ocupa de ayudarle a dirigir la Iglesia universal, mientras que el Estado Vaticano le proporciona un soporte geográfico y logístico, algo parecido a lo que los militares llaman base.


El conjunto de organismos de la Santa Sede que ayudan al Papa en la tarea de pastor de la Iglesia universal y de las Iglesias locales se llama técnicamente «Curia romana», aunque a efectos periodísticos predomina la expresión «Curia vaticana».


En el aspecto geográfico, la Iglesia universal está organizada en unas tres mil doscientas diócesis o estructuras similares, cuyo obispo o responsable es nombrado por el Papa. En cuanto a la normativa espiritual, la Santa Sede tiene sus propios tribunales que dictan sentencia en asuntos religiosos, desde la anulación de un matrimonio a la expulsión del sacerdocio de quienes se comporten de modo gravemente indigno, ya sean presbíteros, obispos o cardenales.


El Estado Ciudad del Vaticano —oficialmente llamado Status Civitatis Vaticanæ— es, en cambio, un Estado soberano como los demás del planeta. Su «rasgo peculiar» consiste en ser el más pequeño del mundo, con una superficie de 0,44 kilómetros cuadrados.


El Estado Vaticano es, por así decirlo, una mera plataforma, con su gendarmería, servicios técnicos, servicio sanitario, servicio de correos, un observatorio astronómico muy interesante… Su gran joya son los Museos Vaticanos, más de una docena, con tesoros únicos como la Capilla Sixtina. Este pequeño Estado cuenta con tribunales civiles y penales y, naturalmente, con calabozos, que han tenido más de un huésped a partir del pontificado de Benedicto XVI.


Los siete arcos


Ahora es un buen momento para explorar los «arcos» que nos permiten ver desde fuera lo que sucede dentro y que, al mismo tiempo, son utilizados para comunicar con el exterior. El primero y más evidente es el departamento de Comunicación, pero hay otros seis arcos que abren panoramas complementarios y más profundos.


Departamento de Comunicación: El mensaje Durante el Concilio Vaticano II (1962-1965), la enorme afluencia de periodistas de numerosos países obligó a la Santa Sede a establecer un sistema estable de comunicación con la prensa. Juan Pablo II desató el Big Bang de la comunicación oficial vaticana en 1984 nombrando director de la Oficina de Prensa a Joaquín Navarro-Valls, entonces corresponsal del diario ABC de Madrid y presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera en Italia. Fue una «edad de oro» de la comunicación. El Papa y su portavoz hablaban varias veces a la semana para estudiar de antemano el impacto que algunas decisiones podrían tener en la opinión pública, pensar el mejor modo de explicarlas, de dosificar las noticias, de salir al paso de las crisis, etc.


A diferencia de su predecesor, Benedicto XVI no consideraba importante la figura del portavoz y, por lo tanto, limitó el acceso de Navarro-Valls, quien continuó en su puesto, pero terminó dejándolo en el verano de 2006. Le sustituyó Federico Lombardi, quien hizo su trabajo con gran dignidad dentro de los límites de su contacto con Benedicto XVI, y se ganó el respeto de los periodistas porque siempre nos decía la verdad, virtud muy poco frecuente en un comunicador oficial.


Tras el cónclave de 2013, Lombardi continuó al servicio del nuevo Papa hasta que, en el verano de 2016, Francisco nombró al tándem ideal para la Oficina de Prensa. Lo formaban el periodista norteamericano Greg Burke, antiguo corresponsal del semanario Time y del canal televisivo Fox News, y la periodista española Paloma García Ovejero, corresponsal de la cadena de radio COPE, la primera mujer en la historia que hablaría en nombre del Papa. Eran dos periodistas de gran simpatía personal, inteligentes, muy trabajadores y absolutamente leales al Papa, pero que, por desgracia, nunca pudieron hacer a fondo su trabajo. El motivo es que asumieron la tarea cuando había sido ya creada la nueva Secretaría de Comunicación, articulada como un «Ministerio de Información» al antiguo estilo.


Departamento de los Santos: Dios es Bondad En la era cristiana, el culto a los mártires nació de modo espontáneo con las primeras persecuciones en Jerusalén, desde la lapidación de san Esteban hasta la decapitación de Santiago. Después se va introduciendo la costumbre de una «canonización» a cargo del obispo local. A partir del siglo XII, los Papas empiezan a dar indicaciones, hasta que, en 1234, Gregorio IX se reserva en exclusiva los procesos.


El reparto de tareas entre las diócesis y Roma se produjo a partir de 1588, cuando Sixto V crea lo que hoy es el departamento de las Causas de los Santos. Se trata de un equipo de personas que ayudan al Papa a documentarse y discernir facilitándole datos sobre la vida de los siervos de Dios, sus escritos, la devoción privada después de su muerte, los posibles milagros, etc.


Juan Pablo II simplificó mucho los procedimientos y, a lo largo de sus veintiséis años de pontificado, proclamó nada menos que 1.341 nuevos beatos —incluyendo numerosas causas de martirio colectivo en los últimos siglos— y 482 nuevossantos. A su vez, Francisco puso orden en un aspecto secundario de los procesos que había dado lugar a muchas corruptelas: la falta de transparencia en el manejo de fondos de las causas y en los costes de cada fase.


Los Jardines y los Museos Vaticanos: Dios es Belleza El lugar más sereno y hermoso de Roma está, paradójicamente, fuera de Italia. Nada iguala la tranquilidad de los Jardines Vaticanos. No se oye el tráfico. Solo el canto de los pájaros, en un marco rebosante de belleza y de historia junto a un tesoro absolutamente único de la cultura mundial: los Museos Vaticanos.


La belleza y tranquilidad de los Jardines Vaticanos, donde el presente enlaza con el pasado, lleva el pensamiento hasta el Jardín del Edén, primer hábitat humano en el hermoso relato del Génesis. Tanto esos Jardines, iniciados en 1279, como el Museo Capitolino de Roma —el más antiguo del mundo—, creado por Sixto IV en 1471, o los Museos Vaticanos, que son de 1506, tienen un significado más allá del cultural. Su verdadero motivo de fondo es el religioso: mostrar de modo visible que Dios es Belleza.


Los Museos Vaticanos se llaman así, en plural, porque son una veintena. Forman un asombroso «museo de museos», con piezas antiguas mesopotámicas, egipcias, griegas, etruscas y romanas absolutamente únicas. Y eso solo para comenzar…


La Biblioteca Vaticana y el archivo: Dios es Verdad Igual que los Museos, la Biblioteca Apostólica Vaticana es, en realidad, una «biblioteca de bibliotecas», enriquecida por continuas donaciones de otras entidades que deciden poner sus fondos en manos seguras.


La Biblioteca cuenta hoy 1.600.000 libros impresos, entre los que figuran más de 8.000 incunables, 180.000 manuscritos, incluidas obras de los grandes filósofos y poetas de la Antigüedad, o el Papiro 75 (Papiro Hanna), regalado al papa Benedicto XVI por el empresario y filántropo norteamericano Frank Hanna III en 2007, datado a principios del siglo III y que contiene los evangelios de Lucas y Juan en griego.


Departamento de Desarrollo Humano Integral Si la parábola del Buen Samaritano es el modelo para cada cristiano, para cada obispo y cada conferencia episcopal, el departamento de Desarrollo Humano Integral asume la promoción de esa tarea en todo el planeta, tanto en lo que se refiere al desarrollo de la doctrina social de la Iglesia como a la coordinación de la ayuda práctica.


En el documento de creación, en 2016, el papa Francisco encargaba al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ocuparse de «las migraciones, los necesitados, los enfermos, los excluidos, los marginados y las víctimas de conflictos armados y catástrofes naturales, los encarcelados, los desocupados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura» junto con —por si fuera poco— la protección del medio ambiente, la «casa común». En definitiva, es el departamento al servicio práctico de todos los malheridos en el camino, pero también el encargado de divulgar la teología moralsocial, reunida sistemáticamente desde 2004 en el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia. También se encarga de actualizarla a medida que cambia el contexto socio-cultural, proponiendo al Papa el magisterio que se vaya haciendo necesario frente a nuevos problemas.


Departamento de Caridad del Papa: la ayuda ¿Por qué es tan importante la atención a personas reales una por una? Porque el cristianismo se resume en amar a Dios y al prójimo, al cercano. Quien lo predica, pero nunca lo practica con las personas necesitadas, cae en una vida hipócrita. El 17 de diciembre de 2013, primer cumpleaños de Jorge Bergoglio como Papa, el Limosnero Konrad Krajewski se fue muy temprano al pórtico de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, donde todas las noches duermen personas sin casa, e invitó a Martin, checo, otro Martin, eslovaco, y a Wojczech, polaco, a desayunar con el Papa. Los tres homeless eran amigos y se reunían en el mismo sitio para dormir. Martin, que perdió su trabajo de camionero en Chequia, llevó naturalmente a su perro y el Pontífice le preguntó cómo se llamaba. —Marley, Santidad. Como Bob Marley.


Francisco lo acarició y el perrito se quedó con ellos mientras los cuatro desayunaban. Cada uno de los vagabundos fue contando su historia o sus opiniones al Papa, que les escuchaba pero sin preguntar los porqués de decisiones erróneas ni hacerles ninguna prédica. Quería tan solo que pasasen un rato a gusto con alguien que les trataba con respeto.


En este tipo de conversaciones, Francisco descubrió que las personas sin casa siempre encuentran comedores de caridad y pueden dormir en refugios si se adaptan. Pero, en cambio, les da vergüenza entrar en cualquier otro sitio porque, debido a la dificultad para el aseo personal diario, tienden a oler mal y algunas personas los miran con asco. Unos meses después llegó la solución: el Papa ordenó instalar tres duchas en la parte derecha de la columnata de Bernini, uno de los dos semicírculos que «abrazan» la plaza de San Pedro. Unas religiosas coreanas tienen siempre champús individuales, varias colonias para elegir y ropa interior limpia, procedente de donativos, para sustituir a la que llevan en ese momento. Ellas mismas se encargan de limpiar delicadamente los cuartos de baño y las duchas después de cada uso.


Academias Pontificias y Universidades Pontificias: el análisis Así como los seis «arcos» anteriores proyectan el riquísimo patrimonio religioso, ético y cultural del Vaticano hacia afuera, las Pontificias Academias permiten, en cambio, que el Papa y sus colaboradores «vean» la primera línea de avance de las ciencias y las perspectivas de futuro de la humanidad. Son datos imprescindibles para aportar la dosis de «espíritu» que será más acertada en cada caso, especialmente en teología moral y doctrina social.


Los académicos provienen, lógicamente, de cualquier cultura o religión, y Pío XII les aseguró en 1940 que «a vosotros, nobles campeones de las artes y las ciencias humanas, la Iglesia os reconoce completa libertad de método y de investigación […]». A los científicos no se les llama para darles lecciones de nada, sino para que ayuden al Vaticano a entender el mundo. O, a veces, entender el universo. R


oma cuenta con muchas otras instituciones educativas especializadas, como el Pontificio Instituto Bíblico o el Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islamística (PISAI), que desempeña un papel clave en el conocimiento y acercamiento al mundo musulmán.


Las doce columnas


Como todo organismo vivo, la Santa Sede está en continua evolución, por lo que la importancia relativa de cada uno de sus docenas de organismos va cambiando según dictan las necesidades y las posibilidades de cada momento, o según la valía de la persona que los preside.


Cardenales y tribunales Las reuniones del Colegio de Cardenales, ataviados de color púrpura, se cuentan entre las ceremonias más vistosas del mundo, especialmente si se trata de un cónclave en la Capilla Sixtina para elegir a un nuevo Papa, ritual en el que solo toman parte los purpurados con menos de ochenta años en el momento del fallecimiento del pontífice.


En nuestros días, buena parte de los cardenales son arzobispos de ciudades grandes y dedican a esa tarea la mayor parte de su tiempo. Pero en cuanto cardenales (de “cardine”, o sea, quicio) son colaboradores del Papa y, desde el año 1059, los únicos que participan en su elección. Es un buen sistema, y por eso ha durado un milenio. Como toda normativa, puede cambiar algún día para incluir algunos votantes más. Por ejemplo, los cinco presidentes de las conferencias episcopales continentales, o los dos presidentes de las asociaciones de superiores generales de religiosos y de religiosas.


El número total de purpurados suele superar los doscientos, pero los que de verdad cuentan son los aproximadamente ciento veinte cardenales electores con menos de ochenta años, la edad a la que dejan absolutamente todos sus cargos y responsabilidades.


Secretaría de Estado: la torre de control La poderosa Secretaría de Estado es el «puente de mando» y, a la vez, la «torre de control» de la actividad de los nuncios y de la Iglesia en el mundo entero. Dirige y coordina tanto la actividad de la Santa Sede como la del Estado Ciudad del Vaticano, y las relaciones exteriores. El secretario de Estado es, realmente, el «número dos» de todo, y el Papa lo selecciona a su gusto. Como el de los demás cargos en el Vaticano, su mandato dura cinco años, pero se suele renovar. Bajo el secretario de Estado figuran las tres secciones:


La «primera sección» es una especie de Ministerio del Interior. Es el verdadero centro neurálgico; coordina el trabajo de todos los departamentos de la Curia vaticana y de la Comisión Disciplinar.

La «segunda sección» consiste en una especie de Ministerio de Asuntos Exteriores dirigido por el secretario para las Relaciones con los Estados. Dirige la actividad de los nuncios en lo que se refiere a la relación con el Estado en el que se encuentran como representantes diplomáticos del Vaticano.

La «tercera sección», creada por el papa Francisco en 2017 como respuesta a varios escándalos delictivos graves protagonizados por nuncios o por sus colaboradores, se llama «Sección para el Personal Diplomático de la Santa Sede».


Departamentos de Evangelización y Obispos: el andamiaje El departamento de Evangelización se encarga de la catequesis, de los santuarios y de las Obras Misionales Pontificias. También supervisa el trabajo de los Misioneros de la Misericordia: cientos de sacerdotes confesores de distintos países que, desde el Jubileo de 2016, reciben a título personal la facultad de perdonar pecados reservados normalmente al Papa. A su vez, el departamento de los Obispos tiene la misión de evaluar los candidatos seleccionados por los nuncios, proponer al Papa los nombramientos, supervisar posteriormente su trabajo y estudiar los cambios de sede.


Departamento de la Doctrina de la Fe (y la Disciplina) La tarea de este departamento no es solo tutelar y difundir la fe, sino también la moral, en todo el mundo católico. A esa responsabilidad «doctrinal» se añade la «disciplinaria», también muy importante, sobre todo desde que Juan Pablo II le asignó la lucha contra los abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes. El departamento de la Doctrina de la Fe se articula en tres oficinas: la Doctrinal, la Disciplinar y la Matrimonial.


Departamento del Clero: los sacerdotes El departamento del Clero se encarga, por así decirlo, de quienes trabajan en «primera línea» en las parroquias, centros de apostolado y santuarios: los sacerdotes. Les ayuda en su formación espiritual, intelectual y pastoral, e incluso en la tarea de predicación, una asignatura todavía pendiente en muchos pastores católicos. Desde el pontificado de Benedicto XVI, el departamento asumió la responsabilidad de los seminarios con el objetivo de mejorar la formación de los candidatos al sacerdocio en un contexto más abierto, sin que pierdan el contacto con la familia e intercalando periodos de servicio a los fieles.


Departamento de la Vida Consagrada: los «voluntarios» En la Santa Sede, se ocupa de la formación y del régimen (constituciones, disciplina, etc.) de los voluntarios el departamento de Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. El departamento cuida, por así decirlo, de los «voluntarios»: las personas que deciden seguir plenamente los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, y dedicarse a Dios como religiosas y religiosos de clausura o de vida activa, como miembros de institutos seculares o de sociedades de vida apostólica —en las que se hace vida comunitaria, pero sin votos—, de asociaciones de fieles que piensan convertirse en familias religiosas o apostólicas, etc.


Departamento de Laicos, Familia y Vida: la razón de ser de todo El departamento de Laicos, Familia y Vida tiene como tarea «promover la vocación y la misión de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo, ya sea a título individual o como miembros de asociaciones, movimientos y comunidades», favorecer el cuidado pastoral de las familias, y promover la dignidad y respeto de toda vida humana. Se ocupa también de realzar la dignidad específica de la mujer. Se encarga también de organizar los Encuentros Mundiales de las Familias y las Jornadas Mundiales de la Juventud.


La Secretaría de Economía y las dos masas patrimoniales Se mire como se mire, la administración de los dineros y del patrimonio de la Santa Sede tiene un organigrama enrevesado y actúa de modo muy poco transparente. El Vaticano se comporta con más opacidad que los Estados, sin que haya razones válidas de esa anomalía. De hecho, bastantes diócesis grandes, con presupuestos varias veces superiores, actúan de modo transparente desde hace mucho tiempo. Ni la Santa Sede ni el Estado del Vaticano hacen públicos sus presupuestos, salvo media docena de datos poco relevantes y algunas referencias colaterales que aparecen en la memoria anual del banco del Vaticano (IOR). En un viraje muy extraño, las estructuras al servicio del Papa dejaron de publicar en 2011 el montante de los presupuestos, reduciendo la información a poco más que los resultados y las principales fuentes de ingresos. La Santa Sede cerró con superávit de 2 millones de euros el ejercicio de 2012. Después empezaron los resultados con pérdidas: 24 millones de euros en 2013, unos 25 millones en 2014, y otros 12 en 2015. A partir de ese año cayó una especie de increíble «telón de acero». El balance de 2016 no llegó a publicarse, y la opacidad fue total hasta el de 2019. A comienzos de su pontificado, el papa Francisco ordenó contratar a media docena de las mejores consultoras internacionales para empezar a poner orden en las contabilidades y los balances, la galaxia de medios de comunicación, los fondos patrimoniales… Pero, sobre todo, en el banco del Vaticano (IOR), infiltrado por numerosos delincuentes.


La Guardia Suiza y la Gendarmería Vaticana La Guardia Suiza es el ejército más pequeño del mundo, formado por solo ciento treinta y cinco soldados. Se creó en el año 1505 por el papa Julio II, que antes de su cargo había sido guerrero feudal. Desde el atentado contra Juan Pablo II en 1981, la Guardia Suiza ha multiplicado su entrenamiento en técnicas de defensa personal, escolta de autoridades y uso de armas cortas en medio de civiles hasta convertirse en un cuerpo de élite. La Guardia Suiza es un cuerpo militar y depende de la Santa Sede, concretamente del «sustituto» de la Secretaría de Estado. En cambio, el otro contingente armado, la Gendarmería Vaticana, es un cuerpo civil y depende del cardenal gobernador que dirige il Governatorato del Estado del Vaticano. La misión de la Gendarmería es también la seguridad del Papa, pero, sobre todo, el control policial del territorio vaticano.


Nunciaturas: unidad con Roma y pulso del planeta A diferencia de cualquier otro diplomático, un nuncio apostólico tiene dos misiones. La principal —con gran diferencia— es servir de enlace entre el Papa y los obispos del país con vistas a resolver problemas, conocer y proponer candidatos al episcopado y muchas otras tareas delicadas, entre las que se cuenta, desde 2019, recibir las denuncias de fieles o de sacerdotes contra obispos por abuso sexual de menores o adultos vulnerables. La segunda misión consiste en desempeñar las relaciones diplomáticas con el Gobierno nacional. Es menos importante y, además, no es exclusiva, pues la comparte con el embajador del respectivo país ante la Santa Sede en Roma.


El Sínodo de Obispos: «miniconcilios» por temas El Sínodo de Obispos es un caso especial. No forma parte, jurídicamente, de la Curia romana, pero es uno de los organismos que ayudan al Papa en su tarea de magisterio y de gobierno. En términos civiles se podría decir que es un foro de encuentro y de reflexión. El Sínodo es solo consultivo. Sus debates suelen durar unas tres semanas y concluyen con el voto de un documento final de sugerencias al Papa. No es decisorio, pero es importante, pues ayuda a entender a fondo el tema tratado.


La basílica y la plaza de San Pedro: el Pueblo de Dios Como todos sabemos, ni la basílica ni la plaza de San Pedro forman parte de la Curia vaticana. Sin embargo, constituyen un espacio litúrgico y catequético de gran importancia para la tarea del Papa. La basílica de San Pedro es el lugar de la adoración colectiva y solemne durante el culto. En la lógica interna del cristianismo, es el espacio más importante de todo el conjunto de edificios y, por ese motivo, el más grande y el que más se ve. Aunque la basílica de San Pedro sea la mayor del mundo,se queda pequeña muchas veces al año, y en esos casos la misa se celebra en la plaza de San Pedro, donde se suele rezar en Ángelus o donde los miércoles se celebra la audiencia general a los peregrinos.


La tempestad y la calma, cada día


En la mitad del globo, ahora es de noche. Y en la otra mitad, de día. Si en el hemisferio Norte es verano, en el Sur es invierno. En cada momento hay, a lo largo del planeta, lugares bajo un sol abrasador y otros bajo tormentas de nieve.


El líder espiritual de mil trescientos millones de católicos repartidos por todo el mundo nunca tiene «un día sano», pues en cada jornada llegan muchas noticias malas y otras muchas buenas. Cada día hay pasos adelante en unos temas y pasos atrás en otros. Para el Papa no hay periodos de tempestad y periodos de calma. Cada día es una mezcla de ambas, en dosis distintas.


Siempre he admirado la capacidad de los sucesivos Papas de no dejarse abrumar o aplastar por los disgustos. Trabajan con serenidad en su despacho, rezan con esperanza en su capilla y reciben con amabilidad a sus visitantes.


A comienzos de la tercera década del siglo XXI, el Papa tenía que lidiar con dos grandes problemas internos —los abusos de menores y la corrupción económica— y cuatro embates de base tecnológica: los efectos negativos de la globalización, las redes sociales, la robotización y el transhumanismo.


Abusos sexuales: sin reparación no habrá paz


El siglo XX fue el de las grandes persecuciones contra el cristianismo, especialmente en la Unión Soviética y los países comunistas. Pero Benedicto XVI advirtió de otro peligro en el siglo XXI: —Hoy vemos de modo aterrador que la mayor persecución de la Iglesia no viene de los enemigos externos, sino que nace del pecado dentro de la Iglesia. Y que la Iglesia necesita profundamente aprender de nuevo la penitencia, aceptar la purificación, aprender de nuevo el perdón y también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye a la justicia .


Era una referencia clara y espontánea al gigantesco pecado de los abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes y religiosos. El escándalo había estallado en Estados Unidos en mayo de 1985 cuando el periodista Jason Berry sacó a la luz los abusos cometidos por un sacerdote de Luisiana y su encubrimiento por parte de la diócesis de Lafayette. Al cabo de veinticinco años, la respuesta de los obispos de Estados Unidos y del Vaticano seguía siendo insuficiente, egoísta e injusta respecto a decenas de miles de víctimas. El encubrimiento de los abusos por parte de los obispos, el maltrato psicológico a las víctimas que los denunciaban —una segunda tortura—, la resistencia a pedirles perdón y la negativa a proporcionarles una ayuda médica y económica que era de estricta justicia fueron destruyendo la confianza de los fieles y del público en general en la Iglesia católica en una nación tras otra.


En febrero de 2019, la primera cumbre de presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo, reiteró lo que ya había indicado Benedicto XVI en su extensa carta de 19 de marzo de 2010 sobre este vergonzoso problema. Había que dar la prioridad a las víctimas: escucharlas, pedirles perdón, ofrecerles ayuda, etc., en lugar de seguir mintiendo a la opinión pública y negando unas indemnizaciones económicas que eran de pura justicia frente a tantas personas cuyas vidas habían sido destrozadas.


Sin el esfuerzo por reparar en lo posible el daño causado no hay perdón divino y no puede haber paz. Solo hipocresía. A partir de aquella cumbre de presidentes en febrero de 2019, algunas conferencias episcopales, como la de México, cambiaron radicalmente de actitud y pusieron en práctica enseguida mecanismos de prevención y servicios de ayuda a los damnificados. Otras siguieron mintiendo y negándose a ayudar a las víctimas, algo así como ladrones que se negasen a restituir lo robado. Repetían el desastroso ejemplo de los obispos de Chile, cuya dimisión colectiva en bloque había tenido que forzar el papa Francisco en 2018 para dejar muy clara, a la vista del episcopado mundial, la gravedad de su negligencia.


Curiosidades • La Santa Sede forma parte de Naciones Unidas, pero no como «Estado miembro», sino como «observador permanente», un estatuto especial que le permite participar en los debates y ser miembro de pleno de las agencias especializadas que le interesen. • A comienzos de los años veinte del siglo XXI, el número total de obispos rondaba los cinco mil cuatrocientos, pues las diócesis grandes cuentan con varios obispos auxiliares. • La Iglesia está compuesta en su 98,9% por fieles laicos, hombres y mujeres de a pie frente al 1,1% que representa el conjunto de sacerdotes, religiosos y religiosas. • A comienzos de los años veinte del siglo XXI, el número total de sacerdotes era de unos 414.000, sumando los 282.000 diocesanos y los 132.000 religiosos. • A comienzos de la tercera década del siglo XXI, los religiosos varones ascendían a 183.000. Las religiosas eran muchísimas más: 648.000, es decir, más del triple. • La Guardia Suiza, el ejército del Vaticano, es el más pequeño del mundo, formado por solo ciento treinta y cinco soldados. • Los Museos Vaticanos reciben siete millones de visitantes anuales. Es el cuarto museo más visita del mundo después del Louvre, El Museo Nacional de China y el Metropolitan Museum de Nueva York. • La Santa Sede no puede vender ni regalar ninguna pieza de sus museos por los Pactos Lateranenses. • La Biblioteca Vaticana es la 2ª más antigua del mundo, después de la del monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí (desde el siglo VI). • La Santa Sede tiene relaciones diplomáticas con 183 Estados, la Unión Europea y la Orden de Malta. Los 185 embajadores acreditados son el cuerpo diplomático más numeroso después de Washington.



Sobre el autor


Juan Vicente Boo (A Pobra do Caramiñal, La Coruña, 1954) es corresponsal del diario ABC en el Vaticano desde hace veintidós años. Ha trabajado durante 13 años como corresponsal en Bruselas y Nueva York, con un breve paréntesis en Hong Kong. Es ciudadano honorario de Little Rock, Arkansas.


Su trabajo como corresponsal en el Vaticano combina la cercanía diaria al Papa con la perspectiva mundial de economista y periodista veterano especializado previamente en defensa y política exterior. Licenciado en Ciencias Económicas y graduado de la Academia Militar de Intendencia, es miembro del Colegio de Economistas de A Coruña y del U.S. Naval Institute. En el terreno académico ha sido director del Colegio Mayor La Estila de la Universidad de Santiago de Compostela (1979- 1982) y profesor adjunto de Ética y Legislación de Prensa en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma (2000-2004).


Juan Vicente Boo ha sido promotor y consejero delegado de la agencia televisiva internacional Rome Reports, donde impulsó documentales de referencia mundial como Benedicto XVI: La aventura de la verdad. Su tarea profesional le ha llevado a cubrir conflictos como el golpe de estado y la posterior invasión de Haití o la guerra del Kosovo. Ha estado en países en crisis como Bosnia Herzegovina, Georgia, Sri Lanka o la República Centroafricana. Pero, sobre todo, su tarea le ha permitido volar con los tres últimos papas —Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco— en más de sesenta viajes internacionales. Ha trabajado en más de setenta países y ha sido galardonado con el Premio ¡Bravo! de comunicación de la Conferencia Episcopal Española.


Ha escrito los libros “El Papa de la alegría”, “Píldoras para el alma” y "33 claves del papa Francisco".


@juanvicenteboo

 

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