EL REY DEL PERÚ, de Juan Pedro Cosano, rebelión, pasión y epopeya en la desconocida vida del conquistador Gonzalo Pizarro

 

Editorial Planeta. 656 páginas

Tapa dura con sobrecubierta: 19,90€ Electrónico: 8,99€


Juan Pedro Cosano presenta una novela con un episodio poco conocido de esa epopeya: la aventura de Gonzalo Pizarro, hermano menor de Francisco, bastardo como él y que lo acompañó en su expedición a América en 1531, principio de la conquista del Perú.


Tras el brutal asesinato del conquistador Pizarro por un grupo de españoles en torno a Diego de Almagro en 1541, Gonzalo encabezó una facción rebelde, enfrentada a la Corona y con el propósito de hacerse con el dominio de  los riquísimos territorios incaicos recién dominados. La historia está contada desde el punto de vista de su amante, la dama Nayaraq (nombre que en quechua significa «la que tiene muchos deseos»), testigo del fin de un mundo y del principio de otro.


Afirma Juan Pedro Cosano que "Mucho se ha escrito acerca de la conquista española del Perú, de la que pronto se cumplirán quinientos años, y no son las páginas de mi novela las apropiadas para desentrañar sus causas, significado y consecuencias. Lo que está claro es que en toda historia humana coexisten la miseria y la grandeza.


La llegada de los españoles al Tahuantinsuyo supuso, evidentemente, la desaparición del imperio Inca, con una cultura tan sugerente como idealizada. Había grandeza en esa civilización: su concepción del mundo, sus leyes, el imponente camino real, el Sacsayhuamán, la magnificencia del Cuzco, su capital imperial, sus templos, el Coricancha, el Acllahuasi, Machu Picchu... También miserias: desconocían la escritura, la rueda, la moneda, practicaban el sacrificio humano y sus tácticas bélicas eran primitivas; estaban gobernados por una monarquía absolutista y teocrática en la que el Sapa Inca era el representante del dios en la tierra: el Intichuri, el hijo del sol.


No se puede comprender la conquista sin tener en cuenta un factor esencial: la crueldad mostrada por d mostrada por los incas sobre los pueblos conquistados, sin cuya ayuda la dominación española tampoco habría sido posible. Dada la inconmensurable desproporción numérica (unos cientos de españoles frente a cientos de miles de guerreros incas), de nada habrían valido las armas de fuego, los caballos y los perros de guerra si Pizarro y los suyos no hubiesen contado con la ayuda de muchos pueblos del Incanato que vieron en los castellanos a sus libertadores.


También en la gesta española, que ha de ser interpretada en el contexto de su época, conviven la miseria y la grandeza. Llevamos al Perú la cultura europea, los adelantos científicos y técnicos del Viejo Continente, el trigo, la vid, el olivo, la lengua, iglesias y universidades. Y, al contrario que otros muchos países hicieron en América (como ingleses y franceses, que se limitaron a exterminar a los pueblos indígenas, pese a lo cual han sido mucho mejor tratados que España), nos mezclamos con los nativos dando lugar a una nueva raza, a una nueva cultura, al mestizaje, al Nuevo Mundo del que se habla en la novela y del que el ficticio hijo de Gonzalo Pizarro y Nayaraq, los protagonistas, podría ser adecuado exponente.


Llevamos también, es por supuesto cierto, nuevas enfermedades, y sangre, y destrucción, signos inevitables en la unión de dos civilizaciones. Miserias y grandezas, así es la vida. En esta novela, por decisión personal de su autor, predominan las segundas sobre las primeras. Es más hermoso, a mi humilde criterio, lo que nació que lo que se perdió."


Mientras nos acercamos al quinto centenario de la conquista del Perú, Juan Pedro Cosano presenta una novela con un episodio poco conocido de esa epopeya: la aventura de Gonzalo Pizarro, quien, tras el asesinato de su hermano Francisco, deseoso de vengarlo, encabezó una facción rebelde, enfrentada a la Corona y con el propósito de hacerse con el dominio de los riquísimos territorios recién conquistados.


Sin embargo, no será Gonzalo ni ningún otro cronista de Indias el que nos narre esta historia, sino la dama inca Nayaraq, testigo del fin de un mundo y del principio de otro.


Un ambicioso y documentadísimo fresco de los primeros años de la Conquista, un acercamiento a la fascinante cultura inca, la crónica de una aventura colosal donde concurren todas las pasiones humanas: la ambición, el odio, la guerra,el amor, la creación de un nuevo mundo... El retrato de una gesta memorable en la que apenas un puñado de hombres se hicieron con un imperio.


La novela se divide en un prólogo y tres libros. El prólogo y el libro primero, Los dos mundos, están narrados por dos voces distintas: una en tercera omnisciente, que sigue las peripeciasde los hermanos Pizarro y de otros personajes fundamentales de esta historia; y otra en primera, la voz de Nayaraq, a través de la cual conocemos la vida de los incas y su reacción a la llegada de los hombres blancos. El libro segundo, La dama inca, está narrado en solitario por Nayaraq y nos ofrece su visión de la conquista del Perú y del fin del imperio inca. El libro tercero, El rey del Perú, recupera las dos voces —en primera y tercera— para resumir los hechos que condujeron a Gonzalo Pizarro al patíbulo.


La vida y las aventuras de Gonzalo Pizarro Alonso —junto a sus hermanos y en solitario— articulan la novela en un hilo cronológico que se inicia,de forma impactante, por su dramático final. Juan Pedro Cosano muestra su habilidad como contador de historias al engarzar dos narraciones para formar un único y apasionante relato:la epopeya de un puñado de hombres que conquistaron un imperio.


Con el uso de una tercera persona omnisciente, el autor nos sumerge en la acción. Conocemos a los principales personajes, somostestigos de sus relaciones,de las intrigaspalaciegas, de sus enfrentamientos personales y de su lucha por sobrevivir no solo a un medio hostil, sino tambiéna los complots urdidos al calor de la equívoca promesade unas riquezas inagotables. También sentimos sus penurias enlas selvas y en los páramos desiertos, el miedo antes delcombatey la adrenalina de unas batallas en las que solo la victoria les garantiza poder seguir con vidaun día más.


Con el relato en primera persona de Nayaraq, Cosano consigue varios objetivos quedotan a El rey del Perú delalientode lagran épica. Através de la miradainteligente de la princesa incaconocemosel otro punto de vista, el delos derrotados, el delos señoresque pasan a ser siervospor culpa de los viracochas—el apelativo quelos incas dieron a los blancos—.


Otro de los objetivos de la narración de Nayaraq en primera persona es la de mostrarnos al ser humano tras el héroe. Sin máscaras, sin artificios. Gonzalo, implacable en el campo de batalla y atrevido en la negociación política, es un personaje al que el autor dota de volumen psicológico. La relación que mantiene con su amante inca lo desnuda física y emocionalmente.


A estas alturas de su carrera, la obra narrativa de Juan Pedro Cosano muestra unas características propias, un estilo inconfundible que abarca tanto la forma como el fondo. En El rey del Perú se presenta con toda su maestría y sutileza: la creación de unos héroes con volumen emocional,la riqueza de la lengua y la agilidad de los diálogos, la minuciosa construcción de los escenarios y de los ambientes, y el dominio absoluto del suspense.


Juan Pedro Cosano es un formidable constructor de diálogos. En El rey del Perú nunca son superfluos y aportan siempre una información que hace crecer a los personajes y ayuda a situar al lector en el corazón del relato.


Además, juega con su extensión y ritmo, y los dota de una innegable verosimilitud, de forma que diferenciamos matices como el respeto de los hermanos Pizarro por Francisco y la complicidad entre ellos, el temor de los súbditos ante el emperador inca o ante los representantes del rey Carlos I, la animosidad entre castellanos e incas, y hasta los recelos que presiden las relaciones entre los distintos grupos de poder en uno y otro bando.


Cosano utiliza un vasto vocabulario, con numerosas expresiones de la época, que cubre todos los registros, desde el castellano más popular y,si se nos permite, tabernario, hasta el culto cuasiflorentino de la esgrima dialéctica de los nobles, la Iglesia y la corte del rey. A la riqueza propia de una lengua que vivía su Siglo deOro, suma el autor los términos indios que, poco a poco, los conquistadores incorporaron a su habla.


La descripción de la vida de los incas y de sus relaciones sociales está plagada de términos en quechua cuyo significado aporta una mayor riqueza a la narración. En el dibujo de los personajes, el autor juega también con el significado de los nombres, sobre todo el de los indígenas.


De la importancia que la lengua tiene en la novela nos da una idea una metáfora brillante: Nayaraq posee el don de lenguas, lo que le permite ser uno de los escasos puentes entre los dos mundos que se enfrentan a muerte.


La inmensa labor de documentación se convierte, en las novelas de Cosano, en pura realidad. Los escenarios están descritos con minuciosidad y cercanía: podemos verlos, sentirlos, tocarlos, olerlos… Las casas, los palacios, las calles, las selvas, los desiertos adquieren una corporeidad muy poco habitual en las novelas históricas. No hay en Cosano una simple voluntad divulgadora, sino que pretende sumergir, al lector en la época. Ésa es una de sus grandes aportaciones. Como buen jerezano, Juan Pedro Cosano está muy atento a la bebida y a la comida, que juegan siempre un papel importante en la historia. Pero no sólo eso. Le gusta que la vida cotidiana se vea reflejada en la acción, que los personajes se muevan en escenarios realmente creíbles y que su comportamiento —y sus pecados— responda también a criterios históricos.


Desde el primer momento, los lectores conocemos el destino del protagonista de El rey del Perú, Gonzalo Pizarro, y,sin embargo, Juan Pedro Cosano es capaz de mantenernos en tensión hasta la última página. ¿Qué sucedió para que un héroe como Pizarro acabase bajo el hacha del verdugo? ¿En qué trágicas circunstancias murieron sus hermanos Francisco y Juan, a los que recuerda antes de subir al cadalso? ¿Por qué los verdugos desmembraron a su amigo Francisco de Carvajal y dispersaron sus miembros por los principales caminos del Perú? ¿Quién era la princesa inca que lloraba su muerte y qué papel jugó en el drama?


El REY DEL PERÚ es, en definitiva, una mezcla perfecta de aventura, historia, amistad y amor enmarcada en una excelente recreación de la vida cotidiana en la América del siglo XVI.


Sobre el autor


Juan Pedro Cosano (Jerez, 1960) es titular del bufete jurídico Cosano y Asociados, S.L.P., en Jerez de la Frontera, aunque desarrolla su actividad por todo el territorio nacional. Autor de varios libros, recibió en 2014 el Premio Abogados de Novela por El abogado de pobres (MR). En 2015 publicó Llamé al cielo y no me oyó, la segunda entrega de las peripecias de Pedro de Alemán, y en 2017 la tercera, Las monedas de los 24. También es autor del melodrama La fuente de oro (2016), ambientado en el mundo bodeguero de Jerez en los años 30 y 40.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Manel Loureiro sorprende con LA PUERTA, un thriller ambientado en la misteriosa y legendaria Galicia

Marcos Chicot, el autor de “El asesinato de Sócrates” regresa con una extraordinaria novela sobre Platón, el filósofo más influyente de la historia occidental

ARROCES ÉTNICOS Y ROCK VALENCIANO, LA APUESTA DEL TASTARRÒS PARA LA TARDE DEL SÁBADO